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“Fue decisivo el papel desempeñado por los combatientes del Ministerio del Interior en la derrota de las bandas armadas. Ellos, muchas veces con graves riesgos de sus vidas, organizaron el trabajo de penetración y obtención de la información para la ubicación y cerco de las mismas que era absolutamente imprescindible, pues estos grupos se movían incesantemente y nunca presentaban combate excepto cuando trataban de escapar.”

Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz,

Informe Central al Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, diciembre de 1975

Por: Pedro Etcheverry Vázquez,Luis Rodríguez Hernández

Durante el verano de 1961, después de la aplastante derrota sufrida por la Brigada de Asalto 2506 en Playa Girón, la Agencia Central de Inteligencia se dio a la tarea de hacer resurgir las bandas terroristas de alzados en el centro del país. Un numeroso grupo de agentes de la CIA entrenados en los campamentos de la Florida, comenzaron a infiltrarse por la costa norte de ese territorio, con el objetivo de fomentar nuevos alzamientos armados.

Para detectar y frustrar a tiempo el accionar enemigo, el G-2 implementó una red de agentes secretos que vivían y trabajaban en las zonas rurales, donde sus habitantes eran constantemente asediados por los bandidos en busca de provisiones y todo tipo de colaboración.

Generalmente estos compañeros eran oriundos de esos lugares, conocían los accidentes geográficos que permitían el ocultamiento de hombres y pertrechos, las zonas más cercanas a las costas por donde los teams de infiltración podían entrar y salir, y un sinnúmero de detalles muy útiles para su enfrentamiento.

Estas fuentes actuaban con mucha discreción en el territorio donde pernoctaban las bandas, con la misión de recopilar información sobre todo las relacionadas con la identidad de sus colaboradores, la composición de sus fuerzas, el tipo de armamento que utilizaban, las medidas de seguridad y desinformación que aplicaban, sus necesidades materiales, su estado moral, sus contradicciones internas, sus planes inmediatos, el itinerario a seguir, y cualquier otra información de interés operativo.

El Frente Norte de los bandidos en Las Villas

En julio de 1961 el agente de la CIA Julio Reyes Suárez (Lucas Gutiérrez), quien actuaba en coordinación con la organización terrorista Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR), creó el Frente Norte de Las Villas, que posteriormente comenzaría a ser llamado Zona Norte No.7 de Camagüey y Yaguajay, integrado por un grupo de alzados encabezados por el desertor del Ejército Rebelde Arnoldo Martínez Andrade.

Con el apoyo material y financiero de la CIA y la participación del MRR, este foco de alzados se desarrolló rápidamente llegando a contar en corto tiempo con una docena de bandas, que operaban en la dirección Yaguajay-Jobo Rosado hacia los límites con la antigua provincia de Camagüey. Muy pronto la agresividad de estos grupos armados se hizo sentir en la región, por medio de una serie de acciones terroristas que causaron muertos y heridos entre la población rural y cuantiosos daños materiales en objetivos económicos y sociales.

A partir de septiembre la banda de Arnoldo Martínez asaltó el poblado de Río, en Mayajigua, Las Villas, donde hirió a ocho personas, atacó el tren de Caibarién a Morón y la granja del pueblo Piñeiro, en Iguará, e incendió varios cañaverales ubicados en la amplia región de Caibarién, Yaguajay y Morón.

En febrero de 1962 asaltó la cooperativa Panequita, en el pueblecito de Centeno, cerca de Yaguajay, causando daños materiales en las casas de los cooperativistas y una tienda de pueblo. Después tomó las Minas de Asfalto de Perea, en el barrio Bella Mota, de Sancti Spíritus, donde ametrallaron al miliciano Orestes Bravo Rabí en presencia de su familia, trabajadores y vecinos del lugar.

En marzo atacó la Granja No. 428, en el caserío de Las Llanadas, en Yaguajay, donde asesinaron al responsable de la cooperativa José María Padrón Palmero y al campesino Manuel Solís Díaz.

La respuesta de las FAR

El jefe del Ejército Central comandante Juan Almeida Bosque, designó al capitán Fernando Galindo Castellanos, jefe de la División 32 ubicada en Remedios, para que con tropas bajo su mando reforzadas con personal de la División 44 de Morón, intensificara la persecución de estos elementos.

