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Se hace evidente que la mujer necesita participar de la lucha contra la explotación, contra el imperialismo, el colonialismo, el neocolonialismo, el racismo; en dos palabras:

La lucha por la liberación nacional.

Pero cuando al fin se alcanza el objetivo de la liberación nacional, las mujeres deben seguir luchando por su propia liberación dentro de la sociedad humana.

¿Podemos afirmar acaso que la mujer cubana ha adquirido en la práctica plena igualdad de derechos y que está absolutamente integrada a la sociedad cubana?

La realidad es que aún subsisten factores objetivos y subjetivos que mantienen una situación de discriminación con relación a la mujer.

Claro que si nosotros comparamos nuestra situación actual con la que existía antes de la Revolución los avances son enormes.

Ni siquiera es posible hacer comparación alguna entre la situación que tenía antes la mujer y la situación que tiene actualmente.

Pero aquella situación que encontró la Revolución justificó plenamente la creación de la Federación de Mujeres Cubanas.

Porque nuestra experiencia nos enseña que cuando un país subdesarrollado como el nuestro se libera e inicia la construcción del socialismo, es necesaria una organización de masas como esta.

¿Qué habría hecho el Partido sin esta organización de mujeres? ¿Qué habría hecho la Revolución?(…)

Baste recordar que entre esas tareas había varias de mucha importancia.

En primer lugar, las tareas relacionadas con la defensa de la Revolución y de la patria

la lucha contra el analfabetismo

la lucha por la educación de las hijas de los campesinos, la lucha por la preparación de las trabajadoras domésticas para empleos productivos, la lucha contra la prostitución, la lucha por incorporar las mujeres al trabajo, la lucha por crear los círculos infantiles, las tareas de apoyo a la educación, las campañas de salud pública, los trabajos sociales, la profundización de la conciencia política e ideológica de las mujeres y la lucha por el desarrollo de un espíritu internacionalista, en el seno de la mujer cubana.

Pero ahora, en esta etapa actual de la Revolución, la mujer tiene una tarea fundamental, una batalla histórica que librar.

¡La lucha por la igualdad de la mujer!

¡La lucha por la integración plena de la mujer cubana a la sociedad!

Tienen que luchar juntos mujeres y hombres

Y eso lo debemos comprender los revolucionarios, y lo deben comprender las propias mujeres.

No es solo desde luego una tarea de las mujeres. ¡Es una tarea de toda la sociedad!

Pero no ha de asustarse nadie porque se hable de la igualdad de la mujer en el seno de la sociedad, aunque algunos se asustaron cuando se lanzó a la discusión el Proyecto de Código de Familia.

Y no vemos por qué haya de asustarse nadie, porque de lo que no debemos realmente asustarnos como revolucionarios es de que tengamos que admitir la realidad de que todavía no hay absoluta igualdad de la mujer en el seno de la sociedad cubana.

Lo que debe preocuparnos como revolucionarios es que la obra de la Revolución no sea todavía completa.

¿Y cuáles son esas dificultades de orden subjetivo? El problema de una vieja cultura, de viejos hábitos, de viejas mentalidades, de viejos prejuicios.

En la investigación que se hizo, se demostró que había actitudes por parte de los hombres, actitudes negativas, y que había también actitudes negativas por parte de algunas mujeres, y que esto requería un especial esfuerzo de educación.

Nosotros creemos que esta lucha contra la discriminación de la mujer, esta lucha por la igualdad de la mujer y por la integración de la mujer, debe de realizarla toda la sociedad.

Y es tarea, en primer lugar, de nuestro Partido, es tarea de nuestras instituciones educacionales, y es tarea de nuestras organizaciones de masas todas.

Quizás estos factores subjetivos impliquen una lucha mayor todavía que los elementos objetivos.

Pero quedan muchos hábitos de los tiempos en que la mujer era también una propiedad dentro de la sociedad. Y estos hábitos de pensar hay que erradicarlos.

Y entendemos que el propio Código de Familia, que tantas discusiones trajo, es un importante instrumento legal y educativo para ayudar a superar esos hábitos y esos prejuicios.

Pero para alcanzar esos objetivos tienen que luchar juntos mujeres y hombres; tienen que tomar conciencia del problema seria y profundamente las mujeres y los hombres. Tienen que librar juntos esa batalla.

¡Y nosotros estamos seguros de que se librará y de que se ganará!

Porque, cuando se juzgue a nuestra Revolución en los años futuros, una de las cuestiones por las cuales nos juzgarán será la forma en que hayamos resuelto en nuestra sociedad y en nuestra Patria los problemas de la mujer.

Claro que las sociedades explotadoras, las sociedades de clases, explotaron a la mujer, la discriminaron y la hicieron víctima del sistema. La sociedad socialista tiene que erradicar toda forma de discriminación de la mujer y toda forma de injusticia y toda forma de discriminación de cualquier tipo.

