Por Pedro Martínez Pirez

Esta semana, el miércoles 23 de junio, volverá a ser la Asamblea General de las Naciones Unidas la instancia internacional donde el nuevo gobierno de los Estados Unidos, presidido por Joe Biden, deberá sentarse en el banquillo de los acusados por el criminal, ilegal y prolongado bloqueo yanqui contra Cuba.

Será la vigésimo novena ocasión en que la diplomacia cubana presente ante el órgano más representativo y democrático de la ONU el proyecto de resolución que pide a Washington levantar un bloqueo, que puede calificarse como una acción unilateral genocida, y que afecta desde hace más de seis décadas a la familia cubana, y también a muchos en el mundo por el carácter extraterritorial de lo que en Estados Unidos algunos suelen denominar embargo.

Para la administración de Joe Biden, que no ha movido un dedo contra un bloqueo, que fue intensificado de manera cruel por el gobierno de Donald Trump, mediante otras 240 medidas anticubanas, constituirá un enorme desafio la próxima sesión de las Naciones Unidas, pues de hecho el nuevo gobierno estadounidense es continuador y cómplice de una violación flagrante y masiva de los derechos humanos de todo un pueblo.

A todo esto hay que agregar que Biden, durante la campaña electoral para obtener la presidencia de los Estados Unidos, anunció –al igual que algunos de sus voceros– que eliminaría las medidas anticubanas aprobadas con saña por la Administración Trump.

Y aunque Biden fue el vicepresidente de Estados Unidos cuando la representante de Barack Obama ante la ONU llegó a abstenerse en la Asamblea General, el 26 de octubre de 2016, se recuerda que ese año fue aprobada la resolución cubana contra el bloqueo por la abrumadora cifra de 191 contra cero, con la abstención incluida de Israel, aliado incondicional de Washington. Pero sería mucho pedir a una administración que ha dicho públicamente que no es Cuba una de sus prioridades, que actúe ahora de manera similar.

Además, durante el gobierno de Donald Trump le surgieron a Estados Unidos nuevos aunque muy pocos aliados, algunos de los cuales se mantienen en el poder, como el brasileño Jair Bolsonaro y el colombiano Iván Duque, quienes abrumados por su impopularidad llevaron a la ONU su complicidad en el tema del bloqueo yanqui contra Cuba, y en noviembre de 2019 Brasil sumó su voto al de Estados Unidos e Israel, y Colombia se abstuvo, a pesar de lo cual la Asamblea aprobó por 187 votos la resolución cubana.

Así que en el banquillo de los acusados en la ONU por su apoyo al bloqueo yanqui pueden hacerle compañía este año a los representantes de Estados Unidos, los de Israel y Brasil, así como algún que otro gobierno servil a Washigton.

De todas formas la inmensa mayoría de los representantes del mundo acreditados en la ONU seguramente aprobarán este miércoles, por vigésimo novena ocasión, la resolución que presentará Cuba en rechazo a un bloqueo que en estos momentos de pandemia se hace infinitamente más cruel contra una pequeña nación antillana que, en medio de una difícil situación económica y sanitaria, ha brindado al mundo su solidaridad. Y en la Asamblea General de la ONU el mundo reconoce y retribuye la solidaridad cubana.

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