Mientras tanto, la jefatura de las Fuerzas Armadas daba los pasos necesarios para crear el Sector “B” de LCB con cinco subsectores, al frente del cual fue designado el capitán del Ejército Rebelde Agapito Viamontes Zayas con su estructura de mando a nivel del Sector, y los jefes de los subsectores con sus correspondientes batallones y compañías de combate, las que estaban integradas por milicianos residentes en la zona y unidades de Tropas Serranas procedentes de Oriente.

Los avances en la coordinación del Sector “B” de las FAR con el Buró de Bandas del G-2 bajo el mando de Luis Rodríguez Hernández actuando en función del mismo objetivo, y la labor realizada por los instructores políticos de las FAR y por las principales organizaciones de masas en la zona, crearon una correlación de fuerzas favorable a la Revolución.

Coincidiendo con estos acontecimientos se conoció una infiltración de hombres y armas por la costa norte al oeste de Caibarién, por lo que el G-2 puso en práctica algunas medidas operativas como la detención de elementos contrarrevolucionarios y la penetración de nuevos agentes en las redes de colaboradores de los bandidos.

Mientras los agentes de la CIA entrenados, pertrechados y equipados de modernos medios de comunicaciones actuaban en la dirección y el apoyo de las bandas, los agentes del G-2, generalmente obreros agrícolas y campesinos, se desplazaban en un teatro de operaciones muy adverso, donde en muchas ocasiones tenían que relacionarse con personas desafectas al proceso revolucionario.

Nace el agente “Camagüey”

Una tarde, cuando el oficial del G-2 Orlando Bravo se desplazaba por un terraplén en un jeep, recogió al campesino Romelio Rojas Montiel y se dispuso a acercarlo a su lugar de residencia. Por el camino, como era habitual en los oficiales del G-2, Bravo comenzó a formularle algunas preguntas sobre la situación política de la zona y el posible movimiento de personas extrañas. Inmediatamente Romelio se mostró dispuesto a cooperar clandestinamente con el G-2 y surgió el agente “Camagüey”.

Al iniciar esta peligrosa labor, sin dejar de cumplir sus deberes laborales y la atención a su hogar, este campesino tuvo que correr muchos riesgos para cumplir la misión asignada, sin llamar la atención de ninguna de las personas que habitualmente se relacionaban con él. Muy pronto comenzó a suministrar información sobre sus vínculos con colaboradores de Arnoldo Martínez y más tarde informó haber establecido contacto directo con su banda a la que ubicó dos veces seguidas. En ambas ocasiones los bandidos demostraron que conocían muy bien el terreno y lograron evadir el cerco de las Milicias.

En junio ahorcaron al teniente de Milicias Santiago Medina López, al sargento Regino Padrón Giralde y al miliciano Orestes Hernández Rodríguez cuando se encontraban cazando jutías en un lugar conocido por Tasajera cerca de Yaguajay.

A finales de junio el agente “Camagüey” informó que Arnoldo Martínez tenía planificado trasladarse hacia el Escambray para encontrarse con los principales cabecillas del bandidismo en aquella región. Una vez allí contactó con Porfirio Guillén Amador, pero fueron cercados por las Milicias y aunque lograron escapar, les fueron ocupados veinticinco mochilas y numerosos documentos.

Con la creación de la Sección de Lucha Contra Bandidos en el Ejército Central, la estructura del G-2 hizo coincidir a sus oficiales con los sectores y subsectores establecidos por las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Así comenzó un periodo de mayor coordinación entre los oficiales del G-2 y los jefes de las operaciones militares, que ganaron en eficiencia a partir de la especialización de sus fuerzas y de un mayor conocimiento sobre el enemigo.

Durante el cumplimiento de esta misión el agente “Camagüey” tuvo que enfrentar una situación muy difícil que lo obligó a realizar extensos recorridos en horas de la noche, superando enormes obstáculos naturales. Las fuerzas de LCB en coordinación con el G-2 operaban con particular intensidad y constantemente se producían intercambios de disparos y detenciones. En este difícil escenario el agente apenas dormía, tenía que moverse con mucha cautela para evadir las postas de las Milicias y las patrullas de las FAR, llegar a donde se encontraban los bandidos sin levantar sospechas, convivir con ellos, escuchar sus comentarios eufóricos sobre los crímenes cometidos, y después regresar por otra vía para contactar con Orlando Bravo Moya, el oficial del G-2 que lo atendía.

