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Envalentonado después que hace unos meses un parcializado Senado de mayoría republicana le absolviese en el juicio político promovido en su contra por los demócratas, en la mente del presidente Trump se ha reforzado la enfermiza convicción de que cual, si fuera un despótico Sátrapa de la antigüedad, está por encima de la ley y la justicia.

En sus delirios de grandeza siempre se ha creído intocable, pero por si acaso, cada vez que un funcionario estatal o personero de los órganos de enfrentamiento al delito, llámese FBI o la Fiscalía ha intentado ir en su contra, lo remueve de su cargo sin contemplaciones.

Es evidente que durante su mandato el presidente Donald Trump ha abusado de su poder y ha mostrado incapacidad para servir a su nación. Trump ha dado reiteradas pruebas de su desprecio hacia el precepto más importante de la justicia: ninguna persona está por encima de la ley.

Está claro que Trump trata de evitar a toda costa que alguien destape el nauseabundo latón de basura de sus innumerables negocios sucios, aunque ya pocos dudan que el oligarca es el presidente más corrupto de la historia de los Estados Unidos.

Al respecto, la joven representante demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, uno de los símbolos de la corriente más progresista del Congreso de Estados Unidos, considera que la reelección de Donald Trump sería fatal para su comunidad.

¡Trump no tiene límites, no respeta la ley, no respeta nuestras Cortes!, subraya Ocasio-

“Verdaderamente este presidente es muy peligroso para nuestra comunidad, especialmente cuando está tratando de quitar el derecho de votar a la comunidad negra, a la comunidad latina, afrolatina. Es muy importante que usemos nuestros derechos en las próximas elecciones”.

“Estamos en una fase en la que parece que este presidente y el Partido Republicano en EE.UU. quieren ignorar el coronavirus y olvidar que tenemos una pandemia, y están aceptando que miles y miles de personas puedan fallecer. En este contexto, tras la muerte de George Floyd, todas las personas que salieron a las calles tomaron una decisión muy seria para nuestra comunidad, tuvieron que elegir entre quedarse en casa y salir y ponerse en riesgo por el virus para defender nuestros derechos y defender la vida de Floyd y de la comunidad negra en los Estados Unidos”. Por ello, esta es una elección que va a determinar las vidas de nuestra comunidad,

Sería muy grave y muy peligroso que el presidente Trump fuera reelegido. Ya sabemos qué hizo esta Administración, que separaron a los niños de sus padres y sus familias en la frontera, los derechos que quitaron de nuestra comunidad, los derechos que arrebataron a mujeres de nuestra comunidad. Yo creo que cuando Trump fue elegido en 2016 muchas personas no sabían ni podían imaginar lo que esta Administración iba a hacer”.

Trump presiona otra vez a la fiscalía

El Fiscal General William Barr anunció este viernes la renuncia de Berman. PerEl Fiscal General, William Barr, dijo este viernes que Geoffrey Berman, un fiscal que supervisó enjuiciamientos clave a aliados del presidente, Donald Trump, y una investigación sobre su abogado personal, Rudy Giuliani, renunciará a su cargo en el Distrito Sur de Nueva York. 

Sin embargo, Berman, aseguró posteriormente que de momento no tiene «intención» de dejar su puesto, al menos hasta que el Senado no «confirme a un candidato designado por el presidente».

El motivo del anuncio de Barr, que ha llegado de manera abrupta, no ha quedado claro de inmediato. El Fiscal General agregó que Trump tiene la intención de nominar a Jay Clayton, presidente de la Comisión de Bolsa y Valores, para el cargo.

El fiscal Geoffrey Berman trabajó frente al Distrito Sur de Nueva York desde 2018. AP

«Me enteré en un comunicado de prensa del Fiscal General esta noche que yo ‘renunciaba’ como fiscal de Estados Unidos. No he renunciado, y no tengo intención de dejar mi cargo, para el cual fui designado por los Jueces del Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Sur de Nueva York», dijo el propio fiscal Berman en un comunicado, contradiciendo la noticia.

«Renunciaré cuando el Senado confirme a un candidato designado por el presidente. Hasta entonces, nuestras investigaciones avanzarán sin demora o interrupción. Aprecio cada día que trabajo con los hombres y mujeres de esta Oficina para buscar justicia sin temor ni favorecimiento, y tengo la intención de asegurar que los casos importantes de esta Oficina continúen sin impedimentos», afirmó.

Y este sábado, Berman mantuvo el pulso con el fiscal general al presentarse en su oficina para trabajar, . «Estoy aquí para hacer mi trabajo», dijo a los periodistas.

