Blog: La Historia de Cuba

El 13 de marzo de 1957, a las tres y catorce minutos de la tarde, un comando de cincuenta y tres combatientes del Directorio Revolucionario, dirigido por Faure Chomón Mediavilla, a bordo de varios vehículos, se lanzó al asalto del Palacio Presidencial, en La Habana, con el objetivo de ejecutar al dictador Fulgencio Batista en su propia madriguera.

En la arriesgada y temeraria acción murieron 27 asaltantes y nueve transeúntes. También hubo algunos heridos. Entre estos últimos las fuerzas de la tiranía asesinaron otros cinco jóvenes.

A esa misma hora, de una manera sincronizada, varios jóvenes dirigidos por el presidente de la Federación Estudiantil Universitaria y secretario general del Directorio José Antonio Echeverría, tomaron sorpresivamente la emisora Radio Reloj en la calle 23 casi esquina a M.  A través de sus micrófonos el líder universitario informó al pueblo cubano el resultado de la acción.

La caída en combate de un líder revolucionario

Después José Antonio, Fructuoso Rodríguez, Joe Westbrook, José Azzef (El Moro), Pedro Martínez Brito y Otto Hernández, abordaron un Ford con matrícula 37-222 conducido por Carlos Figueredo Rosales (El Chino). Avanzaron por la calle M y doblaron a la derecha en Jovellar.

Antes de llegar a la calle L, una obstrucción en el tráfico obligó a José Antonio a disparar al aire, abriéndose paso a los gritos de ¡Revolución!  ¡Revolución! Lograron cruzar la calle L buscando acceder a la Universidad por la entrada de la calle J, frente al hospital Calixto García, instante en el que apareció por la senda contraria un auto de la policía.

“El Chino” Figueredo lanzó el auto contra el vehículo de la policía, disparándole con su pistola. Acto seguido el jefe de la patrulla ripostó con una ráfaga que perforó el parabrisas del Ford sin herir a ninguno de los siete jóvenes que viajaban en su interior. En ese instante José Antonio salió del auto disparando en ráfagas con su pistola Star y avanzó sobre la perseguidora. Sin embargo, el artillero que se había tendido en el asiento trasero contraatacó casi a quemarropa, arrancándole el arma y derribándolo sobre la acera, pero sólo momentáneamente.

José Antonio reaccionó y volvió a levantarse, extrayendo un revólver (que le había quitado unos minutos antes a un soldado en el elevador de Radio Reloj) pero al tratar de disparar nuevamente, fue abatido por el jefe del carro de la policía con su pistola de reglamento.

En medio de toda la confusión que se produjo, Fructuoso, Joe, José, Pedro, Otto y Figueredo —sin disponer de la más mínima oportunidad de apoyar a José Antonio, porque éste cayó entre ellos y el carro policial— lograron entrar en áreas de la Universidad.

Los tíos Ricardo y Josefina Bianchi y el primo Luis que era enfermero, lograron llegar a donde se encontraba José Antonio comprobando que estaba muerto. A sabiendas que ya no se podía hacer nada por su vida, regresaron al hospital y buscaron una ambulancia, pero cada vez que trataban de acercarse al occiso, fuerzas de la policía apostadas en el hotel Colina y otros lugares les disparaban para mantenerlos alejados del lugar.

Las gestiones para entregar el cadáver a la familia, que fueron realizadas por el rector universitario Clemente Inclán, por Roberto Chomat decano de la Facultad de Arquitectura y por el senador batistiano Santiago Verdeja, resultaron infructuosas.

Finalmente, el magistrado José R. Cabeza, presidente del Tribunal de Urgencias, dispuso el traslado del cadáver hacia la funeraria Alfredo Fernández, ubicada en las calles Zapata y 2, en el Vedado, donde estaban expuestos los restos mortales de Menelao Mora. Allí el magistrado entregó las pertenencias de José Antonio a su hermana Lucy Echeverría, para que se procediera a la inhumación en su ciudad natal de Cárdenas, en la provincia de Matanzas.