En una ocasión el agente “Camagüey” volvió a dar la ubicación exacta de Arnoldo y añadió que para el 12 de septiembre se produciría un nuevo encuentro en una finca intrincada conocida como Platero, entre Yaguajay y Caibarién, en el que participarían todos los cabecillas de bandas de la Zona Norte con sus respectivas escoltas, con el propósito de recibir orientaciones derivadas de la visita de Arnoldo al Escambray. Con esta información, en la fecha señalada fue cercado el lugar, pero en horas de la noche los alzados volvieron a romper el cerco y escaparon, dejando un miliciano muerto.

Uno de los momentos más difíciles

En días posteriores el agente “Camagüey” pasó por uno de los momentos más difíciles, cuando Arnoldo le comentó que hacía algún tiempo las Milicias les estaban pisando los talones y eso lo llevaba a sospechar que en su red de colaboradores podía haber un agente del G-2. Transcurrieron unos segundos que al agente “Camagüey” le parecieron horas. Pero tras una breve pausa, el cabecilla añadió que había comenzado a repasar los últimos contactos sostenidos con un individuo residente en la zona de Platero, en las lomas del Mirador de Buenavista, y que al dudar de su lealtad había decidido mandar a matarlo.

Al final de esta conversación Arnoldo reveló que sus hombres rompían los cercos con cierta facilidad, porque los milicianos en horas de la noche disparaban mucho, pero lo hacían metidos en las trincheras y tirando en forma diagonal hacia arriba, por lo que ellos provocaban el tiroteo, atravesaban el cerco corriendo y se alejaban de la zona.

Debido a la pericia del agente “Camagüey” para obtener informaciones útiles y a las oportunas medidas tomadas por el comandante Raúl Menéndez Tomassevich, esta información fue de mucha utilidad y resultaría determinante para capturar la banda en los próximos días.

A finales de septiembre Arnoldo arribó con su banda a la finca Las Cenizas, donde residía el agente “Camagüey” junto con su esposa Ubaldina Bonachea Rodríguez (su principal colaboradora en esta misión) y sus ocho hijos, para esconderse detrás de la casa de esta familia, con el propósito de pasar allí unos días hasta que la situación se tranquilizara.

Tomassevich movilizó ocho batallones de LCB, dos compañías de reconocimiento y una compañía de ametralladoras perteneciente a la 4ta División del Ejército basificada en Santa Clara. Teniendo en cuenta la importancia de esta operación, estaban presentes los jefes principales del G-2 en la provincia Aníbal Velaz Suárez y Luis Felipe Denis Díaz.

El 29 de septiembre quedó cerrado el cerco y los soldados de la compañía de ametralladoras se intercalaron con los combatientes de LCB, lo que aumentó considerablemente el poder de fuego. Al mismo tiempo fueron designados varios oficiales de las FAR para recorrer el cerco en horas de la madrugada.

Durante la próxima noche los alzados intentaron romper el cerco en varias ocasiones, pero no lo lograron porque el volumen de fuego era mucho mayor al que ellos estaban acostumbrados, y sobre todo por el ataque rasante de las ametralladoras.

La captura de Arnoldo

El 1ro de octubre alrededor de las seis y treinta de la tarde, tratando de aprovechar el factor sorpresa, los bandidos irrumpieron por el lugar donde estaba ubicado el puesto de mando y la cocina del campamento, pero fueron descubiertos a tiempo y los jefes junto con los choferes, los cocineros y varios combatientes que se encontraban en el lugar asumieron la defensa.

En un enfrentamiento breve pero muy violento, terminó la ejecutoria terrorista  de Arnoldo Martínez y su pandilla de asesinos. El resultado final fue de tres muertos incluido el cabecilla, seis bandidos capturados vivos, varios de ellos heridos y se ocuparon nueve fusiles.

Arnoldo Martínez Andrade había cometido al menos seis asesinatos y realizó numerosos actos de sabotaje contra objetivos económicos y sociales en los que causó heridas a ocho personas, incluyendo dos campesinos y dos menores de edad.

Con la captura de esta banda quedaba descabezada la contrarrevolución en la zona y recibía un duro golpe el bandidismo en la provincia, porque perdía a uno de los más astutos, peligrosos y sanguinarios cabecillas de alzados que existían en la región central del país, lo que unido a la detención en toda la llamada Zona Norte de numerosos colaboradores produjo una aparente calma.