Las reacciones al anuncio del Fiscal General del viernes no tardaron. «Estados Unidos tiene razón al esperar lo peor de Bill Barr, quien ha interferido repetidamente en las investigaciones criminales en nombre de Trump», tuiteó el presidente del comité judicial de la Cámara, el demócrata Jerry Nadler. “Tenemos una audiencia sobre este tema el miércoles. Acogemos con satisfacción el testimonio del señor Berman y le invitaremos a testificar”, añadió.

Preet Bharara, quien precedió a Berman en el cargo y fue despedido en los primeros días de la administración de Trump tuiteó: «¿Por qué un presidente se deshace de su propio fiscal elegido en el SDNY el Distrito Sur de Nueva York] un viernes por la noche, ¿menos de 5 meses antes de las elecciones?»

¡Parece que el presidente Trump teme que algo sucio se descubra en su contra!

Asimismo, el senador de Nueva York, el demócrata Charles Schumer, dijo que la medida «apesta a una potencial corrupción del proceso legal».

«¿Qué es lo que enfurece al presidente Trump? ¿Una acción previa de este fiscal o una que está en curso?», cuestionó.

Los demócratas del Congreso han acusado anteriormente al Fiscal General Barr de politizar el Departamento de Justicia y actuar como el abogado personal de Trump, en lugar de comportarse como la principal figura de la ley en el país.

De última hora se ha conocido que presionado por el chantajista Trump el fiscal que investigaba a aliados corruptos del oligarca presidente accedió por fin a dejar su cargo. Se rumora que decidió hacerlo ante serias amenazas contra su persona.

Repercusión del polémico libro de Bolton

La noticia llega pocos días después de que el exasesor de Seguridad Nacional John Bolton afirmara en un polémico libro que Trump prometió al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que interferiría en el caso de Halkbank, que estaba siendo procesado en el Distrito Sur.

Esta oficina ha procesado a varios asociados de Trump, incluido el antiguo abogado personal y ayudante del mandatario, Michael Cohen, quien cumplió una condena de prisión por mentir al Congreso y por cometer crímenes de financiamiento de campañas.

La oficina de Berman también ha estado investigando a Giuliani y sus asociados. Los fiscales federales en Nueva York están investigando las actividades de Giuliani, incluyendo si falló al no registrarse como agente extranjero.

Berman ha tomado acción directa en otras investigaciones que han enojado a Trump. Su oficina pidió al comité inaugural de Trump una amplia gama de documentos como parte de una investigación sobre varios delitos potenciales, incluidas posibles contribuciones ilegales de extranjeros a eventos inaugurales.

Y semanas antes de las elecciones de medio término en 2018, Berman anunció cargos de abuso de información privilegiada contra un ferviente partidario de Trump, el representante republicano Chris Collins. Collins renunció de su puesto luego.

Bajo el mandato de Berman, su oficina también presentó cargos contra Michael Avenatti, el abogado antagonista que ganó fama al representar a la actriz porno Stormy Daniels en pleitos relacionados con Trump. Avenatti fue declarado culpable en febrero de intentar extorsionar a la compañía Nike después de que los fiscales dijeron que amenazó con usar su acceso a los medios para dañar la reputación y el precio de sus acciones, a menos que la compañía le pagara unos $25 millones.

Trump considera que tiene “el derecho legal” a intervenir en la Justicia

Inmediatamente después de su absolución, Trump tomó represalias contra los miembros de su Administración que habían declarado en el juicio por su impeachment. Pidió públicamente indulgencia con su amigo y exasesor Roger Stone, declarado culpable por mentir en la investigación de la llamada trama rusa. Atacó a los fiscales que pidieron una sentencia de entre siete y nueve años contra su amigo, acusó de sesgo político a la presidenta del jurado que decidirá sobre su destino, y atacó a la juez federal que preside el caso.

Trump ha arremetido reiteradamente contra el Departamento de Justicia y, tras las críticas entre el establishment judicial por su comportamiento, defendió en Twitter que tiene “el derecho legal” de intervenir en casos judiciales.

“Estoy autorizado a estar totalmente implicado”, dijo a los periodistas en la Casa Blanca.

Desde que fuera exonerado del impeachment, el presidente no desaprovecha oportunidad alguna para retrazar los procedimientos judiciales abiertos contra sus aliados.

Concedió el indulto a 11 personas que incluían aliados políticos condenados por corrupción, en una acción con la que, según han denunciado numerosos expertos jurídicos, incurre en una politización de la figura del perdón presidencial, al dar prioridad a sus relaciones personales por encima de las directrices establecidas por el Departamento de Justicia.

