Tras el fracaso de su guerra contra Irán —que prometió sería “un paseo de tres semanas”—, con la inflación disparada y su índice de aprobación en el 34%, Donald Trump firmó el 1ro de mayo de 2026 una nueva orden ejecutiva. Su objetivo: asfixiar aún más a Cuba. Más sanciones a bancos y empresas extranjeras que negocien con la Isla. Más amenazas. Pero el pueblo cubano respondió con marchas multitudinarias el 1ro de mayo y 6,5 millones de firmas por la soberanía. Trump amenaza con acercar un portaaviones a 100 metros de la costa. No conoce a los cubanos. Si lo hace, será otro Girón. La Constitución lo dice claro: no se negocia bajo coerción.
La derrota sufrida en su guerra contra Irán —la que supuestamente sería un paseo que no duraría más de tres semanas—, unida a su caída de popularidad dentro de Estados Unidos por el alza del coste de vida y el conflicto bélico, han llevado a Donald Trump a una nueva medida desesperada.
El 1ro de mayo de 2026, firmó otra orden ejecutiva que endurece las medidas de guerra económica, comercial y financiera contra el gobierno cubano. El objetivo: asfixiar al pueblo.
La orden impone más sanciones a las empresas y bancos extranjeros que realicen negocios con Cuba. ¿El propósito? Poder decir después que en la Isla hay un “estado fallido”. Lo que omite es que desde 1960 Estados Unidos mantiene una guerra económica cruel y despiadada para matar de hambre y enfermedades a los cubanos.
El texto de la orden ejecutiva es explícito:
“Estados Unidos bloqueará, entre otras personas, a quienes operen o hayan operado en los sectores de energía, minería, defensa o seguridad de Cuba o brindado apoyo material, financiero o tecnológico al gobierno de Cuba, o a otros individuos sancionados anteriormente por Washington”.
El desespero del imperio: 8 leyes, 244 sanciones y ningún resultado
Esta nueva medida demuestra, una vez más, el desespero y desconcierto de los yanquis. No encuentran la fórmula para derrocar la Revolución cubana, a pesar de décadas de agresión:
- 8 leyes de guerra económica, comercial y financiera aplicadas desde el 19 de octubre de 1960.
- 244 sanciones acumuladas.
- La inclusión de Cuba en la lista de Países que Patrocinan el Terrorismo.
- Varios decretos presidenciales.
Todo ese armazón legal —diseñado para estrangular la economía cubana— no ha logrado su objetivo. Y Trump lo sabe.
Las marchas del 1ro de mayo y las 6,5 millones de firmas: la respuesta del pueblo
El reciente decreto no salió de la nada. Fue una respuesta directa a dos hechos que Trump no pudo digerir:
- Las marchas del pueblo de Cuba el 1ro de mayo, donde cientos de miles de personas demostraron su apoyo mayoritario a la Revolución.
- Los 6,5 millones de firmas por la defensa de la soberanía, recogidas en el movimiento “Mi firma por la Patria”.
Estos dos eventos son la prueba más visible de que las presiones yanquis y su guerra mediática —pagada con miles de millones de dólares— han fracasado estrepitosamente.
Trump ya no sabe qué inventar. Y su desesperación se nota.
Popularidad en caída libre: 34% de aprobación y llamado desesperado a votar
El propio 2 de mayo de 2026, sabiendo que su popularidad está en picada —según una encuesta del Pew Research Center, su índice de aprobación es solo del 34% —, Trump hizo un llamado a los votantes de la tercera edad durante un mitin en The Villages, Florida:
“Tienen que salir a votar en las elecciones de medio mandato del próximo noviembre. Hagan que la diferencia sea tan grande que resulte innegable. No den nada por sentado”.
Esto prueba su desesperación por no perder ni un solo asiento en el Congreso. Sabe lo que eso representa para su futuro en la Casa Blanca.