Pero la mujer tiene otras funciones también en la sociedad. La mujer es el taller natural donde se forja la vida.

Son por excelencia las creadoras del ser humano.

Y digo esto porque, lejos de ser objeto de la discriminación y de la desigualdad, la mujer merece especiales consideraciones de la sociedad.

Si en la sociedad humana ha de haber algún privilegio, si en la sociedad humana ha de haber alguna desigualdad, deben ser algunos pequeños privilegios y algunas pequeñas desigualdades en favor de la mujer.

Por eso nosotros apelamos a nuestros maestros, apelamos a los padres, apelamos a nuestras organizaciones juveniles y de pioneros, para que les presten especial atención a estas normas de conducta en los niños; a estas normas de conducta en nuestros jóvenes.

Porque sería muy triste que con la Revolución no quedaran ni siquiera las reminiscencias de lo que en las sociedades burguesas algunos hombres hacían por razones de caballerosidad burguesa o feudal.

¡Y frente a la caballerosidad burguesa y feudal, debe existir la caballerosidad proletaria, la cortesía proletaria, la urbanidad proletaria y la consideración proletaria hacia la mujer!

La Revolución tiene en las mujeres cubanas hoy día un verdadero ejército, una impresionante fuerza política.

Y por eso la Revolución es sencillamente invencible.

Porque cuando la mujer adquiere ese nivel de cultura política y de militancia revolucionaria, quiere decir que el país ha dado un salto político muy grande, que nuestro pueblo se ha superado extraordinariamente, que la marcha de nuestra patria hacia el futuro no la puede ya detener nadie. Solo que cada vez deberá ser mejor, cada vez deberá ser superior.

Y por eso es tan fuerte la Revolución:

por sus organizaciones de masas, por la conciencia política del pueblo y por su Partido de vanguardia.

Y creo que todos los compañeros están conscientes de que esa es una necesidad de la Revolución, de la sociedad y de la historia.

Los grandes revolucionarios contemporáneos siempre comprendieron el papel de la mujer: Marx, Engels, Lenin.

Lenin dijo aquello que se ha repetido aquí bastante de que no se alcanzaría la victoria plena del pueblo si no se lograba la completa liberación de la mujer.

Y Martí, el apóstol de nuestra independencia, tuvo conceptos muy elevados y expresó cosas muy bellas sobre la mujer; y no solo bellas, sino profundas y revolucionarias.

Como cuando dijo que las campañas de los pueblos solo son débiles, cuando en ellas no se alista el corazón de la mujer.

Y sé que en el corazón de los revolucionarios y en el corazón de todo el pueblo calarán profundamente las justas aspiraciones y los justos ideales de ustedes, las mujeres cubanas.

Nadie como ella ha hecho los mayores sacrificios

Yo estoy absolutamente convencido de que la sociedad ganará más en la medida en que sea capaz de desarrollar y aprovechar las calidades, las capacidades morales, humanas e intelectuales de la mujer. Estoy absolutamente convencido. Y precisamente lo que diferencia una sociedad justa, una sociedad socialista de la capitalista, es esto.

Solo la Revolución Socialista puede elevar a la mujer de su condición de esclava, de instrumento de placer, de víctima de todos los prejuicios, de cruel discriminación social en la sociedad de clases, a la plena igualdad, dignidad y oportunidad en el socialismo.

Si aún no lo hemos logrado cabalmente, avanzamos por ese camino y con su propia lucha y la de todos los revolucionarios alcanzaremos esta histórica, justa e irrenunciable meta de nuestra Revolución.

La Patria entera recibirá sus frutos. Es imprescindible para el futuro humano que la sociedad pueda disfrutar los beneficios que pueden ofrecerle la abnegación, espíritu de sacrificio, insuperable sentido de responsabilidad y toda la capacidad política, administrativa y humana de que la naturaleza dotó a la mujer.

Sin la mujer, la obra ingente de la Revolución no habría sido posible. A lo largo de estos años difíciles, no ha habido tarea económica, social y política, no ha habido logro científico, cultural y deportivo, no ha habido aporte a la defensa de nuestro suelo y de la soberanía de la Patria, que no haya contado con la presencia invariablemente entusiasta y patriótica de la mujer cubana.

Nadie como ella ha hecho los mayores sacrificios (…), ni se ha empinado tanto hasta convertir en hazaña el esfuerzo cotidiano.

Fuentes:

Discurso pronunciado en el acto de fusión de todas las organizaciones femeninas revolucionarias en el Salón-teatro de la CTC, el 23 de agosto de 1960.

Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz en el acto de clausura del II Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas, efectuado en el teatro «Lázaro Peña», el 29 de noviembre de 1974.

Discurso pronunciado en la clausura del III Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas, Teatro Karl Marx, 8 de marzo de 1980.

Periódico Granma, 23 de Agosto de 2013.

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