Su cruzada antijudicial ha colocado en una posición más que delicada al fiscal general, su fiel aliado William Barr, que denunció en una entrevista televisiva que los continuos comentarios del presidente le hacían “casi imposible” llevar a cabo su trabajo.

Barr se enfrenta a la disyuntiva de elegir entre su fidelidad al presidente y la defensa de la reputación del Departamento de Justicia como institución que actúa en los casos penales libre de presiones políticas.

 Más de dos mil exempleados del Departamento de Justicia pidieron la dimisión de Barr, en una carta abierta en la que criticaban con dureza la injerencia de Trump en los casos de sus socios acusados de corrupción.

Llegados a este punto, resulta necesario sacar a la luz algunos de los turbios negocios del oligarca presidente que le tienen tan preocupado.  

Los negocios sucios del presidente Trump

Es de señalar que en la larga lista de negocios sucios del mandatario estadounidense, un lugar destacado lo ocupan los que mantiene con la mafia cubano norteamericana de Miami, y en particular, con su compinche de maquinaciones criminales contra Cuba, Nicaragua y Venezuela, el senador republicano Marco Rubio.

Para entender el gran problema político que afronta hoy los EEUU hay que reflexionar sobre la biografía empresarial de su controvertido presidente. Según todas las informaciones, hasta su llegada a la Presidencia las actividades empresariales de Donald J.Trump se han centrado básicamente en negocios sucios inmobiliarios, como la adquisición de extensos solares o inmuebles, la construcción de grandes torres urbanas y su explotación comercial, aunque también haya tenido relevancia su participación en la explotación de lujosos casinos de juego y organización de grandes espectáculos. Negocios para los que se requiere una sustancial aportación inicial de dinero generalmente ajeno o financiación externa a medio y largo plazo.

En otras palabras, son empresas que requieren la aportación de inversiones millonarias que quedan asociadas al riesgo del posterior resultado del propio negocio; es decir, a la recuperación de esas inversiones mediante la comercialización posterior de apartamentos y locales, sea por venta o alquiler. Negocios en los que la procedencia ilegal del dinero facilita el crédito y disminuye sustancialmente su coste.

Es sabido que las inversiones de dinero sucio resultan más baratas para el receptor que las procedentes del dinero legal. De ahí la frecuencia con que los grandes negocios inmobiliarios son la vía más corriente para el lavado de dinero del narcotráfico, la corrupción o el latrocinio. Y asimismo se ven estimulados por entornos políticos neoliberales como demostró la crisis financiera.

Más aún, son un tipo de negocio cuya rentabilidad arriesgada en alto grado que, además de demandar sustanciales cifras iniciales de efectivo, depende mucho del entorno legal vigente, puesto que exige la obtención de permisos y autorizaciones de autoridades locales, regionales o nacionales, bien para la construcción como para la dotación de instalaciones y servicios o el alquiler o venta del producto final o de la administración y gestión de las viviendas y locales comerciales resultantes.

En otras palabras, la rentabilidad de los negocios inmobiliarios está ligada estrechamente con la política, la legislación y las reglamentaciones urbanísticas de cada país. De donde el logro de facilidades de las autoridades implicadas mediante el soborno reduce los costes finales y mejora la rentabilidad del negocio.

De ahí también la frecuencia con que la promoción inmobiliaria resulta asociada a la corrupción política de las autoridades y funcionarios implicados que flexibilizan la aplicación de leyes y reglamentos; o que simplemente las ignoran y toleran su inaplicación.

Los Grandes Negocios de Trump con la Mafia

Además de los jugosos sobornos recibidos para su campaña presidencial de parte de la Asociación Nacional del Ryfle y las empresas petroleras del “fracking”, es conocido que desde que se convirtió en presidente de los Estados Unidos, numerosas investigaciones y artículos han indagado en los negocios de Trump y sus presuntos vínculos con criminales y  personajes sombríos. Esto es relevante porque parece probable que, después de sus diversas bancarrotas, al menos una parte del imperio empresarial de Trump se haya construido sobre fondos imposibles de rastrear por su aparentemente vinculación con redes criminales.

Así, aprincipios de la década de 2000, una serie de quiebras significaron que Donald Trump fuera rechazado por la mayoría de los bancos prestamistas. En su búsqueda de crédito, comenzó a vender su marca comercial para proyectos inmobiliarios de alta gama. Un reciente informe de la veterana ONG británica Global Witness examina en detalle las conexiones criminales que impulsaron uno de esos proyectos, el Trump Ocean Club International Hotel y Tower en Panamá, y cómo este caso ofrece algunos de los mismos rasgos inquietantes que otras promociones inmobiliarias de Trump.

