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Desde hace más de 60 años Estados Unidos inició una guerra contra Cuba, incluso antes de declararse socialista, solo por decidir no ser más una neocolonia yanqui, como había sido desde el 26 de febrero de 1901, cuando el Senado de ese país aprobó la llamada Enmienda Platt, apéndice que Estados Unidos impuso a la naciente Constitución, junto con el Tratado Permanente, que encadenó la independencia de la Isla hasta 1958.

El 17 de marzo de 1960, el presidente Eisenhower le aprobó a la CIA el primer Programa de Acciones Encubiertas contra el gobierno de Castro, que tenía como objetivo: “Provocar la sustitución del régimen de Castro por uno que sea más aceptable para Estados Unidos”.

Una de sus tareas consistía en: “Crear una oposición cubana responsable, atractiva y unificada contra Castro”.

De acuerdo con ese Programa, había que: “Iniciar una poderosa ofensiva propagandística en nombre de la oposición declarada, y el medio fundamental propuesto para lograr este objetivo es una emisora radial clandestina que transmitirá por onda larga y corta, ubicada en la isla Swan.

Así comienzan las agresiones yanquis, violando todas las leyes y normas internacionales, para alcanzar su sueño de derrocar a la Revolución. 

Su injerencia no tiene límites, por eso el presidente Ronald Reagan creó la Comisión presidencial para la radiodifusión hacia Cuba, mediante Orden ejecutiva del 22 de septiembre de 1981. El 28 de septiembre crean la organización no lucrativa, “Radio Broadcasting to Cuba, Incorporated”.

Después de varias iniciativas legislativas, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado aprobó el 10 de septiembre de 1983, un plan presidencial para establecer una emisora radial exclusivamente para Cuba. Por eso sale al aire el 20 de mayo de 1985, la llamada “Radio Martí”, para trabajar ideológicamente al pueblo, con mensajes subversivos que pretendían un levantamiento popular. Posteriormente, el Congreso aprueba la Ley 98.111 para crear la TV Martí, que inicia sus transmisiones televisivas el 27 de marzo de 1990. ​

Estados Unidos se siente con el derecho de invadir el éter de Cuba bajo sus leyes, pero ahora que La Habana aprueba el Decreto Ley 35/2021 para defenderse de los ataques ilegales a través de Internet, inician una fuerte campaña para acusarla de querer silenciar “las voces legítimas” de la sociedad civil, y no se ocultan para decir que ellos emplean las redes sociales para llamar al desorden interno contra el gobierno cubano. Para los que le siguen la rima, es recomendable que se lean antes dicho Decreto Ley.

Los yanquis siempre se opusieron a que Cuba accediera a Internet y obstaculizaron la utilización de los cables submarinos que cruzan cerca de la Isla, los satélites, e incluso torpedearon la compra de equipos de cómputo y teléfonos móviles, a pesar de las sugerencias realizadas en 1996 por especialistas de la RAND Corporation, del Departamento de Defensa y las opiniones de senadores anticubanos.

Con el arribo de Barack Obama a la presidencia, la política yanqui cambió de táctica, y permitió el acceso parcial de Cuba a Internet y de inmediato, comenzaron a desarrollar planes subversivos con más complejidad de los que ya venía ejecutando, que incluían la fabricación de blogueros y periódicos digitales, sufragados con cientos de miles de dólares a través de la USAID y la NED, y la preparación de estos en locales de su misión diplomática en La Habana, en total violación de la Convención de Viena de 1961.

Quienes apoyan las posiciones injerencistas yanquis, parecen olvidar que recientemente los senadores Marco Rubio y Rick Scott, presentaron una enmienda al presupuesto federal para crear un sistema de Internet solo para Cuba, sin el consentimiento de las empresas de telecomunicaciones de la Isla, con el fin de estimular disturbios mediante campañas subversivas, dentro del esquema de la Guerra No Convencional, que dispone de una amplia y moderna tecnología.

El nuevo Decreto Ley, sancionará los acosos, las difamaciones y la estimulación a la subversión, pues Cuba tiene derecho de defenderse de los continuos ataques que recibe desde hace 62 años.

Quienes se suman a las críticas yanquis, nunca han condenado la injerencia de Radio y TV Martí, ni los cientos de miles de dólares que reparte Estados Unidos, por medio de la NED y la USAID, para conformar a los llamados “periodistas independientes”, quienes reciben órdenes del exterior para sus escritos.

¿Dónde están las críticas a Estados Unidos por haber creado en enero del 2018, una Fuerza de Tarea en Internet para Cuba, compuesta de funcionarios gubernamentales y no gubernamentales con el objetivo de promover informaciones subversivas?

Los yanquis piden libertad de prensa y pensamiento, pero cuando alguien como el periodista Julián Assange, expone a la opinión pública mundial lo que ellos hacen, lo persiguen sin piedad hasta la saciedad. Para protegerse, en diciembre del 2010, la CIA organizó una fuerza de tarea para evaluar el impacto sobre la seguridad nacional de miles de cables filtrados por WikiLeaks.

¿Por qué aquellos que se suman hoy a los ataques contra Cuba por el nuevo Decreto Ley, no condenan a Israel por hackear y realizar ataques cibernéticos, al instalar ilegalmente el software Pegasus, para espiar las conversaciones y los correos electrónicos de políticos, periodistas, activistas de derechos humanos, ejecutivos de empresas y otras personalidades internacionales? 

Por supuesto, la CIA no está ajena a ese ciberespionaje contra sus rivales y de aquellos que tienen ideas diferentes, principalmente si son de izquierda.

A darle lecciones a otros, pues los yanquis son los mayores violadores de los derechos humanos de este mundo y sus actos repudiados por millones de personas.

Razón la de José Martí cuando expresó:

“A vida propia, derecho propio”

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