El espejismo de las «zanahorias»
El reciente análisis del U.S.-Cuba Trade and Economic Council (CubaTrade), publicado en marzo de 2026, intenta vender una narrativa tan vieja como fallida: la de que un nuevo mandato de Donald Trump, gracias a su supuesta «elasticidad», logrará lo que Obama y Biden no pudieron: «corregir» la relación con Cuba mediante una mezcla de incentivos comerciales y presión estratégica.
La propuesta se disfraza de pragmatismo, se viste con el lenguaje corporativo de «cuentas corresponsales» e «inversión directa», pero tropieza una vez más con una realidad que CubaTrade elige ignorar sistemáticamente: Cuba no negocia su soberanía. Detrás de ese aparente realismo de mercado se esconde el mismo desconocimiento histórico y la misma arrogancia política que han condenado al fracaso a seis décadas de política hostil de Estados Unidos contra la Isla.
Pero hay algo más profundo que CubaTrade no logra comprender —o prefiere ocultar—: el verdadero objetivo de la administración Trump y sus halcones ultraconservadores, encabezados por Marco Rubio, no es un «pragmatismo comercial». Es tomar el control de la economía y las finanzas de Cuba para, desde ahí, doblegar su voluntad política. Es la misma jugada ensayada en Venezuela: asfixiar económicamente, penetrar los resortes financieros, crear una dependencia que eventualmente se traduzca en sumisión política.
El verdadero objetivo: controlar la economía para dominar la política
Al inicio de esta nueva ofensiva contra Cuba, los estrategas de Trump plantearon un discurso calculado: tomar el control de la economía cubana y dejar «intacto» el sistema político. Una trampa que, bajo una falsa apariencia de «moderación», pretendía desarmar la resistencia nacional. La lógica era perversa pero transparente: quien domina la economía tiene el poder político. En Venezuela aplicaron el mismo método —bloqueo financiero, sanciones selectivas, intentos de control sobre los activos externos— con el objetivo final de generar un cambio de régimen sin necesidad de una invasión directa.
Sin embargo, con Cuba el engaño no funcionó. No solo porque la Revolución tiene más de seis décadas de experiencia resistiendo, sino porque la reacción adversa dentro de los propios sectores ultraderechistas anticubanos de Miami los obligó a rectificar. El odio visceral hacia la Revolución les impidió ver que aquel discurso de «dejar intacto el sistema político» era solo una cortina de humo para confundir a la opinión pública interna y evitar conmociones sociales prematuras. La ultraderecha miamense prefirió quemar la máscara antes que aceptar cualquier narrativa que no incluyera la destrucción explícita del proyecto cubano.
Ahí radica la primera gran contradicción que CubaTrade no logra resolver. En una parte de su análisis citan a Marco Rubio hablando de la necesidad de «cambiar el sistema político y a los que dirigen el país». Pero más adelante, con una liviandad pasmosa, aseguran que para el gobierno cubano aceptar los cambios que ellos exigen «no es un problema existencial». Esa es una paradoja irresoluble: o se exige el cambio del sistema (como hace Rubio) o se pretende que Cuba ceda en lo económico sin tocar lo político. Ambas cosas no pueden ser ciertas al mismo tiempo, a menos que se esté construyendo una realidad paralela para engañar.
Lo que ocurre es que CubaTrade leyó mal el guión que le dieron. Ignoraron que, ante la resistencia cubana y la presión de los sectores más recalcitrantes de Miami, la administración Trump abandonó cualquier pretensión de disfrazar sus intenciones. Hoy la estrategia se muestra sin maquillaje: bloqueo máximo, asfixia financiera total y exigencia explícita de rendición política.
Primera falla: El mito del «pragmatismo» que nunca existió
CubaTrade presume que Trump puede ser «pragmático» con Cuba. Pero el pragmatismo se mide por hechos, no por especulaciones. El historial de Trump entre 2017 y 2021 es elocuente: lejos de la apertura, impuso 240 medidas de endurecimiento que asfixiaron a la economía cubana y buscaron destruir los puentes de entendimiento.