Es posible que Trump no se propusiera deliberadamente facilitar la actividad delictiva en sus negocios, señalan los autores del informe. Pero esta investigación muestra que vendía la licencia de su marca comercial de alto rango a promotores inmobiliarios de todo el mundo. Y uno de estos casos fue el lujoso Trump Ocean Club International Hotel and Tower en Panamá en cuya construcción y promoción los intereses financieros de Trump se alinearon con los de los delincuentes que buscaban blanquear ganancias ilícitas; sin que al parecer el empresario estadounidense hubiera hecho poco o nada para evitar esto. Y lo que está claro es que las ganancias del narcotráfico de los cárteles colombianos se lavaron a través del Trump Ocean Club mediante la compra de unidades hoteleras; y que Donald Trump fue uno de los beneficiarios, ganando decenas de millones de dólares.

En el caso del Trump Ocean Club, aceptar dinero fácil y posiblemente sucio, desde el principio habría sido en interés de Trump; porque era necesario un cierto volumen de ventas previas a la construcción para asegurar el financiamiento del proyecto, que a fines de 2010 le costaría 75,4 millones de dólares. Uno de los hombres involucrados en el plan fue David Eduardo Helmut Murcia Guzmán, quien posteriormente fue sentenciado a nueve años de prisión por un lavado de millones de dólares. Otro fue Alexandre Henrique Ventura Nogueira, quien vendió unidades en el Trump Ocean Club y más tarde admitió que algunas de las personas con las que hacía negocios eran miembros de la mafia. Los familiares de Trump supuestamente estuvieron involucrados en la administración directa de este proyecto panameño.

Según reveló The Washington Posten el 2015, el magnate Donald Trump hizo crecer su imperio inmobiliario a través de grandes contribuciones a campañas políticas y haciendo negocios con empresas de construcción y sindicatos manejados por la mafia.

En un reportaje de primera plana, el rotativo hizo públicos los resultados de una investigación de registros judiciales, así como de testimonios de Trump y otras personas sobre el ascenso empresarial del magnate, que habían sido mantenidos por décadas fuera de la esfera pública.

Ningún presidente serio ha tenido el mismo nivel de profundidad documentada de negocios con entidades controladas por mafiosos”, concluyó el diario.

Trump nació en Queens, Nueva York, y navegó en una de las industrias de construcción más corruptas del país para convertirse en un magnate, indicó el diario.

Entre las empresas controladas por mafiosos que tuvieron negocios con Trump figuran S&A Concrete, que proveyó materiales de construcción para la Trump Plaza en el East Side de Manhattan. Los dueños de S&A Concrete eran Anthony “Fat Tony” Salerno, jefe de la familia criminal Genovesa y Paul Castellano, jefe de la familia Gambino.

“Los dos hombres requerían que los proyectos de construcción multimillonarios obtuvieran el cemento a través de S&A, a precios inflados, de acuerdo con un encauzamento federal contra Salerno y otros”, señaló The Washington Post.

Salerno terminó en prisión acusado de pandillerismo. Su abogado Roy Cohn era también amigo y abogado ocasional de Trump. Aunque nunca fue acusado de un crimen, Cohn perdió su licencia antes de morir en 1986.

Trump, quien declinó repetidas solicitudes de The Washington Post para una entrevista, no ha sido acusado de alguna ilegalidad.

The Washington Post hizo notar que las familias de la mafia controlaban en esa época el “Club del Cemento”, un cártel de contratistas que arreglaban contratos, torpedeaba la competencia y controlaban los sindicatos de trabajadores cementeros.

“Casi todos los proyectos de construcción grandes de Manhattan durante ese periodo fueron construidos con participación de la mafia (…) Eso incluyó la Trump Tower, el flamante rascacielos de 58 pisos en Fifth Avenue, que fue construido con concreto reforzado”, apuntó el diario.

Expertos coincidieron que Trump y otros desarrolladores de proyectos inmobiliarios tenían que adaptarse al ambiente prevaleciente en Nueva York para poder hacer negocios en la ciudad.

“No es ilegal, pero no se podría decir que tampoco es algo bello. Era un sistema muy enfermo”, señaló el profesor de derecho de la Universidad de Nueva York, James Jacobs.

Trump ingresó al negocio inmobiliario de tiempo completo en 1968, después de graduarse de la Wharton School de la Universidad de Pensilvania, de acuerdo con el recuento del diario.

