Por Nancy Nuñez Pirez

Confieso que estuve un tanto motivada  a escribir sobre el explorador  amigo de Cuba al  publicarse   de nuevo  en las redes sociales una  foto en la que Thor  aparece  junto a Fidel  y, supuestamente, también está con ellos Jill Biden, la esposa del actual presidente de los Estados Unidos. La imagen, bajo el título ¨ Castro: el gran encantador”, fue publicada  en el diario noruego ¨Verdens Gang¨, el 18 de noviembre del 2003.

Todo parece indicar que fue tomada de la cuenta Instagram del Museo Kon-Ti-ki, entidad que la reprodujo tras el fallecimiento del líder cubano, el 26 de noviembre del 2016. El despacho incluyó otra imagen y una postal firmada por el líder de la Revolución cubana en el 2014, en la que  se dijo:

“En la celebración del centenario del nacimiento de Thor Heyerdahl, Fidel Castro envió una tarjeta. En el libro conmemorativo del @kontikimuseet  encontramos imágenes de un agradable encuentro de Castro con Thor Heyerdahl y su conyugue  Jaqueline Beer”.

Reorganizando  fotos, en estos tiempos de confinamiento, encontré las del explorador  y etnógrafo noruego Thor Heyerdahl, ferviente admirador  de Fidel Castro,  cuya amistad  se desarrolló en notables encuentros que tuve oportunidad de disfrutar.

Foto inédita, del archivo de la autora.

Por esos hechos fortuitos de la existencia, ambos coincidieron, cada uno desde sus obras,  a los 33 años con situaciones  destacadas de su historia  personal: Fidel al frente del ejército rebelde triunfa al derrotar la tiranía y encabeza una Revolución transformadora, en tanto Thor , doce años antes de 1959, se lanzaba a una expedición marítima, sin saber nadar, en una barca primitiva, para recorrer 8 mil Kms. desde Sudamérica hasta la Polinesia, demostrando  que el flujo migratorio  entre áreas geográficas  se realizaba  a través de las corrientes marinas desde épocas prehistóricas.

Volviendo a las fake news, la  mujer que aparece en la imagen en cuestión, no es la actual primera dama de Estados Unidos, sino la última esposa de Thor, la ex actriz y modelo francesa Jacqueline Beer, con quien  se casara en 1991, cuando él tenía 77 años.

En este tuit se afirma que Jill Biden posa junto a Heyerdahl y Fidel Castro, pero la mujer de la foto es la última esposa de Thor, la ex actriz y modelo francesa Jacqueline Beer.

La Dra. Biden visitó Cuba, pero del 6 al 9 de octubre  del 2016, catorce años después de que falleciera  Thor Heyerdahl y con el propósito de reunirse con “funcionarios  del Gobierno y participar con un amplio espectro de cubanos sobre temas relacionados con la cultura, la educación y la salud”, según el comunicado de la Casa Blanca fechado el 6 de octubre del 2016.

Thor llegó a Cuba por primera vez en noviembre  de 1985, donde puso constatar la fuerza destructiva del  poderoso huracán Kate con vientos entre 150 y 200 km/h.  A punto de marcharse se lamentaba de irse sin conocer a Fidel, quien estaba de recorrido por  las provincias afectadas por el meteoro, precisando los  daños para emprender medidas de recuperación.

Fidel tenía en su agenda un encuentro con el legendario navegante de la Kon Ti-ki  pero aquellas circunstancias le llevaron  a que, para poder conversar  con tan ilustre visitante, le invitara a participar del recorrido. Thor contaría después la impresión que le provoca la fuerte personalidad de Fidel, su carisma y el estrecho vínculo con su pueblo. Entre ellos hubo una sincera amistad.

A sus 72 años cuando le conocí, tuve la sensación de estar ante  uno de aquellos vikingos que aparecen en las películas. Alto, delgado, de ojos azules, reacio a las fatuidades y a las manifestaciones presuntuosas, le gustaba conversar, escribir y leer  un buen libro. Le encantaba estar en nuestro país  y visitar las provincias para conocer mejor la identidad  cubana.

El avezado explorador admiraba los avances de  Cuba en diferentes sectores, sobre todo  los de la salud pública y, en especial,  la biotecnología. Subrayaba  que los cubanos habían logrado estándares científicos, sociales y culturales del primer mundo.

Thor se inclinó tempranamente por la antropología, siendo estudiante de geografía y etnología en la universidad de Oslo. Al cumplir 22 años, recién casado, se fue a vivir con su primera esposa, Liv Coucheron-Top, a unas de las islas de la Polinesia para estudiar las costumbres y vida de los diferentes grupos nativos. Allí permaneció durante un año en condiciones similares a los oriundos del lugar y, solía decir, obedeciendo a su preferencia por el contacto con la naturaleza.

Once años más tarde, el 28 de abril de 1947,  convencido de que la Polinesia había sido habitada por pueblos precolombinos, junto con otros exploradores, cuatro  noruegos y un sueco, especializados en la navegación y en las comunicaciones, se lanza a la aventura de la Kon Ti-ki .

La famosa balsa, construida por artesanos peruanos, tenía un mástil de nueve metros de altura y una vela cuadrada de 27, con la figura de la principal deidad polinesia, dibujada por uno de los exploradores, Erik Hesselberg. Parten de El Callao el 28 de abril de 1947  y navegan hasta llegar  al atolón de Raroia de las islas Tuamotu, en el Océano Pacifico, el 7 de agosto del propio año.

Luego  de la triunfante  aventura, publica en 1951 su libro narrando la experiencia, éxito editorial absoluto divulgado en 66 lenguas. Lo recaudado por la venta -me comentó en Liguria Italiana, donde tuve oportunidad de visitarle-, le sirvió  para comprar, a bajo coste, aquel terreno en un pueblecito de data medieval, aledaño a la Vía Julia, importante calzada romana construida en el año 13 d.n.e.

Naturalista innato y hombre de acción  fabricó  sus propios muebles con madera del pequeño bosque en su predio, tras restaurar  su vivienda y las de sus hijos para luego habilitar el suministro de agua y otras necesidades familiares, así como lo requerido para la crianza de animales y el cultivo de alimentos.

Foto inédita, del archivo de la autora.

Su último  viaje a Cuba fue en febrero del  2002, para asistir a la Feria Internacional del Libro dedicada a Francia y al intelectual cubano Miguel Barnet. Dos meses más tarde se le declara una enfermedad terminal que, pese a todo, le permite despedirse de los suyos con una frase proverbial: ¨ha llegado la hora de que haga el viaje que me falta¨, como si estuviera preparando otra expedición para confirmar lo que expresó al entonces Secretario General de la ONU, Kurt Waldheim, en una carta que le enviara  en 1978,  tras dar fuego a la nave Tigris  como protesta por las guerras en la zona del mar Rojo:

«Nuestro planeta es más grande que los barcos de juncos que nos han llevado a través del océano y, a la vez, lo suficientemente pequeño como para correr los mismos peligros, a menos que los que vivimos en él nos demos cuenta de que estamos ante una necesidad desesperante de cooperar de forma inteligente para salvarnos a nosotros mismos y a nuestra civilización de lo que estamos a punto de convertir en un naufragio».

Tomado de Cubaperiodistas

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