El análisis de CubaTrade «olvida» convenientemente que:
– Trump revirtió todas las aperturas de Obama y llevó las relaciones al punto más bajo en décadas.
– Activó el Título III de la Ley Helms-Burton, una legislación de corte colonial que viola el derecho internacional.
– Redujo la embajada en La Habana a un acto de provocación diplomática.
– Impuso límites draconianos a las remesas familiares y los viajes, castigando a los propios cubanos.
¿Dónde quedó entonces la «elasticidad» que CubaTrade promete para 2025-2029? El análisis padece de amnesia selectiva: idealiza el futuro ignorando la evidencia aplastante del pasado.
Segunda falla: La asimetría de poder y la soberanía en juego
El texto de CubaTrade parte de una premisa absurda: que Cuba puede o debe «ceder» ante la presión económica sin costo político interno. Esta visión ignora por completo la esencia de la Revolución Cubana.
La resistencia no es un slogan para el pueblo cubano y su gobierno; es una estrategia de supervivencia forjada en 65 años de hostilidad. Ceder ante las demandas de Trump —incluso en temas «técnicos» como la banca— no sería un ajuste económico, sino un acto de rendición política que desarmaría ideológicamente a la nación.
CubaTrade comete el error de proyectar la lógica de una junta corporativa sobre una nación que ha construido su identidad en la defensa de su autodeterminación. Los cubanos no solo entienden las oportunidades comerciales; entienden algo que el lobby del comercio no puede procesar: para Cuba, cualquier apertura condicionada por Washington es una afrenta a su dignidad.
Tercera falla: El «sector privado» como caballo de Troya mediático
El artículo apuesta todas sus fichas al «sector privado re-emergente» cubano. Esta es quizás su falacia más peligrosa y desconectada de la realidad.
Las MIPYMEs cubanas (micro, pequeñas y medianas empresas) no son un actor político independiente ni una «quinta columna» esperando instrucciones del Norte. Operan dentro del marco legal de la nación, donde el Estado garantiza el equilibrio económico y la estabilidad social. Pretender que la inversión extranjera en este sector fortalecerá una «clase empresarial independiente» es un análisis de manual de la Guerra Fría.
Invertir en Cuba, como propone CubaTrade bajo la lógica del «pragmatismo trumpista», no debilita al Estado; lo que haría sería someter a los emprendedores cubanos a la lógica depredadora del capital especulativo extranjero. Cuba ya ha demostrado que su modelo económico se perfecciona desde adentro, sin imposiciones externas.
Cuarta falla: La fantasía legal de la «transición»
El texto sugiere que Trump puede «definir y redefinir» unilateralmente qué constituye un «gobierno de transición» para suspender el bloqueo. Esto no es pragmatismo; es desconocimiento jurídico elemental.
La Ley Helms-Burton (1996), la misma que CubaTrade minimiza, es una norma de rango casi divino para la derecha estadounidense, y establece requisitos inamovibles para cualquier «transición»: desde la restitución de propiedades expropiadas (muchas de ellas en manos de familias cubanoamericanas) hasta la desaparición del sistema político cubano. Trump no puede «redefinir» esto por decreto sin desatar una guerra legal en su propio país. CubaTrade confunde el ruido mediático con la capacidad de acción real.
Quinta falla: El costo de oportunidad y la pérdida de influencia de EE.UU.
El análisis nunca se pregunta: ¿Qué gana Estados Unidos con esta estrategia obsoleta? Mientras Washington se enreda en el juego de presionar a una isla de 11 millones de habitantes, el mundo avanza sin ellos.
– China consolida su presencia en infraestructura clave en Cuba, con proyectos en energías renovables y telecomunicaciones.
– Rusia fortalece la cooperación técnica y militar.
