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Por: Daily Pérez Guillén 

Si alguna duda podía existir sobre el rediseño de la comunicación política del Gobierno de Estados Unidos hacia Cuba, para lanzarla sobre las plataformas digitales, una directa transmitida recientemente con la presencia del director para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional y asesor principal del presidente Joe Biden en cuestiones de política latinoamericana, Juan González, y artistas plegados a la contrarrevolución, borra cualquier incertidumbre.

Se trata de la más extensa declaración de un funcionario estadounidense en relación con Cuba, desde que Joe Biden tomó las riendas de la Casa Blanca. Durante casi media hora y como un diálogo entre «hermanos», con tuteos incluidos, Juan González escuchó y siguió el guion en el que ambas partes dejaron muy bien definidas sus líneas de mensajes. Si bien los «moderadores» se hicieron eco de las más extremistas peticiones al Gobierno estadounidense luego de los acontecimientos del 11 de julio, el funcionario puntualizó que su Gobierno explora «qué más puede hacer fuera de la acción militar».

«Presionar, sancionar y abrir un espacio democrático para que los artistas, los periodistas y los cubanos comunes y corrientes que no están involucrados en la política sigan demandando sus derechos», ha sido la opción reiterada por González a través de la transmisión en directo por Instagram y el canal de YouTube de un joven influencer cubano, con más de dos millones de vistas desde su creación en diciembre de 2019, que inicia sus programas con un tema de música urbana, jóvenes bailando, mujeres en trajes de baño y un llamado a seguir el «chisme» de la farándula cubana. Por esos canales también se dirige hoy el mensaje del Gobierno de ee. uu. a los cubanos de dentro y de fuera de la Isla.

Y mientras el Director de Seguridad Nacional para el Hemisferio Occidental asegura que Biden está actualizado de cuanto sucede en Cuba, y que los senadores Bob Menéndez y Marcos Rubio han sido escuchados, comunica que la orientación del Presidente es hacer «todo lo que podemos como Gobierno para responder a las necesidades del pueblo cubano». Esto mientras un bloqueo económico, comercial y financiero fue recrudecido con 243 medidas al unísono de la peor epidemia que ha conocido la humanidad, y que también suma en Cuba enfermos, fallecidos y convalecientes. Pero el señor González insiste en llamarlo embargo y exculparlo de quitar cualquier derecho a las personas que lo padecen.

Eso sí, Biden usará «todas las herramientas que tengamos a nuestra disposición para poder garantizar el acceso a la información». En ese punto el asesor  recuerda, sin mencionarlas por su nombre, iniciativas ya puestas en práctica cuando el actual Presidente ocupaba el segundo peldaño del gobierno en la Casa Blanca: «Autorizamos que llegaran celulares a la Isla, pero también cualquier aplicación que pudieran bajarla al celular y pudieran comunicarse», pero no dice que bloquea decenas de aplicaciones y sitios web para Cuba

Una alusión a las aplicaciones Zunzuneo y Piramideo, fracasados intentos de disfrazar, con información no controversial o red de mensajería, el propósito de lograr audiencias de miles de usuarios y gestionar a través de ellos convocatorias multitudinarias para «renegociar el equilibrio de poder entre el Estado y la sociedad». Así lo definía un documento de la Agencia Internacional para el Desarrollo, que corrió con los gastos de una de estas operaciones digitales y también de las faenas del contratista Alan Gross, encargado de instalar una red ilegal de telecomunicaciones en Cuba y que fuera juzgado y condenado por violar las leyes nacionales.

Entre tanto, la agenda de la actual administración para Cuba sigue la estrategia heredada, según se desprende de este diálogo. «Seguir apoyando a esos artistas, a esos periodistas independientes, a esos que están demandando sus derechos», palabras del asesor del presidente Biden que corroboran, además, los informes públicos sobre el destino de los financiamientos que las organizaciones llamadas a llevar la «democracia» de Estados Unidos al resto del mundo –la ned y la Usaid– publican en sus sitios oficiales de internet.

Pero Washington tiene otro objetivo muy claro, necesita «borrar la legitimidad y credibilidad de la Revolución Cubana internamente y en el escenario internacional». Para ello presionarán a sus aliados contra el «régimen». Con total descaro le ha plantado el reto a la diplomacia cubana González: «Eso es algo que después de 62 años han podido manejar internacionalmente muy bien. Hay que cerrar ese espacio».

Llegado hasta ese punto el intercambio, los voceros de la contrarrevolución colaboraron con la actual administración sugiriendo, incluso, incriminar al Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, ante la Corte Penal Internacional, pero como Estados Unidos se retiró de esa instancia para no rendir cuentas por los crímenes de guerra de sus militares en Irak, Yugoslavia y en Afganistán,  González respondió que eso lo tendrían que hacer otros países.

Antes de concluir, insistió: «el enfoque tiene que ser en Cuba, no entre el debate de Estados Unidos y Cuba». Con ese final, no hay que esperar ya por los resultados de una revisión. Esta parece ser la política de la actual administración: esperar un desenlace violento favorable a sus intereses de una coyuntura interna marcada por la crisis sanitaria, una economía de guerra y el azuzamiento constante a través de las plataformas digitales.

Tomado de Granma

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