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Donald J. Trump, su estrategia, la historia y la llamada “Teoría del Loco”

Su estrategia

Donald J. Trump ahora se muestra como una persona impredecible y que puede lanzarse con furia contra todos aquellos que se interpongan en su camino. Con esa forma de actuar lo que está logrando es generar mucha incertidumbre, crear una plataforma de dirección y debate, cuya posible misión sea la de influir sobre la fuerza principal que gobierna en los Estados Unidos; los llamados WASP (blancos, protestantes anglosajones), y todos los demás actores que cuentan con poder real para que cambien de casaca y logren evadir al Complejo Militar Industrial —Congreso— y la Comunidad de Inteligencia, sacando el mayor provecho en términos de negocios e influencias.

Es adoptar la cara pública para ir introduciendo cambios que tienen antecedentes históricos desde el nacimiento de esa nación, pero que nunca habían coincidido ni con el escenario actual, ni con la suma de características personales que él representa, en cuanto a influencia y poder indisputado.

Es como si proyectara la creación de un nuevo Partido, para salirse del debilitado Partido Republicano; y quizás hasta intentar proyectarse hacia una nueva reelección al término del actual mandato, lo que significaría una flagrante violación de la Constitución o la modificación de esta, como sucedió con Franklin Delano Roosevelt  en medio de la Segunda Guerra Mundial.

La historia

En 1790 se habían desarrollado diferentes opiniones sobre cuál sería el camino más adecuado para el nuevo país y los que coincidían en sus criterios se agrupaban a fin de obtener un mayor apoyo para su causa. Consideraron que sus intereses cada vez se separaban más y por lo tanto, cada cual deseaba tener a su representante en la Presidencia.

George Washington y el Partido Federalista representaban a los sectores de mayor poder económico y a los del norte del país.

Thomas Jefferson, tuvo serias diferencias y creó un nuevo Partido que denominó Demócrata-Republicano y que representaba los intereses de los denominados trabajadores, los artesanos, los dueños de los pequeños negocios y su base de apoyo principal estaba en el sur y el oeste.

Ese antecedente histórico de creación de un nuevo Partido, lo ocasionó Thomas Jefferson en 1797, rompiendo con el Partido Federalista que llevó a George Washington como presidente de Estados Unidos, cuyas figuras principales fueron John Quincy Adams como vicepresidente y Thomas Jefferson como secretario de estado.

Jefferson obtuvo la presidencia en 1801. Actuó con su nuevo partido utilizando algunas estrategias novedosas (en aquellos tiempos) creando una red de periódicos para hacer campaña permanente contra el gobierno de George Washington.

Gobernó hasta 1809; presidencia que el partido sostuvo por cuatro mandatos más con ese nombre que volvió a cambiar en 1829 y se quedó solamente con la denominación de Partido Demócrata.

No es hasta 1854 que surgió otro nuevo partido más bien heredado de los Federalistas de Washington y lo nombraron Republicano, que concurrió por primera vez a las elecciones presidenciales en 1856, pero perdió con los Demócratas.

En 1861 logran su primer triunfo con Republicanos con la figura de Abraham Lincoln que es reelegido en 1865 pero ante las disputas surgidas fue asesinado el 14 de abril de 1865 en el Teatro Ford, en Washington.

Desde 1869 hasta 1933, casi todos los presidentes de Estados Unidos fueron republicanos, porque solo hubo dos excepciones demócratas: Grover Cleveland en 1885 y Woodrow Wilson en 1913.

Las contradicciones antagónicas internas y la desmoralizada política de estos partidos y sus candidatos elegidos como presidentes, nos hacen recordar que durante la historia de ese país han sido asesinados durante su cargo cuatro mandatarios.

Más tarde, el 19 de septiembre de 1881 fue asesinado el republicano James A. Garfield. Casi veinte años después fue asesinado el presidente William Mc Kinley también republicano, muy conocido por los cubanos por su invasión a Cuba en 1898 y por su aprobación de la Enmienda Platt.

El último presidente en funciones asesinado fue John Fitzgerald Kennedy, el 22 de noviembre de 1963 en Dallas, Texas, también vinculado a la historia de Cuba por su responsabilidad en la humillantemente derrotada invasión de la Brigada de Asalto 2506 por Playa Girón.

Acciones de este tipo que caracterizan la degradación de estos gobiernos, han continuado como fue el “asesinato político” de Richard Nixon, republicano destituido en 1974 por mentirle al Congreso en el “Caso Watergate”.

Estuvo también el intento de asesinato a Ronald Reagan quien recibió dos impactos de bala en su cuerpo y el cuestionado intento reciente contra Donald J. Trump, todos enmarcados en rivalidades políticas surgidas entre facciones propias del sistema capitalista imperante.

La “Teoría del Loco”

Al igual que este proceso y sin olvidar la historia reciente y los antecedentes políticos, Trump proclama la llamada “Teoría del Loco”.

Algún tiempo antes que él, el presidente Richard M. Nixon estrenó esta teoría al punto de que muchos exclamaban: “No podemos contenerlo cuando está enojado, y tiene las manos en el Botón Nuclear”. Mensaje que le hizo pasar a las autoridades de Vietnam del Norte con el fin de hacerle creer que él sería capaz de cometer cualquier locura si no se rendían. A esta forma de actuar le llamaban la “Teoría del Loco”, pero fue algo que no resultó.

