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Cumplesueños II

A Fidel

El  entusiasmo de los días de la Sierra por su cumpleaños se convirtió en una fiesta que el pueblo decide celebrar siempre; y los motivos van más allá de la fecha de nacimiento, como bien escribiera el poeta Jesús Orta Ruiz: son más por cumplir sueños que por cumplir años.

Fidel, el de los 94, permitió con la Revolución la cultura para todos, la medicina, la libertad, la tierra, la sangre; ideó un movimiento deportivo con campeones admirados en todas las latitudes, y fue atleta a la par de ellos; hizo de la solidaridad un ejercicio cotidiano en un pueblo que no pierde la alegría ni la voluntad de avanzar a pesar de tener siempre al acecho al enemigo más poderoso: el imperialismo yanqui. Realizó el sueño de Céspedes, Martí, Gómez, Maceo, Guiteras y de todos  los que alumbraron nuestras luchas. Volvió felices los ojos de Abel, la poesía de Gómez García, la mirada de Tasende, llenó el mar de flores para recordar siempre a Camilo y presintió y recibió al Che, 30 años después de La Higuera; el que acompaña a Raúl y renueva compromisos de Ramiro y la tropa… Y es que en cada instante estuvieron todas las almas que impulsaron nuestras batallas, con la carga inmensa que significa conducir un país atacado por deseado, pero rebelde y libre desde que conoció su propia fuerza. Así, cada discurso suyo es denuncia, conversación, enseñanza, resolución y osadía. Ese es nuestro Fidel.

El Fidel que se anticipó a casi todas las batallas que por la vida libramos hoy; el que prefiguró un sistema de salud y un desarrollo de la ciencia para el pueblo, basado en la creatividad y el ingenio de los cubanos, en la propia táctica guerrillera de anticiparse al enemigo para poder hacerle frente y salir victorioso. Por eso transitan cada mañana las calles nuestros médicos no solo en Cuba, sino en cientos de calles del mundo, aliviando cuerpo y alma a todo el que lo necesite; así permanecen en salas intensivas, con las más altas medidas de seguridad, arriesgando sus vidas por las de otros; así en nuestros laboratorios día a día se combinan sudor y entrega a las más increíbles sustancias que puedan llegar a ser salvadoras.

Así hemos visto una juventud crecida como el Cauto en temporal, lanzada a todo lo que hace falta: la tierra, el hospital, el aula, el arte, el cañón, reportando, combatiendo en el nuevo mundo virtual de las redes, y también en el físico mundo… Una juventud a la altura de la Maestra, que arrostra orgullosa los sacrificios y el empeño de la consecuencia, soñando y batallando siempre con hacer no solo la patria que podemos, sino la que queremos; porque los revolucionarios, como bien afirmase él, podemos equivocarnos, pero lo que nunca podrán decir es que no fuimos leales a nuestros principios.

Ese es el hombre al que seguimos celebrándole cada día y cada centímetro de futuro que vamos ganando en nuestro propio Moncada… por las generaciones pasadas, las presentes y las venideras. Y es que vivir el tiempo de Fidel, ser hijos de este tiempo, envuelve para siempre en la mística de los barbudos de verde olivo que viven y vencen, y tomaron el corazón del pueblo en caravana de sueños. Por esos sueños, por los cumplidos, no podemos fallar. Por los que faltan, venceremos.

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