Imagen: Razones de Cuba
Imagen: Razones de Cuba

Los sucesos del 11 de julio de 2021 fueron deliberadamente instigados desde plataformas comunicacionales controladas por la CIA articulados a un proyecto de “golpe blando”que se desplaza amenazadoramente en los últimos años contra Cuba.

Los documentos originales del gobierno de Estados Unidos nos revela el desarrollo de una operación subversiva estratégica dirigida al cambio de régimen” que mantiene una vigencia actual en sus enfoques, objetivos y tareas en el terreno. No tenemos ninguna duda que tras los hilos de esta conspiración se encuentra la Agencia Central de Inteligencia Yanqui.

Este proyecto subversivo esconde una metodología operacional en total correspondencia con los programas aprobados por la USAID en los últimos años fiscales acompañado de un trabajo diferido y permanente de influencia sobre un escenario social cada vez más agobiado por la escasez y las necesidades materiales acumuladas por años, sometido a una inclemente guerra económica.

La metodología del golpe blando estuvo presente en los sucesos que provocaron el derrumbe del socialismo en Europa del Este en los años 80, en las marchas multitudinarias de las revoluciones de colores que sacudieron años después a las ex repúblicas soviéticas y en sucesivos eventos como la Primavera Árabe en este siglo y los desórdenes masivos ocurridos en Venezuela y Nicaragua en años más recientes.

Muchos investigadores conceptúan al golpe blando como una estrategia clave encubierta en la imposición del «nuevo orden mundial» liderado por Estados Unidos. Es conocido también con otras acepciones como resistencia no violenta, golpe suave, desafío político o lucha cívica. Otros le llaman simplemente desobediencia civil, quizás para despojarla de su connotación política.

En un plano teórico, esta doctrina fue concebida por un grupo de neoconservadores norteamericanos y expuesta en el “Programa Democracia” del Presidente Ronald Reagan en 1981.

De aquellas ideas surgió Albert Einstein Institution, crea­da en 1983 en Boston, MA, con fondos de la NED, por el ideólogo anticomunista Gene Sharp que falleció hace solo dos años a la edad de 90 años.

En 1983, Sharp organizó el “Programa sobre las Sancio­nes No Violentas” en el Centro de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard, donde se investigaron  el uso de nuevas técnicas de “desobediencia civil” en el enfrentamiento a los “regímenes totalitarios” en el mundo.

La no violencia proporcionó un semblante más ingenuo a las acciones secretas, intrínsecamente antidemocráticas, que fueron desarrolladas por la CIA desde la década de los años 80 hasta nuestros días.

Un golpe blando contra Cuba

En 2015 la mafia anticubana de Miami proclamó a la resistencia no violenta del ideólogo norteamericano Gene Sharp como una nueva oportunidad en sus planes agresivos contra Cuba.

La no violencia diseñó la utilización de nuevas técnicas de desobediencia civil con un perfil intervencionista más agresivo que rompió con las tradicionales fórmulas de “lucha pacífica” del pasado siglo.

Estas acciones facciosas están dirigidas contra gobiernos a los que Estados Unidos considera como adversarios por lo que le dan una connotación particular a estos hechos como “revoluciones populares democráticas” en la que “la gente demanda la rendición de cuentas y una gobernabilidad democrática hacia dirigentes despóticos y sistemas políticos arcaicos, que deben ser sustituidos”.

Los libros de Gene Sharp De la Dictadura a la Democracia” y “El rol del poder en la lucha no violenta” fundamentan 198 métodos de desestabilización interna de esta doctrina, en los que exaltaba el empleo de las acciones de protesta y persuasión en una primera fase, mediante acciones simbólicas, paradas, asambleas, mítines, marchas y vigilias, seguidas de un amplio despliegue mediático internacional.

Según estos manuales los organizadores de estas protestas transitan posteriormente a otras formas de desobediencia civil que denominan la “no cooperación con el adversario” y la llamada “intervención no violenta” que acrecienta la intensidad de las provocaciones, convocando a obstruir calles y avenidas, “ocupar pacíficamente” instituciones oficiales y otros actos de irrespeto y violencia contra la autoridad para propiciar una respuesta represiva de las autoridades, enfatizando aún más el apoyo mediático internacional.

Si bien las leyes en la mayoría de los países del mundo reconocen el derecho a manifestarse a tenor de las normas jurídicas establecidas y dentro de un ambiente de seguridad y orden público, esta literatura vulnera estos principios.

Distintos autores evalúan la capacidad de esta doctrina para generar escenarios dirigidos a “manipular la realidad e instigar la conspiración interna, como paso previo a la desestabilización interna y el posible golpe de estado”.

Estas operaciones resultan costosas por lo que requieren de un fuerte financiamiento que sustentarán los grupos de choque sediciosos y la labor de influencia a través dela propaganda y programas subversivos sobre comunidades y sectores sociales vulnerables.

Esta metodología toma en cuenta algunas particularidades del escenario político social en las que se aplica. En los hechos provocativos ocurridos en Venezuela y Nicaragua, según algunos autores es el respaldo organizativo y financiero de estos actos sediciosos fue asumido por partidos y grupos políticos de oposición con el apoyo de las embajadas yanquis y ONGs financiadas generalmente por la USAID y la NED.

Muchas manifestaciones callejeras estaban orientadas a un mayor grado de agresividad. Mientras algunos grupos de manifestantes inician las protestas de forma pacífica y ordenada otros núcleos provocadores situados en la vanguardia caldearán el ambiente con el cierre de avenidas, la quema de vehículos u otros actos violentos contra los medios policiales. Estos grupos de choque más agresivos son reclutados entre jóvenes marginales los que actuarán como punta de lanza de esta estrategia golpista sembrando el crimen y la desestabilización interna.