Terminada esta operación el agente “Camagüey” informó que dos miembros de la banda, José Manuel Díaz Bodes y Ovidio Francés Andrés (Tondique) se habían escapado de la balacera y se encontraban escondidos en un ranchito existente detrás de su propia casa, el único lugar en el que se sentían seguros, tratando de recuperarse un poco para abandonar la zona.

Ante esta delicada situación, teniendo en cuenta la presencia de Ubaldina y los niños en la casa y que los dos alzados estaban fuertemente armados, se decidió no operar contra ellos en ese momento por el riesgo de que en el tiroteo pudieran producirse víctimas inocentes. A los dos prófugos le fueron formuladas varias propuestas de traslado para un lugar más seguro, pero no aceptaron ninguna variante. Una noche desaparecieron y posteriormente fueron capturados por otras fuerzas que operaban en el territorio.

Oda para un héroe

En el enfrentamiento silencioso a las bandas de alzados la labor de los agentes del G-2 fue decisiva. Uno de aquellos hombres, generalmente humildes obreros agrícolas o campesinos fue Romelio Rojas Montiel el agente “Camagüey”, que en la soledad del monte y poniendo en riesgo no solo su vida sino la de su esposa y sus hijos, supo lidiar con las bandas terroristas hasta ganarse la confianza del cabecilla principal, conocer su ubicación exacta, informar al G-2 y propiciar su captura.

El agente “Camagüey” en un tiempo muy breve logró ubicar varias bandas incluyendo la de Arnoldo Martínez, pero por distintas causas con frecuencia muchos bandidos lograron evadirse de los cercos. Después comentaban que alguno de sus colaboradores debía estar trabajando con el G-2, lo que resultaba muy peligroso para la seguridad de este agente y la de su familia.

En estas circunstancias Orlando Bravo le comentó que podía estar “quemado” y le propuso interrumpir su actividad, pero el valiente campesino respondió que solo se detendría cuando se acabaran los bandidos. Ante la decisión del agente y por el peligro que corría dentro del monte, fue trasladado junto con su familia para la comunidad de Juan Francisco, un poco más cerca de Meneses, donde contaba con la protección del vecindario y la Unidad de Orden Público.

Por la disposición de este hombre a continuar jugándose la vida hasta liquidar las bandas de alzados que asolaban la región, se ganó la consideración y el respeto de los principales jefes del G-2 en la provincia, y fue digno de los mayores elogios de la jefatura del Ministerio del Interior.

El 5 de julio de 1965 la banda de Juan Alberto Martínez Andrade (hermano de Arnoldo) fue capturada en el territorio de Las Villas, con lo que concluyó el bandidismo en todo el territorio nacional. Quedaron algunos bandidos dispersos y en fuga que fueron capturados mediante operaciones de contrainteligencia durante el resto del año y a todo lo largo de 1966.

En 1979 el G-2 conoció que varios individuos procedentes del exterior vinculados con antiguos bandidos de la Zona Norte, trataban de conocer la ubicación de Romelio Rojas. Estos hombres fueron neutralizados inmediatamente, pero por elementales razones de seguridad, el campesino y su prole volvieron a ser trasladados, esta vez hacia la comunidad La Carlota vinculada a un plan de cultivos varios en Jovellanos, Matanzas, que estaba siendo habitada por personas procedentes de otras provincias, lo que hizo que el traslado de esta familia villareña transcurriera como un proceso normal.

Desde su llegada a Matanzas este hombre se destacó por su correcta actitud ante las tareas de la Revolución, sus magníficas relaciones con sus compañeros de trabajo en las labores agrícolas y sus vínculos con los vecinos, lo que unido a su trayectoria en defensa de la Revolución hicieron que mereciera la condición de militante del Partido Comunista de Cuba.

El pasado 21 de diciembre de 2020 Romelio Rojas Montiel dejó de existir a la edad de 97 años. En ese dramático instante se encontraba rodeado de sus hijos, sus nietos y demás familiares. Su trayectoria como combatiente del Ejército Rebelde en la Columna del comandante Camilo Cienfuegos, su legado como el agente “Camagüey” del G-2, su ejecutoria como trabajador agrícola vanguardia, su categoría de militante del Partido y su condición de ciudadano íntegro al fundar una familia ejemplar, lo hacen trascender en nuestra historia como uno de los héroes anónimos de la Revolución cubana.

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