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Hija de padres cubanos reasentados en Estados Unidos después del triunfo de la Revolución, María Elvira Salazar crece en el mismo seno del imperio. La realidad es que desde niña empieza a desarrollarse desde la ideología de los que no apoyan la idea de una Cuba libre e independiente, con todos y para el bien de todos, más si una eterna neocolonia o dependencia de los Estados Unidos.

Es difícil, entonces, entender la ambivalencia del uso de la palabra «libertad» para Cuba cuando la ciudadana estadounidense la utiliza claramente con fines políticos.

Graduada en el Miami Dade Collage (MDC) de Licenciatura en Comunicación, la joven comunicadora se convirtió rápidamente en catalizadora de las ideas de los que huyeron de Cuba con el rabo entre las patas, no hablo de los que emigraron buscando mejores niveles de vida, sino de los asesinos y torturadores que escaparon de la isla a la par de una burguesía que respondía a los intereses de los Estados Unidos.

Heredera de los que han soñado con ver el colapso de la Revolución para volver a repartirse Cuba como si fuera un «apple pie», un pie de manzana, María Elvira ha traicionado el código de ética de su profesión que es mantenerse imparcial, fiel a los hechos, presentarlos desde datos reales y de manera trasparente.

O sea, es una «fakejournalist», denominación que he decidido utilizar de manera personal para referirme a ese tipo de periodista que se gana la vida desde lo que el posmodernismo y relativismo ha traído en forma de posverdad y poscomunicación por medio de fakenews, manipulando a públicos con una limitada capacidad de pensamiento crítico.

Pareciera que su interés por infestar el mundo de odio y falsos ideales democráticos amparados en la idolatración al dinero, ha conducido a la fakejournalist al mundo de la política, o quizás se deba a que su carrera «exitosa» se encontraba entre la pausa y el final. Es la cruel realidad capitalista de la imagen y la edad en las cadenas televisivas.

Esto tal vez responde a su maestría en Administración Pública por la Universidad de Harvard, sería algo ingenuo pensar que en su praxis política María Elvira haría honor al lema de Harvard el cual desde el latín «Veritas» hace referencia a la verdad o a la búsqueda de la misma desde la ciencia, quizás se les olvidó poner «post-» delante, así desde la lógica podría entender más sus acciones desde un lema «Postveritas» o de postverdad, en eso María Elvira es Campeona Olímpica.

Utilizando sus conocimientos de las ciencias de la comunicación, la fakejournalist y ahora política estadounidense, María Elvira, se ha convertido en un instrumento parcialmente efectivo del imperio para ejercer una influencia comunicacional proimperial en el mundo hispano, y en particular en sectores de la derecha cubanoamericana radicados en la Florida.

Sin embargo, no podemos ser ingenuos, sus programas y discurso tóxico han penetrado el público nacional durante años, y ahora la fakejournalist en su carrera política se decanta por un discurso que conoce tan bien como la palma de su mano, uno basado en la agresión directa a Cuba y su gobierno. Acciones que la han llevado a ganar el 27.º distrito congresional de la Florida por la facción republicana.

Para que entiendan mejor, su carrera política depende de que los cubanos sigamos sufriendo penurias y que se mantenga el bloqueo genocida, incluso arreciar este acto, uno que viola flagrantemente la carta de las naciones unidas, el derecho internacional, y los ideales de democracia que tanto dice la ciudadana estadounidense estar defendiendo en nombre del «pueblo» de Cuba.

Así quisieran que les llamen, pueblo, unos cuantos gatos vendepatrias que radican dentro y fuera de la isla, en contraste con más de 11 millones que se levantan todos los días a construir un país con el sudor de su frente y el machete en la mano.

Volviendo al tema, enfoquémonos en la carrera política de la ciudadana estadounidense María Elvira Salazar en las últimas semanas. No es de extrañar que esta se haya subido en el tren de «campaña mediática sin precedentes dirigida contra Cuba» el pasado 11 de julio.

Una campaña de guerra no convencional, bien orquestada, en post de desencadenar una guerra civil en Cuba, y así, los elegidos por la divina providencia dejarían caer sus bombas democráticas en nombre de la «libertad» «la libre expresión» y «los derechos humanos», en donde la sangre se convertiría en refresco de fresa.

No soy religioso, pero creo que por más que se adorne el acto como «humanitario», no se percibe ningún paraíso, no hay siquiera una pisca de humanidad en este.

