Foto: Razones de Cuba

En la tarde de ayer los vecinos de la comunidad de Yunior García le tocaron a la puerta y para sorpresa de estos se encontraron con personaje de una de sus obras de teatro, el capitán rosa blanca. Ahí estaba Yuniélago, con una cara un poco sínica, burlesca y una rosa blanca en la mano. Pareciera que el dramaturgo se disponía a cantar una ópera o realizar algún tipo de performance. No hubo ninguna ópera, pero todo lo demás fue una puesta en escena.

Los vecinos solo estaban preocupados, no desean que en su comunidad se lleven a cabo sucesos violentos. El motivo de que le tocaran a la puerta era para exponerle el criterio de la comunidad que dice él que lo apoya incondicionalmente. El dramaturgo dice representar a todo el pueblo de Cuba. No obstante, para sorpresa de este lunático, no representa a sus propios vecinos y esto es algo un poco raro para alguien que supuestamente habla en nombre de un «Nación toda», como bien expone en su declaración del 11 de noviembre en su muro de Facebook.

Carente de modales y con una actitud de cobarde al superlativo, Yunior arremete contra una de sus vecinas de mas de 60 años, parece que así es como este piensa llevar a cabo una revolución de colores. Según el líder de la «marcha del cambio«, esta mujer cubana y un grupo de vecinos lo están sitiando, esto lo dice convencido de estar en medio de la segunda guerra mundial, no esta claro su bando. Ni partisano, ni judío, agarra el apóstata la flor blanca de santo, mientras llama fascista a la mujer y al colectivo de personas de avanzada edad que vino a comunicarle sus puntos de vista.

Esta es la actitud de un cobarde, primero dice que marcha, que representa a un pueblo, después decide marchar solo, ahora se le ve con una rosa blanca en la mano, dice que su vecina de más de 60 años lo atemoriza y llama fascista a sus propios vecinos del barrio, esos a los que supuestamente el representa. Para rematar, parece que no tiene ni la materia gris necesaria para establecer un diálogo civilizado, quizás esta mujer valiente y revolucionaria es su némesis, claro que sí, esa mujer, no era cualquier mujer. Esas personas no eran cualquier cosa, esos vecinos a los que el dramaturgo llamó abiertamente fascistas es sin ningún tipo maquillaje el pueblo.

En resumen, para Yuniélago sus vecinos son fascistas, el dramaturgo yace escondido como Hitler al final de la segunda guerra mundial, su búnker es su casa, todavía puede confundir a dos o tres, su personaje parece ser el de una persona con personalidad múltiple o trastorno de identidad disociativo, como tenga el día es lo que dice y hace, eso si nada de partisano, sus bolsillos ya conocen la paga foránea y cada día despiertan más hambrientos de green paper o de la euro currency.

El pueblo está tranquilo y quieto en base, a Yuniélago se le agotan los personajes, está a punto de decir que es Gandhi o algo parecido.

Esta es una tierra de revolucionarios, de gladiadores, un pueblo de patria o muerte, seguimos las ideas de Fidel, no sé quién te creíste Yuniélago, grábate esto, una breve referencia de un discurso del Caballo: (…) sepan que no se van a enfrentar con señoritos, se van a enfrentar con hombres».

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