El entierro de un héroe

Sobre aquellos dramáticos hechos Talía Laucirica Gallardo, compañera y amiga de José Antonio, recuerda:

“El cuerpo de José Antonio estuvo tirado en el lugar donde cayó hasta cerca de las ocho de la noche. La calle estaba cerrada y rodeada por la policía batistiana. Algunos compañeros, desde el portal del hotel Colina, estaban mirando la situación, para tratar de rescatar el cuerpo, además no se sabía si estaba aún con vida. Pero aquello fue imposible.

“El cadáver lo entregaron a la familia al día siguiente, y se tendió en la funeraria de Zapata y 2, en el Vedado. […]

“Eran aproximadamente las siete de la noche cuando el cortejo fúnebre, que llevaba los restos de José Antonio, atravesó la ciudad de Matanzas. Pasó en silencio, la población no sabía que él sería trasladado desde La Habana hasta el panteón de su familia en Cárdenas. […]

“Al llegar al cementerio serían más o menos las ocho de la noche, y ya había oscurecido. Nos hicieron bajar de los autos y solo siguieron hasta el panteón el carro fúnebre y el de los padres de José Antonio. […] Entre las tumbas había apostados soldados con armas.

“Para poder colocar el ataúd en el panteón hubo que auxiliarse de faroles de luz brillante. Éramos unas veinte personas entre familiares y amigos, también iban Roberto Chomat, decano de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de La Habana, y el profesor Aquiles Capablanca.

“Fue el entierro de un héroe y sin embargo había sido tan pequeño, sin un solo homenaje.” [1]

Al finalizar estos sucesos del 13 de marzo, las bajas se elevaron a 27, excluyendo las nueve víctimas inocentes antes mencionadas que fueron objeto de las operaciones de “limpieza” realizadas por los aparatos represivos en la ciudad. La trágica muerte de José Antonio Echeverría Bianchi, a los 25 años, frente a los muros de la Universidad de La Habana donde tanto luchó, se erigió en un verdadero símbolo de dignidad nacional, patriotismo y unidad, que conmocionó a toda la nación.

En este momento es válido citar un fragmento de lo que se consideraría posteriormente el Testamento Político de José Antonio, porque el mismo día 13 de marzo de 1957 unos momentos antes de ejecutar la última acción de su vida había escrito:

“Nuestro compromiso con el pueblo de Cuba quedó fijado en la Carta de México, que unió a la juventud en una conducta y una actuación. Pero las circunstancias necesarias para que la parte estudiantil realizara el papel a ella asignado no se dieron oportunamente, obligándonos a aplazar el cumplimiento de nuestro compromiso. Creemos que ha llegado el momento de cumplirlo. Confiamos en que la pureza de nuestra intención nos atraiga el favor de Dios para lograr el imperio de la justicia en nuestra Patria.

“Si caemos, que nuestra sangre señale el camino de la libertad. Porque, tenga o no, nuestra acción el éxito que esperamos, la conmoción que originará nos hará adelantar en la senda del triunfo.” [2]

A partir de este momento la figura de José Antonio se consolidó como un eterno paradigma para las futuras generaciones, pero sobre todo para los cubanos que combatían en la sierra y el llano, con el objetivo de derrocar aquel gobierno despótico y proyanqui que sería derrocado en menos de dos años.

Fidel siempre recordó a José Antonio

El 8 de enero de 1959, antes de salir hacia la capital al frente de la Caravana de la Libertad, integrada por la Columna 1 “José Martí” y otras fuerzas del Ejército Rebelde, el Comandante en Jefe Fidel Castro visitó la casa natal de José Antonio Echeverría, en la ciudad de Cárdenas, en Matanzas, y más tarde fue al panteón de su compañero, a quien había visto por última vez el 29 de agosto de 1956 cuando ambos firmaron la Carta de México, para rendirle el tributo merecido.

