Imagen: Tomada de La Demajagua
Imagen: Tomada de La Demajagua

Por: Ariel Pazos Ortiz

A través de los años se han expuesto disímiles hipótesis sobre el origen del incendio de Bayamo; algunas de ellas dan a Céspedes como su responsable…

Desde el 20 de octubre de 1868 Bayamo fue la cabecera del movimiento revolucionario. Después de su toma por el Ejército Libertador la administración civil fue reorganizada. Al frente se designaron cubanos independentistas, tres comerciantes españoles y dos cubanos negros: un albañil y un músico.

En uno de sus libros sobre la gesta independentista, el patriota Manuel Sanguily escribió que la toma de esa ciudad fue “el suceso de más importancia acaso ocurrido en la guerra ─y en los comienzos inciertos de la Revolución─, el único decisivo”.

Durante el periodo en que Bayamo estuvo bajo poder mambí, se dictaron importantes decretos, se abrieron cursos de superación, se atendieron problemas sociales y se crearon milicias civiles para cuidar el orden interior y defender la ciudad.

En los últimos días de 1868 Carlos Manuel de Céspedes conoció que Blas Villate, conde de Valmaseda, se aproximaba desde Las Tunas, con una columna bien pertrechada, para reconquistar el poblado. El Padre de la Patria decidió enviar a las fuerzas del general Donato Mármol, de las más fogueadas, a detenerlo.

La tropa de Mármol estaba en Sabanilla, un sitio entre Santiago de Cuba y Guantánamo. Desde ahí él y sus hombres cubrieron a marcha forzada las 30 leguas que los separaban de donde debían enfrentar a Valmaseda.

De acuerdo con el investigador cubano Rafael Acosta de Arriba, la fuerza designada para impedir el avance español sobre Bayamo estaba compuesta por 60 o 70 jóvenes provenientes de Santiago, quienes conformaban la oficialidad; unos 250 hombres armados con escopetas y carabinas, pero mal municionados; “y algo más de dos mil negros de infantería, hasta entonces esclavos en cafetales e ingenios y armados exclusivamente de machetes ordinarios de trabajo y varas de madera con las puntas aguzadas”.

Mármol se vio obligado a defender una prolongada línea del río Cauto, mientras Valmaseda tenía la ventaja de poder concentrar su fuego en el punto que escogiera para el cruce. Los mambises ocuparon improvisadas trincheras en la margen opuesta del río; por largas horas, ni las guerrillas ni la artillería del Conde pudieron desalojarlos. El 11 de enero el jefe peninsular se trasladó unas tres leguas al oeste. Sorprendió a la defensa mambisa en un punto menos protegido. Con fuego de fusilería y cañón venció la resistencia cubana, no sin que le costara varias horas.

Durante años han sido expuestas distintas versiones sobre el surgimiento de la idea de incendiar Bayamo. Foto tomada de www.lademajagua.cu.

Un testimonio de Máximo Gómez describe que “la sangre corría a torrentes, y por entre el humo de la pólvora, el trueno de los cañones, el silbido de las balas y el chischás de los machetes, se oían las voces de mando, los alaridos de los moribundos y los gritos de Viva Cuba y Viva España, con que los jefes de uno y otro bando procuraban excitar el valor de sus soldados. La carnicería fue espantosa”.

A la postre se impuso la superioridad de armamento e instrucción militar. La tropa española comenzó a desalojar a los mal armados insurrectos y a cruzar en algunas barcazas el Cauto, último obstáculo que lo separaba de Bayamo. Mármol en persona cabalgó hacia allá para dar la triste noticia.

En su obra Bayamo, José Maceo Verdecia ─quien durante su corta vida fue un significativo historiador de la ciudad─, explicó que el gobernador Joaquín Acosta, en una reunión presidida por el jefe militar, Perucho Figueredo, ante los horrores que se avecinaban, gritó: “¡Prendámosle fuego al pueblo! ¡Que las cenizas de nuestros hogares le digan al mundo de la firmeza de nuestra resolución de libertarnos de la tiranía de España!”

Por su parte, el mambí y cronista Enrique Collazo escribió en Desde Yara hasta el Zanjón que fue Céspedes quien “determinó la destrucción ordenando a sus pobladores le dieran fuego”. La tesis de que el jefe de los independentistas promovió el incendio también fue defendida por fuentes colonialistas. Por ejemplo, el oficial ibérico Francisco de Camps y Feliú sostuvo en su texto Españoles e insurrectos. Recuerdo de la guerra de Cuba que “la Meca de la insurrección, la histórica Bayamo, fue torpe y estérilmente reducida á cenizas por D. Carlos Manuel de Céspedes, primer caudillo de la insurrección”.

Consulte además: Las llamas patrióticas de Bayamo
Antonio Pirala, historiador español esencial en los estudios de las guerras de independencia, sostuvo dos versiones. En una dio el mérito a una niña que ante la supuesta vacilación de los jefes habría dicho: “voy a incendiarla [su casa]: los que quieran imitarme que me sigan”. En la otra, más verosímil, afirma que los líderes revolucionarios determinaron el incendio “con el consentimiento de Carlos Manuel”.

Un fiel ayudante del Padre de la Patria, Cayetano Acosta Nariño, registró que en aquellas horas tensas Céspedes no estaba en Bayamo, sino en sus inmediaciones, y “no se atrevía en aquellos momentos autorizar tan heroica resolución”.

De acuerdo con Cayetano Acosta, cuando una comisión dirigida por Mármol le presentó la propuesta a Céspedes, su respuesta fue: “consulten al pueblo todo que reunirán allá, y si éste con abnegación sublime lo aprueba […] ejecútese esa obra gloriosa que ha de dar impulso a la revolución y convencimiento á España de que estamos dispuestos a toda clase de pruebas, por el triunfo de nuestro ideal”.

En sus investigaciones, el cubano Acosta de Arriba ha sistematizado las anteriores versiones. Para desarrollarlas ha estudiado decenas de documentos referidos al tema. En su libro Los silencios quebrados de San Lorenzo, tras contrastar las diferentes hipótesis recogidas por la historia, defiende que, si bien Céspedes dio su consentimiento, la decisión de incinerar Bayamo no fue iniciativa suya.

Finalmente, Bayamo, la primera capital de la independencia, fue abrazada por el fuego de su gente el 12 de enero de 1868. Ardió durante tres días. Su incendio, como diría José Martí, sirvió “más para saludar con digna antorcha el nacimiento de la patria libre que para quemarle el asilo a la tropa cercana de Valmaseda”.

Tomado de CubaAhora

Dejar respuesta

¡Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí