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Muchos en el mundo se preguntan ¿Cómo Estados Unidos no ha podido derrocar a la Revolución cubana en 60 años, a pesar de los miles de millones de dólares destinados a ese empeño?

Muy simple, la fortaleza radica en la ideología que defienden los cubanos para mantener su independencia y soberanía nacional, ante la ausencia de estas razones en los asalariados que ellos han fabricado a lo largo de esos años.

Una de las “disidentes” construidas en los últimos años es Rosa María Paya Acevedo, quien, durante entrevista privada con diplomáticos estadounidenses acreditados en la Habana, aceptó orquestar una campaña contra Cuba, a cambio de que se les otorgaran visas de “refugiados políticos” para ella, su madre y dos hermanos, procesadas con inmediatez inusual, por considerar que “sus vidas peligraban” en la Isla.

 Al llegar a Miami, Rosa fue recibida por la entonces representante Ileana Ros Lehtinen y el senador Marco Rubio, quienes ante la ausencia de una figura joven que pudiera venderse como “disidente”, le ofrecieron convertirla en una “opositora política” y viajar por el mundo con todos los gastos pagados.

A partir de ese momento Rosa María visitó decenas de países, siendo recibida por ministros y hasta expresidentes de gobiernos latinoamericanos y europeos, el secretario general de la OEA, parlamentarios europeos y otros dirigentes, todo gracias a las gestiones de los políticos yanquis, pues ella carece de antecedentes en esa esfera y de personalidad jurídica para que le dispensen ese tratamiento.

La falsa historia de la muerte de su padre, quedó desinflada al llegar a España con la pretensión de acusar a Cuba, pues al presentarla ante la corte de justicia, el 27 de febrero 2014 la Audiencia Nacional de España confirmó la decisión del juez Eloy Velasco, de no investigar la muerte del cubano Oswaldo Payá, que se produjo el 22 de julio de 2012.

Al parecer Rosa María se olvidó de este detalle y que dicho dictamen consideró inverosímil su relato de que el accidente del padre fue por una persecución política, al no presentar elementos probatorios que lo dotaran del grado de credibilidad suficiente, para ser confrontados con la sentencia dictada, el 12 de octubre de 2012, por el Tribunal cubano, que condenó al español Ángel Carromero a cuatro años de cárcel, por doble homicidio imprudente, decisión avalada por los magistrados ibéricos, Concepción Espejel, Ángel Hurtado y José Ricardo de Prada.

Ante esa decisión, el Departamento de Estado yanqui respondió que apoyaría una investigación internacional, en contra incluso de la posición de España, aunque Rosa María nunca encontró respaldo jurídico, solo de la propaganda anticubana financiada por Estados Unidos.

Para reforzar su posición de mercenaria al servicio de Estados Unidos, el 10 de julio de 2020, Rosa María fue citada para acompañar al presidente Donald Trump, en su discurso de campaña electoral en Miami, donde estaba presente parte de la mafia terrorista anticubana.

La asalariada hizo una intervención en un inglés casi incomprensible, donde entre otros disparates, exhortó al Presidente a:

Encausar a Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel y todos los altos funcionarios del régimen, y le solicito que califique a los militares cubanos, sus servicios de inteligencia y al Partido Comunista, como organizaciones terroristas internacionales por sus vínculos con el crimen y el narcoterrorismo en la región y le corte todos los fondos financieros al gobierno cubano”.

En su discurso afirmó que Cuba lleva a cabo una “explotación y tráfico de personas” a través de las brigadas médicas, y tiene “planes de desestabilización en Latinoamérica y también en los Estados Unidos”

Para hacerse más cercana al pensamiento de la mafia terrorista anticubana, acotó:

“Cuba está en crisis y el régimen no tiene otra cosa que ofrecer al pueblo más que represión y violencia”.

Y continuando con sus viejas mentiras, invitó a Trump a sumarse el próximo 22 de julio, al octavo aniversario de la muerte de Oswaldo Payá Sardiñas, repitiendo el cuento de que fue “asesinado por los comunistas”.

Esta agresiva posición, hará que tenga que, si vuelve a Cuba, responder ante los tribunales cubanos, porque aún tiene residencia legal y viaja frecuentemente a la Habana, sin que nunca haya sido molestada.

Las autoridades cubanas también tienen el derecho de acusarla por Denuncia o Acusación falsa, delito recogido en el artículo 154 del Código Penal cubano, sancionado a privación de libertad de seis meses a dos años, o multas de doscientas a quinientas cuotas. La fiscalía pudiera incriminarla, además, por Difamación de las Instituciones de la República y sancionarla bajo el artículo 204 del Código Penal, a privación de libertad de tres meses a un año o multa de hasta cien cuotas.

Si se siente con tanto respaldo del Gobierno de Estados Unidos, debe tener presente que quien comete delitos, rinde cuenta ante la justicia y ella, como cubana residente legal en la Isla, responderá ante el Tribunal por sus actos, como mismo sancionan allá a quienes violan la ley, y de eso sobran los ejemplos.

Que no sueñe con campañas mediáticas para atemorizar a Cuba, ni se crea impune ante el cumplimiento de la ley, porque quien trabaja para una potencia extranjera en contra de su pueblo y respalda las acciones de guerra económica, comercial y financiera, impuestas por Washington desde hace 60 años, no puede esperar clemencia ni compasión, de los millones de niños, mujeres y hombres que sufren las penurias causadas por las criminales leyes aprobadas por yanquis.

Muchos han sido los asalariados que durante más de medio siglo quedaron en el olvido y Rosa María Payá no será la excepción, porque como explicó José Martí:

“Nada lastima tanto como un ser servil, que mancha y hace daño constantemente”

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