Dos meses después, el 13 de marzo, Fidel regresó al panteón donde reposaban los restos mortales del líder estudiantil universitario, y pronunció un emocionante discurso, en el que resaltó la ejecutoria patriótica y revolucionaria del inolvidable dirigente de la FEU y recordó a sus compañeros caídos. En uno de los fragmentos señaló:

“Es la primera reunión sobre la tumba de los mártires del 13 de Marzo que se celebra con libertad. Ellos fueron enterrados a escondidas, porque la tiranía no permitía que se les rindiera homenaje, temía cualquier acto que se realizara sobre su tumba, pero la Revolución respeta el derecho a visitar las tumbas, aun las tumbas de los enemigos de la Revolución, aun las tumbas de los criminales de guerra. La Revolución respeta ese derecho que antes se le negó al pueblo.”[3]

Esa tarde Fidel regresó a La Habana y frente al Palacio Presidencial participó en un acto en homenaje a los combatientes del Directorio Revolucionario. Después abordó sorpresivamente un ómnibus de la Ruta 28 y se dirigió al estadio universitario, donde señaló: “Tan pronto la depuración y la reforma universitaria se haga, el gobierno fundará la Ciudad Universitaria, que llevará el nombre de José Antonio Echeverría, y en donde habrá un rincón para cada uno de los mártires universitarios, desde los de 1871 hasta el último asesinado por Batista”.[4]

El 10 de marzo de 1960 Fidel visitó la Universidad de La Habana y en el anfiteatro Enrique José Varona anunció el próximo inicio de las obras constructivas de una ciudad universitaria.

Tres días después, en la escalinata de la Universidad, durante el acto conmemorativo del Asalto al Palacio Presidencial, Fidel volvió a referirse a este estratégico proyecto y expresó públicamente que llevaría el nombre de “José Antonio Echeverría”, en homenaje al carismático líder estudiantil. El ministro de Obras Públicas Osmany Cienfuegos, tuvo el honor de colocar la primera piedra para dejar iniciada la obra constructiva.

En marzo de 1961 Fidel se encontraba enfrascado en el enfrentamiento a los ataques piratas contra nuestras costas, sabotajes contra objetivos económicos y sociales, alzamientos armados y planes de atentado, como preámbulo de una invasión que ya era inminente.

A pesar de aquella compleja situación, el día 13 de marzo dedicó una parte de su tiempo a pronunciar un emocionante discurso en la escalinata universitaria donde se concentró en la política de la Administración Kennedy hacia nuestro país, y en la actitud a mantener frente a futuras agresiones.

En un breve párrafo al referirse a la victoria alcanzada en 1959 señaló: “Mucho más lejana estaba aquel día en que asesinaban al compañero José Antonio en La Habana, sacrificaban su vida otros compañeros del Directorio Revolucionario, nosotros contamos a nuestros hombres , aquel 13 de marzo, y ¿saben cuántos éramos? : ¡Éramos doce!, ¡hace cuatro años solamente! Y hoy, hoy, somos doce veces 500 mil; y hoy somos muchas decenas de miles de 12 fusiles; y hoy es un pueblo…”

Un mes más tarde, inspirado en aquellas hermosas palabras, nuestro pueblo organizado en las Milicias, enfrentó y derrotó la invasión mercenaria por Playa Girón.

El 13 de marzo de 1962, en la escalinata de la Universidad de La Habana, tuvo lugar el acto central en conmemoración al quinto aniversario del Asalto al Palacio Presidencial, en el que Fidel pronunció las palabras de clausura y rindió merecido homenaje a José Antonio Echevarría y a los jóvenes caídos en esta audaz acción contra la dictadura batistiana.

En esta ocasión el máximo líder de la Revolución destacó que se habían producido cambios sustanciales en el país, en la vida de los estudiantes, en la composición del estudiantado y en la propia universidad, y citó como ejemplo la presencia en el lugar de miles de becarios universitarios, de institutos preuniversitarios y de tecnológicos.

Al finalizar expresó la importancia de declarar la guerra a las distintas manifestaciones de sectarismo en las filas revolucionarias, con un espíritu creador donde lo más importante fueran los méritos, el espíritu de sacrificio, la conciencia revolucionaria y el amor a la Revolución.

El 13 de marzo de 1963, como ya era tradicional, fue conmemorado el sexto aniversario del Asalto al Palacio Presidencial, con un acto central convocado por la FEU en la escalinata de la Universidad de La Habana.

