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Escribir libros «de manera espontánea» no es su «método»; algunos le llevaron años. Sin embargo, con Hegemonía y cultura en tiempos de contrainsurgencia. «Soft» le ocurrió algo distinto, le confesó el intelectual argentino Néstor Kohan al periodista cubano Rodolfo Romero Reyes, en una entrevista publicada recientemente por la revista Contexto Latinoamericano.  

Bajo el sello de la casa editora Ocean Sur, Soft es un texto nacido al calor de otras investigaciones. «Discutir de modo aislado el tema Cuba tiene connotaciones clarísimas (…). Ubicar metodológicamente los problemas sociales internos de Cuba dentro de ese contexto otorga sentido a sucesos aparentemente “inexplicables” (…). En cambio, responsabilizar exclusivamente y ensañarse (…) contra el Gobierno de la Revolución Cubana, sin mencionar la eclosión de una crisis multidimensional que ya es planetaria, no solo es una falacia, sino que carece completamente de seriedad política e intelectual».

«Por eso me decidí a publicar este libro. Para intentar contextualizar los debates, desmontando la red de falacias y manipulaciones que hoy se presentan en un formato aparentemente “republicano” y “socialdemócrata”, pero que en el fondo intentan desmembrar los hilos tejidos pacientemente por Fidel en función de la hegemonía socialista y la defensa irrenunciable de la soberanía cubana (y nuestro-americana) frente al imperialismo norteamericano», remarcó.

No es casual que Néstor Kohan haya pospuesto sus demás investigaciones para profundizar en la Cuba actual. Doctorado en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, donde ejerce la docencia, es fundador de la Escuela Nacional Florestan Fernandes del Movimiento Sin Tierra de Brasil y coordinador de espacios como el Grupo de Investigación de Clacso Marxismos y Resistencias del Sur Global y la Cátedra Che Guevara. Está clara su posición ante la actividad injerencista y el accionar de la contrainsurgencia en el ámbito de las artes, la cultura, las ciencias sociales, las letras y los movimientos sociales.

Con la seguridad  de que «las mejores guerras se ganan sin combatir, el autor aseguró que «el Big Brother imperial (…), arrogante y amenazador, con su casa en llamas, te observa y controla tus comunicaciones. Se mete en tus sueños, emociones y fantasías. Manipula lo que se ve, se oye y “se habla”. Marca agenda (…) ¿Se puede resistir? Sí, se puede. Baraguá. Moncada. Girón. Goliat no es invencible».

«El sistema capitalista, el imperialismo, los diferentes fascismos y la contrainsurgencia no solo asesinan, torturan, hacen desaparecer gente, vigilan, persiguen, censuran y encarcelan a la militancia revolucionaria. Al mismo tiempo construyen hegemonía (…) en los ámbitos minimalistas de la vida cotidiana», sostuvo.

Explicó que la generalización para todo el orbe, y en particular para Nuestra América, del american way of life se logra a través de películas románticas y de acción, a través de la música, la vestimenta y los gustos personales, operando en el campo del inconsciente colectivo.

«Para el caso específico de Cuba, la inmensa red de telaraña contrainsurgente que se emplea cotidianamente desde instituciones oficiales o paraestatales de Estados Unidos, con una masa gigantesca de dinero que se le roba a la ciudadanía estadounidense y se emplea para aplastar toda disidencia, ha perseguido y continúa intentando ganar las emociones, los sentimientos y las fantasías del pueblo cubano. Ese accionar ha empleado todas las formas de lucha», insistió.

El objetivo de tal maquinaria, argumentó, es «deslegitimar la Revolución Cubana mientras se trata de vender la peregrina ilusión de que la Florida es “la Nueva tierra prometida”. Un lugar relativamente cercano (90 millas), donde se puede llegar a ser fácilmente “norteamericano” sin saber hablar inglés, jugando al dominó con los pies descalzos y en camiseta. Una pretendida “utopía” de mesa de saldos, que reaparece en mil películas aparentemente “apolíticas”».