Estos manuales de lucha no violenta reconocen el carácter subversivo de este movimiento, al expresar que pueden existir actos de resistencia que requieren ser mantenidas de forma encubierta como: editar, imprimir y distribuir publicaciones clandestinas, uso ilegal de transmisiones radiales dentro del país, y recopilar inteligencia sobre las operaciones del gobierno están entre el   número limitado de actividades que tienen que ejecutarse bajo un alto grado de sigilo”.

Cada acción planificada en las calles va acompañada de un apoyo mediático encargado de manipular su impacto entre la población y las redes sociales. Participan activamente en este propósito los medios de comunicación privados e internacionales bajo el control de grupos comunicacionales y mecanismos de la inteligencia norteamericana en la región.

El efecto de las imágenes fílmicas en los que está presente la represión policial provocará una visión contraproducente en la población, produciéndose grandes campañas mediáticas para predisponer la opinión pública dentro y fuera del país contra la violencia contra estos jóvenes y la violación de los derechos humanos. Esta propaganda muchas veces repetida agudiza la visión de caos y desestabilización interna. Su propósito es poner en duda la gobernabilidad del país.

Gene Sharp resumió en pocas palabras esta última noción: “…la represión es una respuesta esperada […] el grupo de acción tiene que desafiar la represión […] una represión más dura, puede incrementar, lejos de reducir, la resistencia y hostilidad al régimen […] la violencia de la represión puede alienar el apoyo al adversario […]”.

Los primeros atisbos de un golpe blando

La derecha terrorista de Miami vociferaba en 2015 que “[…] la violencia puede tomar tiempo, pero depende de nosotros encaminarla” […]es la única estrategia viable para liberar a Cuba […].”

Lo anterior no era algo nuevo pues Gene Sharp y sus más cercanos colaboradores mantuvieron desde 1996 contactos con grupos anticubanos brindando conferencias en la Universidad Internacional de la Florida y entrevistas para Radio Martí.

Grupos contrarrevolucionarios como Hermanos al Rescate, Movimiento Democracia y Directorio Democrático Cubano introdujeron ilegalmente en el país literatura en forma de libros, folletos, revistas y videos del politólogo Gene Sharp, enmascarados en folletos de carácter deportivo o religioso.

Algunos grupos contrarrevolucionarias introducirían en su lenguaje propagandístico la frase “lucha cívica”, para enmascarar el carácter lesivo de sus acciones.  Actos provocativos con un perfil desenfadado tomaron fuerza en plena calle en los años 2001 y 2002, acompañados de algunos hechos de desorden público que provocaban malestar y el repudio de la población y multiplicaron las convocatorias a supuestas huelgas de hambre o planes de ayuno, vigilias, exhortación a marchas conmemorativas  y conferencias ante la prensa extranjera acreditada. La táctica no violenta se iniciaba en una primera fase, identificada en esta doctrina como  acciones de persuasión y protesta.

Todo era un show de acciones de desobediencia civil para atraer los medios noticiosos de Miami, lo que se extendió por largos meses en un clima agravado por las dificultades heredadas del Periodo Especial. Fue un nuevo intento por desestabilizar la nación que fue finalmente frustrado por la Revolución a principios de 2003 (Ver las actividades subversivas de la USAD y la NED contra Cuba)

En 2015, la mafia anticubana logró comprometer a Sharp en una nueva maniobra propagandística y produjo un documental en Martí-Noticias, que aun circula por Internet, titulado “Gene Sharp habla a los cubanos”[1].

Las imágenes representaban a un Sharp envejecido que hablaba despacio y en tono aleccionador, interrumpido por intervenciones de cabecillas de la FNCA y “Hermanos al Rescate” y fragmentos fílmicos de actos provocativos en aisladas localidades de Cuba:

 “[…] Si el pueblo no está listo para luchar Ud. no va a triunfar[…] preparar al pueblo de Cuba[…] requeriría número uno pensamiento y estudio por adelantado […] no solo salir a las calles enseguida, preparar al pueblo dentro de Cuba, es necesario prepararse[…] tienen que tener confianza entre ellos a través de las organizaciones no gubernamentales, sitios que son creados y organizados dentro de la isla, en sociedades, sistemas económicos y asociaciones políticas[…] tienen que saber qué hace efectiva la lucha no violenta o que la hace destinada a la derrota[…] yo creo que las personas no deben buscar respuesta rápidas y fáciles […] no busquen que los extranjeros vengan y los salven, sea cual sea la parte del mundo […]”

Algunas de aquellas frases escogidas del politólogo Gene Sharp  preparaban el terreno ideológico para nuevas provocaciones.

Los sucesos del 11 de julio mostraron la complejidad del diseño subversivo que se aplica contra Cuba y su alto grado de enmascaramiento gracias a la complicidad del Gobierno de Estados Unidos quien lo promueve con toda su capacidad y recursos ilimitados. Resulta vital estudiar los antecedentes históricos y el basamento político  de esa doctrina  que constituye la raíz del sustrato ideológico que circula en las plataformas comunicacionales enemigas, resultado en muchos casos de la aplicación de los programas de la USAID.

De esta forma estaríamos más preparados para enfrentar con más acierto la subversión política y advertir a nuestros jóvenes que el golpe blando a que se nos somete no es solo una guerra mediática y de influencia propagandística que penetra a través de las redes sociales sino la voluntad del enemigo para sembrar en Cuba los fundamentos morales, psicológicos y subjetivos de un cambio de régimen lo que equivaldría renunciar a la libertad e independencia como nación.

Qué equivocado el imperio si piensa que la resistencia del pueblo se ha agotado en estos tiempos difíciles.

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