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Reinier Alejandro

En las últimas horas voces diversas se han pronunciado sobre los sucesos que protagonizan miembros del denominado Movimiento San Isidro. Dos elementos principales nos llevan a muchas personas a cuestionarnos varias cosas, desde el motivo que justifica sus acciones (la detención y sentencia del ciudadano Denis Solís) hasta la supuesta huelga de hambre.

Analicemos cada una por separado.

Denis Solís cometió un delito de desacato incuestionable. El código penal cubano, en su artículo 144.1, establece que “El que amenace, calumnie, difame, insulte, injurie o de cualquier modo ultraje u ofenda, de palabra o por escrito, en su dignidad o decoro a una autoridad, funcionario público, o a sus agentes o auxiliares, en el ejercicio de sus funciones o en ocasión o con motivo de ellas, incurre en sanción de privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas”.

En virtud de ello, Denis Solís fue sancionado por un tribunal, con todas las garantías procesales. No se trató de un delito improbado o improvisado. Basta ver la prueba principal, el video que el propio Solís hizo el favor de grabar y subir en directo a las redes sociales. En este material se constata, sin dificultad alguna, todo lo que establece el delito de desacato en Cuba.

Desconozco qué fue a hacer el agente de la autoridad a casa de Solís, pero era evidente que estaba en el ejercicio de sus funciones cuando ocurrió el desacato. Se trata de un oficial de la Policía Nacional Revolucionaria, con el grado de Capitán, que supuestamente entró a su casa sin permiso —algo que no queda claro en el video— a quien Solís amenaza, calumnia, difama, insulta, injuria y ofende de todas las maneras posibles.

Frases como “esbirro”, “sicario”, “penco envuelto en uniforme”, “rata”, “mariconsón” y “capitana” salieron violentamente de la boca de Solís durante poco más de siete minutos y quedaron a disposición de todos para ser consultada en las redes. El agente de la autoridad solo se retiró del lugar y fijó en su celular la actitud de Solís, quien, además, amenazó con escupirlo si regresaba.

¿Cuál habría sido en los Estados Unidos, por ejemplo, la actitud de un policía ante un hombre joven y negro que lo increpa, lo ofende y lo desafía?

Sabemos de sobra la respuesta. Donde menos posibilidades tendría de llegar es ante un tribunal. Con buena suerte quedaría paralizado de por vida tras recibir más de siete disparos a quemarropa o moriría ahogado con una rodilla sobre su cuello.

Ceder y liberar a Solís es sentar un precedente para el caos y la anarquía en el país, donde cualquier delincuente sentirá que arropándose en el papel de “opositor” tiene el derecho o una patente de corso para irrespetar o atentar contra la autoridad.

¿Toleraría el sistema policial y judicial norteamericano, o de cualquier otro país capitalista, que un ciudadano que se proclame comunista y opositor, desacate su autoridad y quede impune?

La respuesta es clara también y sobran ejemplos.

Pero el asunto no queda solo en el delito de desacato. Recién acaba de trascender un video donde se ve a Denis Solís, en un perfecto primer plano, reconociendo de manera clara y directa, sin tapujos, que recibía dinero de cubanos asentados en EE.UU., relacionados con actividades terroristas, para que este realizara acciones contra la Revolución cubana, que no se especifican, y que arrastrara consigo a los miembros del Movimiento San Isidro.

Se trata de José Luis Hernández Figueras, radicado en el sur de la Florida, miembro de la organización terrorista autodenominada “Lobos solitarios” y a quien un material divulgado en el sitio Razones de Cuba, asocia como autor de varios hechos de sabotaje en Cuba, circulado por las autoridades cubanas desde el año 2017.

Durante su directa del desacato al oficial de la policía, Solís se identifica claramente como un “lobo solitario”.

Solís no ha sido juzgado por nada de lo anterior, es solo una declaración de su propia voz, pero suficiente para tener claridad de que no estamos ante el pseudoartista inocente, ni ante la víctima que quieren pintarnos, lo que se hace extensivo al Movimiento San Isidro.

Esta es la causa de la llamada huelga de hambre que dicen realizar los miembros del Movimiento San Isidro. Se trata de una acción de presión sin razón, ni base alguna.

Todo lo que ha acontecido alrededor de esta huelga, guiándonos por las informaciones que publican los presuntos huelguistas en sus redes sociales, deja mucho que dudar.

