Donald Trump y sus asesores del partido republicano, intentan amedrentar a la población de Estados Unidos con el fantasma del comunismo, al emplear recursos de la llamada Guerra Fría.

El autoritario Trump, violador de todas las normas de la “democracia” como la libertad de pensamiento y expresión, acusa de ser socialistas a todos los que reclaman una mejor vida, para continuar de forma dictatorial, haciendo y deshaciendo lo que le viene en ganas.

No paga ni declara sus impuestos, amenaza, presiona y persigue a quienes piensan diferente, basándose en los preceptos que esgrimía el presidente Dwight Eisenhower:

“Nuestro objetivo en la guerra fría no es conquistar o someter por la fuerza un territorio. Nuestro objetivo es más sutil, más penetrante, más completo. Estamos intentando por medios pacíficos, que el mundo crea nuestra verdad. La verdad es que los americanos queremos un mundo en paz, un mundo en el que todas las personas tengan oportunidad del máximo desarrollo individual. Los medios que vamos a emplear para extender esta verdad se les suele llamar Guerra Psicológica. La Guerra Psicológica es la lucha por ganar las mentes y las voluntades de los hombres”.

Lo mismo que hace Trump, intentar ganar las mentes y voluntades de sus ciudadanos. Por eso pretendió que se inyectasen cloro contra la Covid-19; cuando fabrica y repite informaciones falsas que, según los analistas, son más de 20,000 mentiras, solo con el interés de sentirse un emperador; desafía líderes aliados, abandona acuerdos y organismos internacionales, alejándose del mundo.

Si Estados Unidos tuviera un sistema parecido al socialismo como el de Cuba, Venezuela y Nicaragua, sus ciudadanos contarían con sistemas de salud gratuitos, evitando que más de 210,000 personas murieran por la pandemia mal enfrentada por el propio Trump, quien repite desde enero 2020 que es “solo una gripe”.

Por esa razón, se niega al uso obligatorio del naso buco y como resultado de su pésima gestión, Estados Unidos posee siete millones 748 mil personas infectadas con el coronavirus Sars-2, que con su alto poder de contagio causa la muerte, especialmente de ancianos, obesos, diabéticos, asmáticos y cardiópatas.

Cuba, pobre y con una criminal guerra económica, comercial y financiera impuesta por el imperio yanqui, muestra lo que es el sistema de salud socialista, controla la pandemia con una cifra ínfima de fallecidos, gracias al desarrollo científico impulsado por una Revolución socialista.

Si el socialismo fuese el sistema adoptado por Estados Unidos, la educación sería gratuita para todos y ningún niño padecería de hambre, como hoy lamentablemente sucede en muchos países, incluidos los yanquis, donde la pobreza crece junto al desempleo, los sin casa y más de 20 millones de norteamericanos sin seguro médico.

Cifras oficiales indican que solo en el estado de Florida, existe el número grande de niños sin seguro médico de todo el país, por la pésima administración del capitalista Donald Trump, mientras en la Cuba socialista que intenta demonizar, todos los niños cuentan con servicios de salud gratuitos, que incluyen el derecho a nacer en un hospital, 12 vacunas contra enfermedades transmisibles, consultas médicas, operaciones, incluidos trasplantes de órganos y servicios odontológicos.

Un estudio reciente publicado por el Centro para Niños y Familias de la Universidad de Georgetown, asegura que en solo tres años (2016 al 2019), más de 55,000 niños de la Florida quedaron sin seguros médicos, y en toda la nación la cifra es de más de 726,000 niños sin cobertura médica para enfrentar cualquier enfermedad, lo que no sucede en el socialismo cubano, venezolano o nicaragüense.

El socialismo permite a los niños cubanos estudiar en escuelas de arte y de deporte sin consto alguno, cursar obligatoriamente hasta 9no grado, continuar sus estudios preuniversitarios e ingresar en cualquiera de las 14 universidades del país, sin pagar un centavo, ni discriminación racial, ni por creencias religiosas, políticas o por su procedencia social.

Eso pudieran conocerlo los estadounidenses, sin en su llamado “país de la libertad” los dejaran viajar a Cuba sin restricciones y la prensa informara la verdad, sin deformaciones ni mentiras.

Los emigrados cubanos cuentan con mejores posibilidades de trabajo, gracias al nivel escolar que adquirieron en el socialismo, situándolos por encima de otros latinoamericanos, pero parece que muchos olvidaron cómo era Cuba antes de 1959.

Un estudio llevado a cabo entre los años 1956 y 1957, por la “Agrupación Católica Universitaria de Cuba”, organización integrada por personas de las clases acomodadas del país, arrojó que:

Un 14% de los campesinos entrevistados padece o padeció de Tuberculosis; el 13% de los trabajadores agrícolas cubanos ha contraído la fiebre Tifoidea, pues solo un 6% de las viviendas en el campo tiene agua por tubería; el 64% de las casas carecen de baños, solo letrinas exteriores y ubicadas a menos de 30 metros del pozo de agua para beber, contaminándola.

La mayoría de las personas, especialmente los niños, padecen de parasitismo intestinal, al no contar con médicos ni programas de salud.

Más del 31% de los campesinos cubanos están contagiados con Paludismo”.

Por aquellos años la población rural era de unos 2 millones 500 mil personas.

En todos los campos cubanos solo existía un hospital con 11 camas, sin médicos ni enfermeras, los partos eran en las casas asistidos por mujeres que carecía de estudios, de ahí las altas cifras de muertes de niños y madres, algo erradicado por el socialismo.

En los años del capitalismo, que ahora en Miami pretenden pintar con colores, el 43% de los campesinos no sabían leer ni escribir, según el estudio de la “Agrupación Católica Universitaria”, y el 44% jamás asistió a una escuela. Solo la Revolución socialista alfabetizó a toda la población que no sabía leer ni escribir, en solo un año con el apoyo del pueblo.

La investigación de esa Agrupación constató la escasez de aulas rurales, la mala distribución de maestros en esas zonas, pues se concentraban en los grandes centros de población, olvidándose del campo.

También relataron:

“El patético problema del trabajo de menores; es cierto que muchas veces el padre se ve obligado a emplear a sus hijos menores en tareas impropias de su edad y restan a éstos la oportunidad de recibir una educación, aunque sea elemental”.

El estudio concluía con la siguiente reflexión:

“Ya es hora de que nuestra Nación deje de ser feudo privado de algunos poderosos; tenemos la firme esperanza de que, dentro de algunos años, Cuba será no propiedad de unos pocos, sino la verdadera Patria de todos los cubanos”.

Quienes organizaron el pasado 10 de octubre una caravana en Miami para “pedir la liberación de Cuba, Venezuela y Nicaragua, y alertar a Estados Unidos de los peligros del socialismo”, deben hablar de aquella realidad que encontró la Revolución en 1959 y el cambio radical alcanzado hoy, pese a la guerra económica y financiera, los planes y operaciones terroristas para afectar la vida económica de la Isla y culpar al socialismo.

En vez de perder el tiempo en campañas para llenar los bolsillos de picaros, deberían exigir más empleos, cobertura médica y de educación gratuita, la abolición de los desalojos y un enfrentamiento humano para evitar el incremento de muertes y contagios por la Covid-19, así como los asesinatos de norteamericanos negros a manos de policías blancos.

Sabio fue José Martí cuando alertó:

“Los pueblos de América son más libres y prósperos, a medida que más se apartan de los Estados Unidos”.

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