Más allá de la votación: por qué la resolución de la ONU contra el bloqueo es una victoria estratégica para Cuba

La resolución anual de la Asamblea General de la ONU no puede obligar a Estados Unidos a levantar el bloqueo. Pero su verdadero poder no está en la coacción legal, sino en la construcción de un consenso global que deslegitima la política de Washington, aísla diplomáticamente al agresor y moviliza a cientos de organizaciones en todo el mundo. Es una victoria de poder blando, acumulativa y multidimensional que opera en tres frentes: diplomático, jurídico y social.

La victoria anual de Cuba en la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU) contra el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos no se manifiesta en la capacidad directa de obligar al levantamiento de dicha medida. Su efectividad reside en una profunda transformación de la arena geopolítica donde se debate el asunto.

Se trata de una victoria de poder blando, construida sobre la base de un consenso abrumador que genera consecuencias tangibles en dos frentes interconectados: la construcción de una norma internacional que deslegitima el bloqueo y la aplicación constante de una presión diplomática que erosiona la posición del agresor. La resolución, aunque no vinculante, funciona como un mecanismo de legitimación y aislamiento sin precedentes en la historia moderna de la AGNU.

Dimensión 1: La diplomacia del consenso

El primer pilar de esta victoria diplomática es la creación de un precedente normativo a través de la repetición sistemática. Cada año que la resolución pasa, no solo se denuncia el bloqueo, sino que se afirma explícitamente que este constituye una violación de la Carta de las Naciones Unidas y del derecho internacional.

Este lenguaje no es meramente reiterativo; es normativo. Al afirmar que el bloqueo es una medida ilegal, la AGNU, con la adhesión de la gran mayoría de sus miembros, está sentando las bases para una posible evolución del Derecho Internacional Consuetudinario (DIC) .

Para que una práctica estatal se convierta en costumbre, debe cumplir dos requisitos:

  • Usus: práctica general y continua.
  • Opinio juris: la creencia de que esa práctica se realiza como un deber legal.

Las resoluciones de la AGNU, aunque no son la práctica misma, son consideradas indicadores clave de la opinio juris de los estados. La magnitud del consenso envía un mensaje inequívoco a la comunidad internacional sobre cómo perciben la legalidad del bloqueo.

La doctrina del «derecho blando»

La resolución actúa como una pieza fundamental de lo que se conoce como «derecho blando» . Estas normas aspiran a ser ley pero aún no son universalmente aceptadas como parte del derecho internacional vinculante. Su poder no radica en la coacción legal, sino en su influencia moral y política.

Al ser adoptada año tras año por casi todos los países del mundo, crea un mandato de facto que exige a Estados Unidos justificar sus acciones frente a un consenso global. Ignorar repetidamente esta voluntad expresada por la gran mayoría de la comunidad internacional es una estrategia que conduce rápidamente al aislamiento político.

Dimensión 2: El impacto jurídico-acumulativo

Si bien la dimensión diplomática opera en el ámbito de la opinión pública, su segunda capa de efectividad se encuentra en el dominio técnico del derecho internacional y su aplicación práctica en el sistema financiero global.

Refuerzo del marco legal existente

Múltiples estudios académicos y análisis jurídicos han concluido que el «embargo» estadounidense es ilegal bajo el derecho internacional. La resolución de la ONU no crea esta legalidad, sino que la ratifica y la publicita de manera periódica y formal.

Al declarar que el bloqueo viola la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional, la resolución funciona como un recordatorio constante y público de que el bloqueo carece de respaldo legal internacional. Este esfuerzo de validación colectiva es fundamental para posicionarse en futuras disputas legales.

La formación de una costumbre internacional

La repetición anual de la resolución genera un patrón de comportamiento estatal masivo que puede ser interpretado como evidencia de opinio juris. Cada voto a favor es una declaración tácita de que la práctica de imponer sanciones unilaterales coercitivas a gran escala viola un principio fundamental del orden internacional.

Si bien la formación de una costumbre es un proceso largo y complejo, este consenso abrumador proporciona un indicio poderoso de la dirección en que se mueve el derecho internacional. La resolución, por tanto, no solo describe la situación actual, sino que participa activamente en la configuración del futuro del derecho internacional relativo a las sanciones económicas.

El impacto sobre el sistema financiero global

En los últimos años, el gobierno de EE.UU. ha endurecido drásticamente el bloqueo mediante órdenes ejecutivas como la EO 14404 del 1 de mayo de 2026, que introdujo un nuevo régimen de sanciones secundarias basado en la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacionales (IEEPA).

Esta nueva regulación autoriza a imponer sanciones secundarias a instituciones financieras extranjeras (FFI) que realicen «transacciones significativas» con entidades cubanas designadas en sectores estratégicos. Las consecuencias para una FFI que incurra en esta prohibición son severas: puede ser privada de la capacidad de abrir o mantener cuentas corresponsales en Estados Unidos, lo que efectivamente la excluye del sistema financiero global dominado por el dólar.

Aquí es donde entra en juego la resolución de la ONU. Lejos de ser irrelevante, aumenta la exposición legal y reputacional de cualquier entidad financiera que participe en el bloqueo. Una FFI europea que considere realizar una transacción con una empresa cubana se enfrenta a una doble carga de riesgo:

  • Riesgo directo de sanciones de EE.UU. si la transacción se considera «significativa».
  • Riesgo reputacional derivado de colaborar con un actor cuya acción es considerada ilegal por la gran mayoría de la comunidad internacional.

La resolución de la ONU, al describir el bloqueo como una medida que viola el derecho internacional, presta una autoridad moral y legal a las críticas que puedan surgir contra dicha institución. Esto puede generar un efecto de enfriamiento, donde las empresas y bancos evitan transacciones con Cuba no solo por miedo a las sanciones de EE.UU., sino también por temor a ser percibidas como cómplices de una política internacionalmente cuestionada.

