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El bloqueo de EE.UU. es real y criminal

Parece increíble que un bloqueo despiadado y cruel de una gran potencia contra un pequeño y subdesarrollado país perdure en el tiempo por más de 60 años. El 77 Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas será testigo de la ocasión número 30 en que se someterá a votación una Resolución que lo condena. En todas las anteriores, el rechazo fue manifestado por la inmensa mayoría de los Estados miembros.

Al respecto, en la última etapa se destaca el incremento del daño económico y financiero que significa este engendro para Cuba y el sostenimiento de casi la totalidad de las 243 medidas adicionales aplicadas por el gobierno del excéntrico republicano Donald Trump y que el demócrata Joe Biden mantiene en pie.

¿Por qué retomo el tema? Constantes publicaciones y comentarios siguen negando su existencia y presentando las actuales carencias y dificultades como consecuencias de la ineficiente gestión del gobierno y por la inviabilidad del sistema socialista.

Es cierto que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Por tal motivo, realmente no vale la pena perder tiempo con los individuos que así piensan.

Pero no se trata de ellos, sino de quienes se acercan al tema del bloqueo por primera vez, incluso viviendo en los EE.UU. Por muy evidentePs que sean sus dañinas consecuencias,  los medios de comunicación masiva y las redes sociales se encargan de presentar una realidad tergiversada. Para ellos, el bloqueo no existe o la «dictadura» cubana se lo merece.

Quiero dejar claro en esta reflexión que la dirección de la Revolución Cubana, desde el Comandante en Jefe, el General de Ejército Raúl Castro y el compañero Miguel Díaz-Canel, ha reconocido siempre, de forma pública y transparente, los errores, fallas, tendencias negativas que se han ido presentando en la edificación del Socialismo en Cuba, en cada momento histórico, con total valentía, sabiendo que nuestros enemigos utizan esas informaciones para atacar a la Revolución.

Pero ellos lo hacen como una forma de rendir cuentas al pueblo, al que han dedicado y dedican todas sus fuerzas y energías. El propio Fidel siempre nos inculcó que ninguna obra humana era perfecta y menos una Revolución construida no en un laboratorio, en condiciones ideales o especiales, sino bajo el asedio brutal y constante del Imperialismo yanqui.

Desde el primer momento quedó claro y hay suficientes documentos desclasificados que corroboran que el bloqueo -y no embargo- constituye una guerra militar, económica, financiera, comercial, diplomática dirigida a generar el caos, la ingobernabilidad, el desencanto en la población, para destruir la Revolución desde adentro.

Tras el impacto catastrófico de la pandemia en la economía nacional y mundial, la aplicación de las medidas adicionales mencionadas y el traspaso de las responsabilidades al frente de la Revolución, los enemigos llegaron a pensar que había llegado la hora del «juicio final», pero una vez más se equivocaron.

Recientemente nuestro Ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, expuso con detalle los efectos negativos de  esta política irracional y abusiva. Un solo dato: Los daños financieros durante un día de bloqueo, ascienden a la astronómica cifra de 15 millones de dólares. Dinero suficiente para financiar, en un mes, todas las inversiones necesarias para recuperar la potencia de generación del sistema electroenergético nacional.

La persecución a nuestras transacciones financieras, las multas y chantajes sobre empresas y bancos que se relacionan con Cuba constituyen pequeñas muestras de un entramado muy complejo de leyes, casi imposibles de desmontar.

El bloqueo de Estados Unidos contra Cuba es real, medible, palpable y criminal.

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