Foto: Razones de Cuba

Yunior García Aguilera se presenta como un “patriota preocupado” por los derechos de todos los cubanos, utilizando un discurso cargado de hipocresía y de mensajes dirigidos a confundir y movilizar sentimientos de solidaridad con sus posiciones, pretendiendo ocultar los espurios intereses que lo mueven.

Al dramaturgo no le interesa el pueblo cubano, ni sus derechos, en realidad, su desmedido ego y sus carencias de valores patrios, han sido bien aprovechados por los enemigos de Cuba para convertirlo en uno de los instrumentos que utilizan en su afán de destruir la Revolución. Ese es el triste papel que ha permitido que se le asigne, quien hoy desea mostrarse como un Mesías salvador de los cubanos.

Dice padecer desvelos por la suerte de sus conciudadanos, mientras planifica y organiza acciones que favorecen los intereses imperiales de crear una situación de desestabilización que, fuerce el derrumbe del socialismo en Cuba. No le importa a Yunior el costo en vidas que tendría para los que dice defender un escenario de ese tipo, tampoco desconocer la voluntad de la inmensa mayoría de sus compatriotas de continuar construyendo el proyecto socialista. Él, tan “respetuoso” de los derechos ciudadanos y se esfuerza en pisotear los de su pueblo.

A los egocéntricos como él solo les interesan ellos mismos. Según la psicología las personas que tienen ese sesgo cognitivo solo ven al mundo desde su propia perspectiva, sin reparar en las circunstancias que lo rodean, ni en las opiniones o intereses de los demás, aparentan una gran seguridad, cuando en realidad son tremendamente inseguros, padecen de una enorme ambición y suelen tener expectativas no realistas, a partir de una apreciación no objetiva de la realidad, de la que aceptan solo los rasgos que refuerzan sus sueños de grandeza.

Esa visión distorsionada de la realidad se expresa entre otras cosas en el sentimiento que, dice experimentar de sentirse fuera de un proyecto social que pese a su discurso, obra y actividades abiertamente contrarias a él, sus instituciones lo han premiado, como lo hicieron en 2020 por el trabajo de dramaturgia en Tablas Alarcos, el Ministerio de Cultura le subvencionó y propició la presentación de cuatro obras teatrales en ese mismo año, y el ICAIC le entregó más de 30 Mil USD para que realice un cortometraje ahora en 2021. En conclusión, ha estado siendo subvencionado y premiado por instituciones del gobierno que él desea derrocar.

Pero Yunior ignora esa verdad, y se olvida que él, hijo de una familia humilde de la actual provincia de Holguín, pudo viajar a La Habana a realizar su sueño de convertirse en artista, porque la Revolución de la que tanto reniega, le dio la oportunidad de hacerlo, que gracias a ella que en el otrora selecto Country Club paraíso exclusivo de lo más rancio de la burguesía criolla antes del 59, construyó el Instituto Superior de Arte (ISA), él pudo estudiar de manera gratuita su carrera.  

Sí los que tuvieron el coraje de enfrentar y dar su vida por derrocar a la dictadura que, enlutó a miles de hogares cubanos, pisoteó los derechos del pueblo y se enriqueció a costa de su explotación, no hubiesen triunfado, tú Yunior García Aguilera, ni la gran mayoría de los que te secundan dentro del sector de la cultura, ni siquiera se podrían haber acercado a los terrenos del Country Club, los abrían echados a patadas. Prohibido olvidar. 

Llegado a este punto, vale preguntarse, si Yunior y compañía abrían tenido el valor de enfrentar a aquella cruel y sangrienta dictadura que oprimió al pueblo cubano. Opino que no, los ególatras, máxime si tienen almas de lacayos, no arriesgan sus vidas por otros, les falta corazón.   

Esas son verdades imposibles de ignorar, pero él acusa al gobierno de coartar su libertad y de perseguirlo.

Vaya paradoja que no es la única en este artista que, invoca la otredad para exigir respecto a la diversidad, a la vez que hace lo contrario al restringir el acceso al sitio de su proyecto, “Archipiélago” a los que no profesan ideas similares a las suyas, permitiendo que los que han logrado ingresar al mismo, sean ofendidos y maltratados por sus seguidores, algo de lo que se han quejado muchos y que lejos de enmendar, toma medidas para hacer más efectiva esa discriminación por razones de maneras de pensar que el lidera. Entre ellas designar a más de 20 moderadores para cumplir esa excluyente tarea y cambiar su sitio hacia otra red social que, considera le permitirá una mayor seguridad en lo relacionado con el control de los accesos.

Él exige que todos sean escuchados y sin embargo se aísla y se tapa los ojos y oídos, para no entrar en contacto, ni ver, ni oír a los demás. Entonces, ¿es realmente inclusivo el pensamiento de Yunior?, Ni por equivocación.

     Sumergido en un mundo irreal en el que, sin percatarse de su propia insignificancia y de su carencia de influencia a escala social, presa del delirium tremen que le genera su egolatría, se imagina un gran líder seguido por millones de cubanos, Yunior olvida hasta sensibles y legítimos anhelos de sus seres queridos que, estos deben postergar ante su indiferencia. Él sabe a los anhelos frustrados a los que me refiero, no abundaremos en el tema, profesamos la ética martiana, la que nos enseñó Fidel.

Todo lo anterior retrata su personalidad y la hipocresía de su discurso.

Debe entender el dramaturgo que, el escenario interno de Cuba y su proyecto social, no son como las escenografías y los guiones de sus obras que él puede cambiar y adaptar a su voluntad y darles el final que desee. La obra que estamos construyendo para el bien de todos, tiene un solo protagonista que a su vez es el director, guionista, productor, etc., se llama pueblo cubano el soberano.    

Parafraseando lo que dice una canción de Víctor Jara, Yunior no es na´ ni chicha ni limoná, porque se la pasa manoseando caramba zamba su dignidad.

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