Dimensión 3: Catalizador de solidaridad global

La tercera y quizás más tangible dimensión de la victoria de Cuba radica en su función como un vehículo para la organización y la acción concreta a nivel mundial.

La resolución anual no es simplemente un resultado a esperar, sino un proceso dinámico que proporciona un calendario, un marco conceptual y una plataforma mediática para un vasto y diverso movimiento de solidaridad internacional. Actúa como un eje central en torno al cual convergen cientos de organizaciones de la sociedad civil —sindicatos, partidos políticos, movimientos sociales, ONGs y medios alternativos— para articular su denuncia del bloqueo.

Un calendario común para la acción

El uso estratégico de la fecha de la votación de la ONU como un momento de convergencia global es uno de los hallazgos más significativos. Organizaciones de diversos orígenes han sincronizado sus campañas con este evento anual:

  • #LetCubaLive: un movimiento internacional que agrupa a numerosas organizaciones y movimientos para denunciar lo que consideran una política de «asfixia económica». Utiliza la resolución como su punto focal, coordinando manifestaciones, marchas, reuniones informativas, eventos culturales y campañas de comunicación masiva.
  • National Network on Cuba (NNOC): planea una «Semana Mundial de Acción» que culmina con un «Día de Acción» específico, programado para coincidir exactamente con la votación de la ONU.
  • La Vía Campesina: una red global de movimientos de campesinos con presencia en más de 80 países, lanzó una «Campaña Mundial de Solidaridad: ¡Contra el Bloqueo! Solidaridad Campesina, Agroecología y Soberanía Alimentaria», con el objetivo de recaudar 250.000 euros en ayuda humanitaria para estimular la producción agroalimentaria en Cuba.

Una narrativa poderosa

Más allá de la coordinación de eventos, la resolución de la ONU desempeña un papel fundamental en la dinamización de la narrativa y la construcción de empatía. Proporciona un lenguaje y unos datos que permiten traducir una política abstracta y técnica en perjuicios concretos, dolorosos y fácilmente comprensibles para el público general.

Las campañas de solidaridad utilizan una retórica potente para describir el impacto del bloqueo, empleando términos como «asesinato lento», «genocidio» y «asfixia económica» . Estas palabras, aunque cargadas políticamente, tienen el efecto de humanizar la crisis y situar la responsabilidad directamente en las políticas del bloqueo.

Para sustentar esta narrativa, se difunden datos específicos y emotivos:

  • Cirujanos realizando operaciones a la luz de las pantallas de sus teléfonos móviles debido a los cortes de electricidad.
  • Incubadoras neonatales fallando durante los apagones.
  • Más de 100.000 pacientes en espera de cirugías, incluidos miles de niños.
  • Un sistema de salud incapaz de proporcionar tratamientos de primera línea a más de 118.000 pacientes con cáncer.

Presentar la crisis de esta manera hace que sea mucho más difícil para la opinión pública y los legisladores ignorar el sufrimiento humano causado por el bloqueo.

La campaña de presión de EE.UU.

La intensidad de la campaña diplomática lanzada por el gobierno estadounidense para contrarrestar la resolución es la prueba más contundente de que Washington percibe esta votación como una amenaza real y significativa.

Los medios documentan un esfuerzo desplegado por parte de la administración Trump, que incluyó:

  • Eventos con contrarrevolucionarios cubanos respaldados por EE.UU.
  • La participación de figuras como el director ejecutivo de Freedom House.
  • Una serie de amenazas directas a otros gobiernos : imposición de tarifas comerciales, negación de visados a funcionarios extranjeros y suspensión de la ayuda económica.

Las acusaciones cubanas, que describen estas tácticas como «coerción», «chantaje» e incluso «actos de terrorismo económico» , son consistentes con la percepción de una lucha geopolítica donde cada voto cuenta.

La guerra de desgaste diplomático

La estrategia de la recurrencia anual es crucial porque transforma la lucha de un evento puntual en una guerra de desgaste diplomático. El objetivo no es ganar una única batalla, sino aplicar una presión constante que erosionará gradualmente la posición del agresor.

Cada año que la resolución pasa por una mayoría aplastante, se gana un poco más de legitimidad, se incrementa la presión diplomática y se consolida un movimiento de solidaridad cada vez más fuerte.

Conclusión: una victoria multidimensional

La victoria anual de Cuba en la AGNU no es una victoria de carácter legal en el sentido tradicional de poder ser ejecutada por un tribunal. Es, en su lugar, una victoria política, estratégica y multidimensional, cuyo poder reside en la interconexión y el efecto acumulativo de sus diversas facetas.

Dimensión diplomática: Al lograr un consenso abrumador año tras año, la resolución construye un precedente normativo que deslegitima el bloqueo a ojos de la comunidad internacional y crea un mandato moral que aísla a Estados Unidos.

Dimensión jurídica y económica: La resolución refuerza la postura legal de Cuba, aumenta la exposición reputacional de cualquier entidad financiera que participe en el bloqueo y actúa como un multiplicador de la presión económica.

Dimensión social y de movilización: La resolución funciona como un eje central que organiza y da forma a un vasto movimiento de solidaridad internacional, proporcionando un calendario común, una plataforma central y una narrativa poderosa.

En definitiva, la victoria de Cuba es una victoria de estrategia y paciencia. No depende de un único golpe decisivo, sino de la constancia y la recurrencia anual. La «victoria no vinculante» es, en realidad, una victoria efectiva porque opera en múltiples niveles, transformando la opinión pública, moldeando el derecho internacional emergente y movilizando a millones de personas en todo el mundo.