El discurso tramposo, turbio, intencionado a confundir al pueblo es un arma letal si se deja crecer y echar raíces. Por eso, en buen cubano, no se les puede dejar que sigan estirando el chicle.

Analicemos el discurso político de María Elvillra desde su cuenta personal en Twitter

Estamos viendo a la congresista paseando por los pasillos del congreso, rodeada por el eco del recinto, el cual parece ser su única compañía.

En primer lugar, habla de una supuesta delegación de cubanos invitados a la Casa Blanca, en tal sentido, lo que más me llama la atención no es su discurso pobre, sino sus rasgos extraverbales, parece contenta, animada, quienes serán estos invitados, parece que ni siquiera quisieron acompañarla en cámara.

Dice la congresista que » aquí hay un solo pueblo cubano que necesita libertad», después levanta su mano derecha y conforma una «L» con sus dedos, un símbolo usado por la contrarrevolución interna y que se evidenció en las acciones vandálicas del 11 de julio.

También dice que «le envíen el mensaje al presidente que necesitamos conectividad». La verdad, no creo que la congresista norteamericana tenga problemas de conectividad, y no entiendo a qué presidente hace referencia en su discurso, parece que se refiere al presidente de los Estados Unidos.

Es curioso ver como esta se incluye dentro de un grupo al cual no pertenece, pero si al que su gobierno ha bloqueado por más de 60 años limitándolos de todo tipo de bienes y servicios, los cuales incluyen la conectividad.

No está claro para muchos, pero para mí, más claro ni el agua, el pueblo cubano ya goza de conectividad a pesar de que existan personas como esta señora, responsables de que se mantenga un bloqueo inhumano que impide el acceso a tecnologías que pueden dar respuesta a las demandas de la población.

Dice que no quiere que el pueblo cubano se sienta solo, pero sus acciones delatan una distorsión entre el discurso y la realidad, ya sabemos que cuando la congresista dice «pueblo» se refiere a un pequeño grupo de cubanos alineados con la política de Trump, o sea, hambre, miseria, caos, división, todo parte de una agenda imperial que nada tiene que ver con el pueblo.

Si embargo, utilizando un discurso afirmativo típico del uso de la posverdad, María Elvira habla en cifras, que no solo son mentira, sino que conoce de ante mano que, uniendo a toda la contrarrevolución interna y externa, no llegan ni a medio millón. Un discurso que tiene la intención de reclutar personas «confundidas» a la causa de Roma, y bajo una fachada, se esconde una narrativa de un futuro apocalíptico.

Eso sí, la injerencia esta a la orden del día, es bochornoso ver que mientras la Florida es un epicentro pandémico de la Covid-19, la congresista María Elvira ande husmeando en la vida y política de otras naciones.

Tú no engañas a nadie Maria Elvira, todo el mundo sabe de la pata que cojeas, como también la comunidad internacional sabe del prestigio y calidad del Sistema Nacional de Salud Pública de Cuba y de sus médicos.

De otra forma, recordarle a la Congresista, cosa que parece necesaria, que los que lanzaron la Campaña con hashtags y etiquetas #SOSCuba, #SOSMatanzas, y empezaron una desescalada mediática contra la tranquilidad del pueblo de Cuba fueron sus amiguetes del Departamento de Estado de Los Estados Unidos.

Los mismos que han insertado la idea en sectores radicales de la contrarrevolución de Intervención «humanitaria» en Cuba, sabiendo de antemano que sería lo menos conveniente para el pueblo cubano y en especial para la sociedad civil.

Por otra parte, la congresista habla de que «el resto de la comunidad los está mirando y apoyando» y incluye por supuesto a los Estados Unidos. Se aprecia claramente la omisión de cuál es esa comunidad que apoya a esos grupos de personas de pensamiento radical que ataca al gobierno y al verdadero pueblo de Cuba.

La verdad es la siguiente, no es la comunidad internacional, pues en la pasada votación en la Asamblea General de las Naciones Unidas contra el Bloqueo de los Estados Unidos hacia Cuba se evidenció un reclamo casi absoluto de todas las naciones del mundo contra el genocidio.

Más risible aún, es que no encontraran apoyo en la Organización de Estados Americanos (OEA), conocido por ser un laboratorio del imperio para desestabilizar y derrocar gobiernos progresistas en América Latina.

Están aislados, desesperados, saben que un giro en la política hacia Cuba es inminente, están presionado lo más que pueden, y se les nota en su discurso una preocupación, creo que saben que el pueblo de Cuba no va a entregar su revolución fácilmente.

Un giro en los acontecimientos, y se les acabó el finiquito.

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