Durante las conclusiones, Fidel destacó la honestidad y el valor de los estudiantes universitarios y de otros jóvenes que ofrendaron sus vidas en el enfrentamiento a la tiranía batistiana. En este momento convocó a los graduados de ingeniería a pasar a las filas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias para estudiar la técnica de la defensa coheteril. Dos meses después ya los jóvenes universitarios que aceptaron este reto se encontraban recibiendo la preparación adecuada que los colocaría al frente de diferentes escalones de mando.

El 13 de marzo de 1964, al hacer las conclusiones del acto conmemorativo por el séptimo aniversario del asalto al Palacio Presidencial, Fidel expresó que la revolución técnica complementaba la revolución social y señaló:

“Revolución social, poder de los trabajadores y campesinos, más revolución técnica […] es igual a la abundancia, igual al socialismo, igual al comunismo. Se habla de una revolución que empieza ahora y no terminará nunca”.

El 13 de marzo de 1965 Fidel pronunció otro discurso en la escalinata de la Universidad de La Habana. En una de las ideas expresadas afirmó:

[…] “Por el camino se han juntado todos los hombres dignos de esta tierra, en la larga lucha han muerto muchos hombres dignos de esta tierra. Los primeros no eran marxista-leninistas. Carlos Manuel de Céspedes no lo era, Martí no lo era, porque la época en que vivió y en las condiciones históricas en que se desenvolvió su magnífica lucha no podía serlo. ¡Nosotros entonces habríamos sido como ellos, ellos hoy habrían sido como nosotros!” […]

Con esta frase quedó muy bien definida la tesis política sobre la continuidad histórica del proceso de liberación nacional. Para finales de este año la contrarrevolución en Cuba había sido derrotada.

El 13 de marzo de 1966, durante un acto en la escalinata universitaria en homenaje al noveno aniversario del asalto al Palacio Presidencial, Fidel abordó el tema del dirigente universitario y comandante del Ejército Rebelde Rolando Cubela Secades, quien había sido reclutado por la CIA y detenido  por los Órganos de la Seguridad cuando se encontraba involucrado en un plan de atentado contra su vida. Al referirse a varios artículos insidiosos de la agencia AFP sobre el proceso seguido contra el traidor, Fidel expresó:

“No vemos la sanción revolucionaria como castigo de los hombres, sino como medio de defensa de la Revolución contra las clases explotadoras y los instrumentos de esas clases”. […] “Y hemos actuado en este caso como hemos actuado siempre, y hemos tenido en cuenta la actitud de los acusados en el juicio, que con toda crudeza confesaron su delito…  […] “Porque el acusado principal, en un determinado momento, prestó servicios a la Revolución. Y algunos pudieran pensar: no, hay que ser ejemplarizante para que nadie más haga eso. Y nosotros pensamos: ¡No, los hombres de esta Revolución, sus comandantes militares, sus cuadros dirigentes no necesitan de este tipo de ejemplo, y no lo necesitan por la clase de hombres y la madera revolucionaria de que están hechos…!”

Una predicción de Fidel sobre Venezuela

El 13 de marzo de 1967 Fidel dedicó prácticamente todo su discurso en la escalinata de la Universidad a analizar las falsas acusaciones contra Cuba del gobierno y la derecha venezolana.

Al concluir el discurso expresó “estamos seguros de que algún día Venezuela alcanzará su derecho a construir su porvenir, a ser verdaderamente libre, y que se cumplirá esa heroica consigna de: ¡Hacer la patria libre o morir por Venezuela!, que es como nuestra consiga de: ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

Cuatro años después, el 8 de agosto de 1971, un joven llamado Hugo Rafael Chávez Frías ingresaría como cadete en la Academia Militar de Venezuela, para seguir haciendo historia hasta alcanzar su derecho a construir su porvenir.


[1] Generación marcada, por Margarita Barrio, periódico Juventud Rebelde, 13 de marzo del 2009, p.4.

[2] Papeles del Presidente, Documentos y Discursos de José Antonio Echeverría Bianchi, Compilación de Hilda Natalia Berdayes García, Casa Editora Abril, La Habana, 2006, pp. 97-98.

[3] José Antonio: Un recuerdo que se multiplica, Juan Nuiry, periódico Granma, 13 de marzo de 2009, p.5.

[4]  Periódico Hoy, 14 de marzo de 1959, p.3.

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