– América Latina y el Caribe observan con escepticismo a una potencia que insiste en aplicar políticas fracasadas del siglo XX mientras la región demanda respeto y relaciones de igualdad.
CubaTrade propone una política que aísla a EE.UU. en el hemisferio, agotando recursos diplomáticos en una batalla que ya está perdida.
La contradicción mayor: ignorar la realidad para construir una paralela
Todo el análisis de CubaTrade adolece de un vicio de origen: ignoran la realidad objetiva y construyen otra paralela, alejada de los hechos, para crear en la mente de las personas una percepción distorsionada favorable a sus intereses. No les importa incurrir en contradicciones evidentes, como la que existe entre citar a Rubio exigiendo un cambio de sistema y luego afirmar que Cuba podría aceptar reformas económicas sin costo existencial.
Esa manera de operar —despreciar la realidad y sustituirla por una narrativa de conveniencia— es una de las características principales de la administración Trump y sus principales representantes. Por eso, parafraseando el título de aquella famosa película, podemos decir que aquí hay una mano que mueve la cuna. Una mano que intenta manipular los análisis, los medios y las percepciones para allanar el camino a la agresión económica, confiando en que la repetición constante de la mentira terminará por confundir a la opinión pública.
La conclusión inevitable: Repetición del fracaso
El análisis de CubaTrade no es un ejercicio de inteligencia política; es una pieza de *lobbying* corporativo envuelta en tecnicismos comerciales, escrita por quienes saben de aranceles pero demuestran ignorar —o deliberadamente ocultan— la realidad política cubana.
La historia ha dejado sentencias claras:
– Eisenhower/Kennedy (presión máxima): Crisis de los misiles.
– Reagan/Bush (presión máxima): Éxodo del Mariel y crisis migratorias.
– Clinton (engagement limitado): Acuerdos migratorios que no alteraron el sistema.
– Obama (apertura): Normalización parcial que el propio Trump destruyó.
– Trump I (presión máxima): Fracaso estrepitoso en doblegar a la Revolución.
El patrón es irrefutable: la presión no debilita al régimen, fortalece la unidad nacional. La apertura parcial no transforma a Cuba, porque Cuba no negocia su esencia.
Propuesta desde la realidad: Respeto, no condicionalidades
Si algún sector en EE.UU. busca resultados concretos, debe abandonar la obsesión de 65 años por el «cambio de régimen». Una política realista y respetuosa implicaría:
1. Levantar el bloqueo económico, comercial y financiero, el principal obstáculo para el desarrollo de Cuba.
2. Desvincular la migración de la política hostil: acuerdos migratorios que respeten la dignidad de las personas.
3. Cooperación sin condicionalidades: en lucha contra el narcotráfico, desastres naturales y terrorismo.
4. Restablecer relaciones diplomáticas basadas en el respeto mutuo, sin intentos de injerencia.
Esto no es ser «blando»; es ser inteligente. Es aceptar lo que CubaTrade se niega a reconocer: Cuba existe, resiste y seguirá su camino, sin tutelas ni imposiciones.
Epílogo: El costo de las ilusiones
CubaTrade termina su análisis citando la Biblia: «El Señor da y el Señor quita». Un tono mesiánico que revela la fe ciega en el excepcionalismo estadounidense. Confían en que Trump, como una deidad política, logrará lo que sus antecesores no pudieron.
La ironía es que esa fe en el «pragmatismo trumpista» es lo menos pragmático que existe. Ignora la evidencia, ignora la historia, ignora la voluntad inquebrantable de un pueblo.
En 2029, cuando el segundo mandato de Trump termine —o antes—, Cuba seguirá ahí. La Revolución Cubana seguirá en pie. Y CubaTrade seguirá publicando análisis sobre las «oportunidades» perdidas. Mientras tanto, la Isla seguirá construyendo su futuro con la certeza de que la dignidad no se negocia.
El pragmatismo verdadero comienza donde termina la fantasía de la sumisión.