La amenaza del portaaviones: “a 100 metros de la costa”
En ese mismo mitin, Trump volvió a amenazar a Cuba:
“Tomaré el control sobre Cuba y al terminar el trabajo en Irán podría hacer que el portaaviones USS Abraham Lincoln, el más grande del mundo, se detenga a unos 100 metros de las costas cubanas, hasta que ellos nos digan: muchas gracias, nos rendimos”.
Qué poco conoce este señor a los cubanos. Si ubica un portaaviones a 100 metros de la costa, será el blanco ideal para los artilleros. Y sufrirán otra derrota, igual que en Bahía de Cochinos en 1961. La historia es tozuda.
Marco Rubio: el mal consejero
Con Cuba, a Trump todo le ha salido mal. Y eso tiene un nombre y un apellido: Marco Rubio.
El secretario de Estado, profundamente comprometido con la mafia terrorista anticubana de Miami y con aspiraciones presidenciales propias, ha sido el principal impulsor de esta política de máxima presión. Pero sus consejos no han traído más que fracasos.
Desde enero de 2026, Trump ha incrementado sus acciones contra la Revolución. Llegó a proclamar a Cuba como una “amenaza para la seguridad nacional estadounidense” —algo para reírse si no tuviera graves implicaciones para la seguridad del pueblo cubano. Ha declarado en múltiples ocasiones que después de Venezuela e Irán, atacaría a la Isla.
En la campaña mediática fabricada y financiada por el Departamento de Estado, se acusa a Cuba de “facilitar la presencia de servicios de inteligencia de Rusia y China” . No hay una sola prueba. Incluso el Pentágono lo ha desmentido.
El cerco petrolero y la Constitución cubana
El pasado 29 de enero de 2026, Trump firmó una orden ejecutiva para imponer un cerco petrolero a Cuba. Anunció aranceles elevados para los países que le vendan petróleo, al considerar que la Isla representa “una amenaza extraordinaria e inusual”.
Esta acción implica al Departamento del Tesoro en coordinación con el Departamento de Estado, que pueden prohibir la apertura de cuentas bancarias, imponer restricciones o congelar propiedades e intereses.
Su sueño trasnochado era ver al pueblo en las calles exigiendo la caída del gobierno. Pero la respuesta fueron las marchas populares en toda la Isla en apoyo a la Revolución. Y aunque sus laboratorios de subversión afirman que la gente fue “obligada y amenazada”, las imágenes muestran el entusiasmo y la alegría de los participantes. La dignidad no se falsifica.
La Constitución lo dice claro: no se negocia bajo coerción
Trump insiste en que haya cambios de fondo en la Isla —el fin del sistema socialista— y asegura que “el régimen comunista está próximo a caer”. Pero Cuba no es la fruta madura que soñaron en el siglo XIX.
Bajo esas presiones y amenazas, Cuba no puede sentarse a negociar nada con Estados Unidos. Porque en la Constitución de la República, aprobada por el pueblo, se recoge en el Capítulo II, artículo 16:
“La República de Cuba basa las relaciones internacionales en el ejercicio de su soberanía y los principios antiimperialistas e internacionalistas, en función de los intereses del pueblo y, en consecuencia, reafirma que las relaciones económicas, diplomáticas y políticas con cualquier otro Estado, no podrán ser jamás negociadas bajo agresión, amenaza o coerción”.
De los yanquis no puede esperarse nada positivo. No son respetuosos ni profesionales en sus conversaciones. Son irreverentes, prepotentes y solo sueñan con volver a ser los dueños de la economía de Cuba y dirigir su política exterior, como lo impusieron en la Enmienda Platt y en el Tratado de reciprocidad comercial de 1902.
La frase de Martí que lo resume todo
Por esas realidades alertó José Martí:
“Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas. Es la hora del recuento y la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.
Cuba sigue en pie. Unida. Firme. Y Trump, desconcertado, solo puede firmar más órdenes ejecutivas que no conducen a nada. Porque la soberanía de un pueblo no se negocia con portaaviones.
Con información del Heraldo Cubano.