En resumen: «Al pueblo cubano hoy pretenden venderle la Florida y Miami como “el mejor de los mundos posibles”. Una mercancía degradada y de cuarta categoría, difícil de comprar hasta en una feria de baratijas», pues ese antiguo sueño americano «está hecho añicos. El imperialismo estadounidense hace agua por todos los flancos. Vive una crisis humanitaria de envergadura».

Con ese propósito, han tratado de crear artificialmente una jabonosa y falsa izquierda no revolucionaria, ajena y reacia al legado inasimilable de Fidel Castro y el Che Guevara, apuntó.

 Sobre cuán peligrosa es esta falsa izquierda y de qué manera ha pretendido legitimarse, afirmó que «resulta muy sencillo destruir al enemigo, oponiéndole discursos y corrientes aparentemente similares, que a primera vista parecen pertenecer a la misma familia, cuando en realidad trabajan en sentido radicalmente opuesto y antagónico –aseveró–. Para destruir el prestigio y el atractivo de procesos sociales emancipadores y el carisma de sus principales liderazgos, qué mejor que emplear ciertos discursos aparentemente “progresistas”, pero que en el fondo apuntan a deslegitimar el atractivo popular de la tradición anticapitalista y antimperialista.

«El supuesto “progresismo” cubano, con dinero de la Fundación de Soros y la Fundación Ebert en sus cuentas bancarias o debajo del colchón, no es la excepción (…). Cuando se les pone al descubierto chillan, se victimizan, se ubican en el rol de “incomprendidos” o “perseguidos”. Pretenden no pagar un costo político por ponerse al servicio del imperio y terminar viviendo de ese dinero sucio», subrayó.

«La Revolución Cubana (…) ha sido heterogénea desde su origen hasta el día de hoy. El liderazgo de Fidel logró aglutinar esa diversidad de afluentes y tradiciones (…). De ahí la enorme riqueza y el poderoso atractivo de una revolución que convoca a todo el universo revolucionario sin dogmas preconcebidos ni anteojeras sectarias.

«Los pequeñísimos núcleos que hoy intentan venderse como una “izquierda novedosa” a través de un formato “socialdemócrata” y “republicano” se esfuerzan por desmontar esa prolongada acumulación político-cultural. Y los caracterizamos como “pequeñísimos núcleos” porque son realmente microscópicos, y ni siquiera han logrado formar una organización sólida, con un programa unificado, una ideología coherente, un liderazgo de masas. Hablemos con claridad. Tres blogs y dos páginas de internet son tan volátiles y efímeros como una nube en medio de una tormenta caribeña, aunque cuenten con mucho dinero proveniente de Estados Unidos, Alemania, y propaganda de la Florida».

Para construir esos «pequeñísimos núcleos», amplía Kohan, «el enemigo mezclará la seducción intelectual y una remuneración acorde (¡justo en una época de grandes necesidades económicas para los sectores populares!), el ofrecimiento “altruista y sin pedir nada a cambio” de un sitio pago de internet “para decir lo que venga en gana” (pero sabiendo que hay que decir ciertas cosas… y no hay que decir otras… porque, si no, se acaba el financiamiento del sitio web). Pero, si una persona es revolucionaria y está completamente segura de sí misma (…) jamás aceptaría la manzana envenenada del enemigo».

«Si se logra constituir una “socialdemocracia” cubana –de lo cual tengo mis serias dudas– no se parecerá a la de Suecia o a la de Noruega. Tendrá el sello inconfundible de Puerto Rico (no el del heroico Puerto Rico que lucha desde hace largo tiempo por su independencia, sino el del Puerto Rico oficial, arrastrado, servil y sumiso ante el amo imperial).

«De la mano del imperialismo y su sucio financiamiento, no hay posibilidades de “terceras vías” (…). Al lado de la cerca del amo imperial y bajo la sombra de sus árboles, quienes renieguen de la lucha nacional antimperialista y de los proyectos que con mayor o menor fortuna han intentado iniciar la transición al socialismo, terminarán humillándose sin pena ni gloria», aseguró Néstor Kohan.

Tomado de Granma

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