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Desconociendo la historia para repetir el libreto que le entrega la CIA, Rosa María Paya Acevedo, cambió sus sentimientos filiales por dinero, para hacer de la muerte de su padre un verdadero negocio. Ahora acude a la desprestigiada Organización de Estados Americanos, OEA, para intentar empañar la imagen de Cuba y prestarle otro servicio a los que pretenden mancillar la obra humanista de la Revolución.

Sin avales ni historia política para ser invitada a ese organismo regional, conocido como “Ministerio de Colonias Yanqui” por su servilismo a favor de las acciones de Washington, la marioneta de la mafia terrorista de Miami dijo allí: “El régimen cubano es un peligro para la estabilidad regional”, prueba de que solo repite como cotorra, lo que le ordenan sus patrocinadores, verdaderos autores de la desestabilización del mundo.

La niña mimada de la corrupta Ileana Ros-Lehtinen, madrina de los más connotados terroristas anticubanos, parece desconocer que Estados Unidos tiene la hoja de acciones ilegales más amplia de la historia, contra la libertad y estabilidad de todas las naciones latinoamericanas, lo cual ella no puede soslayar a pesar de las instrucciones recibidas.

Graduada de la carrera de Geografía en la Universidad de la Habana, parece que Rosa María no fijó conocimientos de historia, pues desde el siglo XIX los yanquis invaden y siembran el terror en el área de las Américas.

¿Quién despojó a México de parte de su territorio a partir de 1820, para apoderarse de sus recursos naturales? Por supuesto que no fue Cuba, sino Estados Unidos.

Lo mismo hicieron en 1853 en Nicaragua, al invadir su territorio con el repetido pretexto de “proteger los intereses de ciudadanos norteamericanos”.

De 1852 a 1853 la Marina yanqui desembarcó dos veces en Buenos Aires, Argentina, para reabrir el río de la Plata a sus buques, ingleses y francés para explotar las riquezas del país.

En 1858 buques de guerra de Estados Unidos desembarcaron sus infantes de Marina en Uruguay, bajo el manido argumento de “proteger las propiedades de sus ciudadanos”. Similares acciones realizaron en Panamá en 1860,1865,1868,1873 y 1888, con el mismo argumento. Report this ad

Durante el año 1867 fuerzas yanquis intentaron apoderarse de la Isla Tigre en Honduras y ocuparon la capital de Nicaragua y la ciudad de León, “para proteger sus intereses”.

1890 marcó otro desembarco yanqui en Buenos Aires, Argentina, bajo el argumento de “proteger su embajada y el consulado, en medio de conflictos locales.

En 1891 desembarcaron sus tropas en el puerto de Valparaíso en Chile, para “proteger su consulado”. Ese mismo año bloquearon las costas de Haití, con el fin de presionar al gobierno y que le permitiera instalar una base naval en la bahía Molé de Saint-Nicholas.

De 1894 a 1899 de forma reiterada, desembarcaron en Nicaragua y ocuparon el puerto de Bluefields, las ciudades de Corinto, San Juan del Sur y San Juan del Norte.

Es conocida la explosión del buque de guerra Maine en 1898, como pretexto para invadir a Cuba y evitar el triunfo del ejercito Mambí.

El siglo XX es aún más prolifero en intervenciones y desestabilizaciones de Estados Unidos en la región, algo que Cuba jamás ha realizado, pero tal parece que la asalariada Rosa María no aprendió en sus clases de historia.

Invasiones a Honduras, Cuba, Haití, Nicaragua, Panamá, República Dominicana, México, Salvador, la Guyana Holandesa (Surinam) y Granada.

Los golpes de Estado fueron una constante en el siglo XX, todos propiciados por Estados Unidos. Ejemplos son el de Brasil, Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia, Guatemala, Guayana, Argentina y Cuba en 1952, todos bajo la doctrina de George Kennan: “América Latina como un problema de la política exterior de los Estados Unidos”.

Nadie olvida el criminal golpe militar contra el presidente de Chile, Salvador Allende, que arrebató la vida de miles de inocentes. Las dictaduras impuestas en Argentina, Paraguay y Uruguay, bajo la Operación Cóndor, donde torturaron y asesinaron lo mejor de la juventud de esas naciones, ni el golpe de Estado en Honduras contra Manuel Celaya, y menos aún el de Venezuela contra Hugo Chávez, solo porque no aceptan ideas diferentes a las impuestas por Washington.

¿Por qué Rosa María no condena la guerra económica, comercial y financiera que sufre Cuba desde hace 60 años y la impuesta contra Venezuela y Nicaragua, todo con el único fin de desestabilizar a gobiernos queridos por sus pueblos?

De los planes de terrorismo y subversión ideológica ejecutados por la CIA no habla, porque sabe que esa es la única y verdadera desestabilización de America Latina, pagados con presupuestos millonarios de la USAID y la NED, ambas organizaciones pantallas de la CIA.

La historia ensangrentada de Estados Unidos nadie la puede edulcorar, porque los muertos, desaparecidos y mutilados por sus acciones se encargan de tenerla muy presente.

No ha sido Cuba quien organizó cientos de planes para asesinar a presidentes de naciones de América Latina, como hizo Estados Unidos contra Fidel Castro; tampoco colocó bombas en embajadas, consulados y oficinas comerciales de países latinoamericanos. Fue la CIA quien entrenó y financió esos actos terroristas contra Cuba, sin ser sancionada por las cortes yanquis.

Cuba tampoco posee bases militares en la región como Estados Unidos, lo que constituye una verdadera amenaza para la paz.

Los pueblos latinoamericanos agradecen la solidaridad de Cuba ante desastres naturales y enfermedades, al enviar sus médicos y enfermeras, e incluso sangre donada por los cubanos para salvar vidas, algo que nunca hacen los yanquis; en vez eso desembarcan sus tropas para matar.

Triste el papel de Rosa María, quien debe mentir para cobrar un salario, manchándose para siempre con su pueblo, ese que, sabe lo que es ser libre y soberano, a contra pelo con personajillos como ella, que se arrastran a los pies de los yanquis y venden su dignidad.

No en vano afirmó José Martí: “Honor y corazón se truecan fácilmente por dinero

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