El escepticismo mayor nos llegó a muchos durante el fin de semana. Al mediodía del pasado sábado, medios como Cibercuba y algunos amigos de los integrantes del Movimiento San Isidro, utilizaron frases como “muy débiles”, al “borde del colapso” o hacían alusión a una muerte inminente de los huelguistas, porque habían pasado 72 horas y tres de ellos no habían bebido un sorbo de agua, ni ingerido un grano de arroz.

Algunos incluso publicaron lo que la ciencia ha demostrado que le pasa al cuerpo humano cuando es llevado a estos extremos, en ese preciso tiempo, poniendo énfasis en procesos de deshidratación, deterioro encefálico, cardiovascular y renal, entre muchos otros.

Para la media tarde del sábado todo pintaba un panorama apocalíptico y terrible. Leyendo lo anterior cualquiera podía pensar en jóvenes moribundos, incapaces de valerse por sí mismos y en una inminente muerte en masa. Era lógica la empatía y solidaridad de muchos que pensaron con el alma limpia y no con el morbo político de la situación.

Pero horas después, la media-noche trajo sorpresas cuando envueltos en una riña personal contra un agresor externo, los que nos habían dicho que estaban en las últimas, aparecieron frente a las cámaras de los celulares con energías renovadas, agresivos, violentos, muy vitales. Corrían con espíritu guerrero de un lado a otro, hablaban con coherencia durante transmisiones en directo, fumaban cigarrillos, se valían completamente por sí mismos.

Faltaban pocas horas para que hicieran cuatro días que llevaban sin probar una molécula de agua, ni un grano de frijol. ¿Cómo se pudo pasar de un estado de gravedad extrema a este de vitalidad sin límites, literalmente de la tarde a la noche? ¿Es posible a 96 horas de una huelga extrema, de sed y hambre, por muy fuerte que sea el organismo, tener tal condición física? ¿Estamos ante una huelga o ante ayunos prolongados, en los que solo se come, por ejemplo, una vez al día?

Durante el cuarto día continuaron mostrándose vitales, consultando sus celulares, con la piel brillosa de sudor o mostrando afecto y atención hacia sus seres queridos. Una de las que se dice huelguista de hambre, no de sed, Ileana Hernández, que juega al papel de reportera, hace varias transmisiones en directo, donde habla, camina, dialoga y en ninguna hay asomo de fatiga, ni de hambre.

En lo personal, lo anterior me resulta suficiente para dudar de lo que hoy ocurre en San Isidro. Que comiencen a mostrar fotos, presuntamente débiles, pudiera ser una acción lógica ante los gazapos anteriores.

De existir realmente algún tipo de huelga, quisiera sinceramente que la afectación en términos de salud para esas personas fuera mínima, que la depongan sería lo mejor solo para ellos. Son seres humanos por encima de todo, y nadie merece sentir, ni que su cuerpo padezca, los terribles efectos que dejan acciones de este tipo. La Revolución nos enseñó desde su gestación en la Sierra Maestra que la salud del enemigo se respeta.

De persistir, lo estarían haciendo sin causa justificada. El argumento de la liberación de Denis Solís carece de total sustento. Sería lo mismo que hacer una huelga de hambre abogando por un país de caos y anarquía total. Algo totalmente absurdo e irracional.

Mientras, muchos seguirán alimentando su morbo mediático. A muchos de esos no les importa la salud de esas personas e incluso quisieran un desenlace fatal, porque es lo que más les sirve para sus ataques a la Revolución cubana. Por ello, la realidad de todo lo que pasa en San Isidro la callan convenientemente.

El Movimiento San Isidro nunca podrá movilizar al pueblo de Cuba, quedará siempre en sus acólitos aislados. La imagen de este agrupamiento es degradante a los mejores valores del pueblo cubano y a la decencia ciudadana; es transgresora de todas las herencias culturales del país; representa lo peor de la nación por su decadencia, chabacanería y vulgaridad visibles en cientos de horas de transmisiones de video que ellos mismos han realizado.

La lectura de poesía, de una semana para acá, no podrá arrancar de tajo la grotesca imagen que han sembrado.

Es un movimiento carente de soberanía, donde precisan del financiamiento externo y de los consejos y la atención del representante norteamericano en La Habana, de afanarse de su trumpismo medular, de exhibir gloriosos la bandera del país que más daño ha hecho a Cuba.

Es un movimiento que no pasará de ser la caricatura que siempre ha sido la contrarrevolución en Cuba.

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