En Queens, trabajó con su padre, Fred Trump, quien era el propietario de una firma inmobiliaria de edificios de departamentos y de otras propiedades a lo largo del país.

En 1971 Trump se hizo cargo de la empresa y empezó a cultivar a los ricos y poderosos haciendo donaciones regulares a miembros de la maquinaria política demócrata de Nueva York.

“Alcaldes, presidentes de barrio y otros funcionarios electos eran francos en sus peticiones de efectivo para sus campañas y ‘préstamos’, de acuerdo con una comisión sobre integridad gubernamental. Trump ha dicho que entre más rico se volvía, más dinero donaba.

Un reporte estatal encontró que Trump ignoró los límites de aportaciones estatales de campaña individuales de 50 mil dólares, así como los límites corporativos de cinco mil diseminando sus pagos entre 18 empresas subsidiarias.

Las donaciones de Trump a campañas políticas fueron presentadas por una comisión estatal como ejemplo de la relación financiera entre los desarrolladores inmobiliarios y las autoridades de Nueva York.

Pero el diario señaló que el magnate también hizo negocios con la mafia en Atlantic City, para entrar al negocio de casinos. Un memorando del FBI confirmó que Trump estaba consciente del involucramiento de la mafia en Atlantic City.

Violador sistemático de las leyes

El corrupto republicano sufrió en el 2016 otro duro golpe. El fiscal general del estado de Nueva York pidió que la Fundación Trump deje de solicitar donaciones mientras no cumpla las leyes impositivas locales. La Fundación Trump nunca se registró en la oficina de obras caritativas y no ha presentado las declaraciones anuales auditadas que se requieren, señaló Eric Schneiderman en una carta pública. La fundación «debe cesar inmediatamente de solicitar contribuciones o de comprometerse en recaudación de fondos».

Al asumir la presidencia, Donald Trump presentó un plan complejo que, según él, lo aislaría de su negocio y evitaría los conflictos de intereses.

Pero abogados expertos en ética aseguraron que esto no era suficiente.

En una conferencia de prensa, Trump y su abogada sacaron la suficiente terminología legal y financiera que «la gente que quiere creer Trump se está ocupando del problema, puede apuntar a algo», dijo Larry Noble, consejero general del Centro Legal de Campañas, un grupo de vigilancia del gobierno.

«Pero la realidad es que él no se ha encargado de ninguno de los problemas», agregó el experto, y sus numerosos negocios siguen violando a diestra y siniestra las leyes.

Robert Mueller, el fiscal especial designado para la investigación de las supuestas irregularidades cometidas por el equipo de Trump durante la campaña presidencial, también puso la lupa en las transsacciones de negocios del presidente. La noticia se dio a conocer luego de que Trump dijera en declaraciones al New York Times que Mueller cruzaría la línea si toma la decisión de ir tras sus negocios.

El reporte de Bloomberg detalla que el fiscal especial investigaría compras hechas por diversos clientes a propiedades de Trump. “Esas transacciones están, desde mi punto de vista, más allá del mandato del fiscal especial”, dijo el abogado John Dowd en un comunicado enviado a Bloomberg.

En otra investigación, el New York Times reportó que los supuestos vínculos de Trump con el Deutsche Bank están también bajo investigación.

Según publicó el 16.06.2017 el Washington Post, el fiscal especial de, Robert Mueller, investiga las finanzas y actividades comerciales de Jared Kushner, marido de Ivanka Trump.

Además de los negocios de Kushner, el equipo del poderoso fiscal especial tuvo bajo la lupa los negocios de otros asesores del presidente: el exconsejero de seguridad nacional Michael Flynn, el exjefe de campaña de Trump Paul Manafort y el asesor de campaña Carter Page.

Pero las indagaciones sobre el yerno del presidente de EE.UU. son especialmente significativas, porque se acercan al círculo más próximo a Trump y examinan el gran entramado de negocios que Kushner, un multimillonario del sector inmobiliario, ha tejido durante años.

Sin embargo, las empresas del oligarca presidente siguen amasando hoy cuantiosas fortunas aplicando las mafiosas artimañas a las que están acostumbradas, mientras su dueño se entretiene creando todo tipo de crisis contra la humanidad.

¡Tal es el corrupto personaje que intenta gobernar el mundo desde la Casa Blanca!

En realidad, Donald Trump no es más que un claro ejemplo de la degradación moral y de principios que reina en los círculos de poder del decadente imperio norteamericanos.

fin

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