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Quienes siguen las noticias sobre la situación en Bolivia, después del golpe militar ejecutado en noviembre 2019 contra el presidente Evo Morales, deben sospechar que el actual reconocimiento del Departamento de Estado y la OEA, ante la rotunda victoria del MAS, no es para bien y alguna estrategia tienen diseñada para entorpecer el buen desarrollo del nuevo gobierno encabezado por Luis Arce.

En este mundo monopolizado por Estados Unidos nada es casual y mucho menos cuando llega al poder un partido de izquierda,  de ahí  las sospechas de que Bolivia podrá verse enfrascada en una lucha desigual contra las maniobras sucias desencadenadas por Washington, entre ellas una voraz guerra económica, comercial y financiera para ahogar su economía, (como hacen contra Cuba y Venezuela), con la aspiración que sea el pueblo quien culpe a la izquierda del fracaso económico, unida a la subversión ideológica que jugará un papel protagónico con su propaganda, principalmente sobre la juventud.

¿Cómo es posible que la misma golpista Janine Áñez, haya felicitado a los candidatos del MAS y les pidiera “gobernar pensando en Bolivia y en la democracia”, cuando ella fue la marioneta del golpe militar gestado desde la embajada de Estados Unidos, que pisoteó la democracia y masacró a cientos de bolivianos?

Los indicios de la trama sucia son muy fuertes, sumado a que la misma Misión de Observación Electoral de la OEA que decretó el supuesto fraude en las elecciones del 2019, ahora volvió a participar y declaró que estas “fueron transparentes y limpias”, como si los votos a favor de Evo Morales no hubiesen sido mayoría, igual que los alcanzados actualmente por Arce.

El MAS demostró que tiene el apoyo mayoritario de la población, con el 86% de los votos escrutados, superando con no menos del 54% de los votos, a los partidos opositores respaldados por Estados Unidos.

¿Alguien puede entender que Carlos Mesa, pieza de la CIA contra el MAS, reconozca fácilmente su derrota, cuando el pasado año ante un escenario similar fue parte del golpe militar?

Resulta evidente que esas fueron las órdenes yanquis, para después iniciar la labor de entorpecimiento al nuevo gobierno, pues Mesa ya declaró que “será la cabeza de la oposición”.

En el 2019 el ganador fue Evo Morales con el 47,08% de los votos, mientras el partido de Carlos Mesa, Comunidad Ciudadana, solo lograba el 36,51% de los votos. A pesar de esto, la Organización de los Estados Americanos (OEA) declaró que hubo fraude, iniciándose el golpe militar con la persecución de los altos miembros del MAS, dando lugar a la renuncia obligada de Evo y su salida del país, cuando el general Williams Kaliman, le “sugirió” dejar el cargo.

Otros dirigentes solicitaron asilo en las embajadas de México y España, las que fueron asediadas por los militares.

Nada cambió en el apoyo del pueblo al MAS, la actual actitud dice a las claras que algo se esconde tras la calma de los yanquis y sus hipócritas felicitaciones.

¿Por qué el agente CIA Luis Almagro, no dio gritos de fraude, ante esta nueva victoria del MAS? ¿Qué pasó para que diera legitimidad a este proceso electoral?

No podemos olvidar que Evo está acusado de terrorismo por su actuación en 2019 y que la persecución contra él es implacable para inhabilitarlo de por vida, mientras ahora aplauden a Arce. Todo huele mal.

Desde hace varios meses los golpistas demandaron la candidatura de Luis Arce, supuestamente por “difundir encuestas en contra de la normativa electoral”, sin embargo, lo aceptan como ganador indiscutible.

La Unión Europea, que siguió los dictados de la Casa Blanca en el 2019, acaba de felicitar al pueblo boliviano por una jornada electoral “participativa y en paz”. ¿Será verdadera esa congratulación o siguen instrucciones de su aliado norteamericano?

¿Por qué no condenaron el golpe militar del 10 de noviembre 2019 contra Evo Morales, ni lo que hizo el gobierno de facto cuando destituyó y encarceló a los miembros del TSE, Tribunal Supremo Electoral? Algo no cuadra en este panorama político, donde los actores principales son los mismos.

La mano de la CIA está presente en todo este escenario, basta recordar que Salvador Romero, designado como presidente del TSE por Janine Áñez, cables revelados por WikiLeaks lo mencionan como un estrecho vínculo del Departamento de Estado yanqui y la USAID.

En el 2003 era el presidente de la entonces Corte Nacional Electoral, órgano subordinado a la Embajada de Estados Unidos, nombramiento que recibió del entonces presidente Carlos Mesa.

Romero tiene una fuerte relación con “funcionarios” de la Embajada norteamericana, posiblemente oficiales de la CIA, pues en 2008 se encargó de ofrecer conferencias financiadas por la USAID, contra el gobierno de Evo, además de las campañas contra el Movimiento Al Socialismo (MAS), para tratar de influir negativamente en el referendo y en las elecciones presidenciales de 2019.

Llama la atención el silencio de la embajada yanqui en Bolivia, cuando jugó un papel relevante en las elecciones del 2019, especialmente la Ministra Consejera Mariane Scott y el diplomático Rolf A. Olson, quienes se reunieron con diplomáticos de alto nivel de Brasil, Argentina y Paraguay, con el objetivo de organizar acciones de desestabilización contra el gobierno de Evo y entregaron dinero a la oposición boliviana para la ejecución de actividades.

Dicha Ministra Consejera en sus reuniones con otros diplomáticos acreditados en La Paz, de Brasil, Argentina, Paraguay, Colombia, España, Ecuador, Reino Unido y Chile, insistió en la “ilegitimidad y fraude” en las elecciones donde resultó ganador Evo Morales, y trató de convencerlos para que sus gobiernos no le dieran apoyo, porque según acotó “sería más creíble y genuino, que si los Estados Unidos lo hicieran solos”.

Marianne Scott, ingresó oficialmente al Departamento de Estado desde 1986 y trabajó con la USIA en Guatemala, México y Kenia, situación que hace sospechar su relación con la CIA.

La vida nos dejará ver la patraña, por eso José Martí afirmó:

“Viví en el monstruo y le conozco las entrañas”

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