El actual mandatario Donald Trump, tiene una estrategia similar pero en lugar del denominado “Botón Nuclear” una de las principales tácticas que utiliza es el “Botón Arancelario”.

En una reunión que sostuvo antes de la campaña electoral con el Consejo Editorial del diario The Wall Street Journal, al referirse sobre qué pasaría si Xi Jinping hacía algo contra Taiwán, y si utilizaría la fuerza militar, Trump respondió: “no tendría que hacerlo porque él me respeta y sabe que estoy completamente loco”.

Durante su primer gobierno Trump usó la “Teoría del Loco” contra Corea del Norte, cuando advirtió que “respondería con fuego y furia” si el país liderado por Kim Jong Un amenazaba a los Estados Unidos.

En un artículo donde analiza mensajes del gobierno de Trump, el periodista Tom Bateman, corresponsal de la BBC en el Departamento de Estado, expresó que la incertidumbre en la política exterior puede ser algo deliberado por parte de Trump, en consonancia con la “Teoría del Loco”.

Jean Chretien, ex primer ministro canadiense en el diario The Globe and Mail de Canadá le expresó a Trump: “… de un viejo a otro ¡Sacuda la cabeza! ¿Qué le hace pensar que los canadienses renunciarían al mejor país del mundo para unirse a Estados Unidos?” (…)

“… también tenemos que entender que Trump no solo nos está amenazando a nosotros; también está apuntando a una lista cada vez mayor de otros países, así como a la propia Unión Europea, y esto es apenas el comienzo”. (…) “Canadá debería convocar una reunión de los líderes de Dinamarca, Panamá y México, así como a la presidenta de la Comisión Europea Úrsula Von del Leyen, con el propósito de formular un plan para luchar contra estas amenazas”.

El ex-primer ministro francés Dominique De Villepin en una reciente conferencia de prensa acusó a Trump de intentar “gobernar el mundo sin principios ni respeto” catalogándolo de “arrogante”.

Arabia Saudita también mantiene importantes deferencias con Donald Trump y Benjamín Netanyahu sobre el futuro de Gaza y los territorios palestinos.

Está latente la activa política de amenazas sobre América Latina con la presencia y actuación del Grupo Alianza del Pacifico y el Comando Sur quienes actualizan su estrategia.

Similar política neofascista, con avanzado desarrollo en África, nos retrotrae a su otro cercano antecedente: la Alemania de Hitler y el Nacionalismo, muy identificado con la consigna actual de “Hacer América Grande otra vez”.

¿No es similar esto a la proclamación de la Alemania nazi cuando declaró que sus desgracias residían en su falta de “espacio vital”?

Las doctrinas fascistas veneraban la voluntad del Fuhrer, la fuerza del Estado (como Trump ahora) y la utilización de la violencia para obtener y consolidar el poder político.

La filosofía de Friedrich Nietzsche facilitó ideas y consignas sobre el “triunfo de la voluntad” y el papel del “líder o superhombre”, como ahora Trump actúa con sus consignas y pronunciamientos.

Otro teórico del fascismo, el General K. E. Haushofer creador de la “doctrina de la geopolítica” que justificaba la supuesta necesidad de expansión alemana a partir de consideraciones geográficas; (como Tump ahora) con sus declaraciones sobre el Golfo de México, Panamá, Canadá, Groenlandia, Palestina, América Latina y los cambios obtenidos que prácticamente les ha devuelto a Estados Unidos la supremacía en América Latina.

El miedo entonces a la Revolución Rusa (bolchevique), resurge ahora contra Rusia y China que han nivelado nuevamente la correlación de fuerzas a escala mundial.

En aquellas circunstancias el fascismo se esforzó por conquistar a las masas desde abajo, como sucede con el aumento de la popularidad de Trump por su conducta, explotando los sentimientos nacionalistas y utilizando ampliamente la demagogia social. Ha logrado estructurar un amplio movimiento de masas (alrededor del 44% de la población), para crear un movimiento incondicional a sus políticas como el MAGA (Hacer a América Grande otra vez), y seduciendo a una parte considerable de la juventud, lo que quedó demostrado con el triunfo del voto popular.

Todas estas informaciones permiten presentar nuevos elementos en las redes sociales para profundizar en el fenómeno que está ocurriendo en los Estados Unidos y su proyección hacia el Mundo, que con los nuevos cambios en países de la Unión Europea tendentes al neofascismo, y su repercusión en otras áreas continentales, están provocando un cambio de valores y concepciones políticas en una nueva generación que no vivió esa etapa oscura de la humanidad.

Con este caldo de cultivo y lo que viene proyectando diariamente Trump no sería nada ajeno tratar de perpetuar su versión neofascista en una nueva organización política o un partido que trataría de conformar si al fin le fuera permitido una posible reelección.

Nuestro Apóstol José Martí en el diario “La Nación” de Buenos Aires en enero de 1887 expresó: “Esta, pues, la política de los Estados Unidos distribuida entre dos partidos, gastados, descompuestos en bandos sostenidos por celos personales y diferencias de ideas, y un partido naciente, demasiado nuevo y radical para que su advenimiento al poder pueda ser contado como factor inmediato, aunque ya sientan los partidos viejos en la espalda el látigo del que viene dando caza.”

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