Por Elson Concepción Pérez

Hay personajes faltos de alma y de dignidad, que piensan que pueden someter, con supuestas «ofertas» de visado para entrar en Estados Unidos, a un pueblo como el cubano, donde la dignidad sí cuenta.

Lo primero que debe recordarse es que Cuba, acogida a los acuerdos internacionales relacionados con la migración, siempre ha facilitado y cumplido con las normas para que se realice de manera legal, segura y ordenada.

En Estados Unidos, país receptor de la mayor cantidad de emigrantes cubanos, el tema, una y otra vez, se ha manipulado con fines políticos, siempre con el perverso ánimo de acusar al gobierno de la Isla de lo que ellos no cumplen: la cuota establecida para que cada año reciban visas un mínimo de 20 000 cubanos.

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El tema de los visados para que los nacionales lleguen a Estados Unidos, fue otro de los aspectos tirados al cesto de la basura por el expresidente Donald Trump, quien, bajo el absurdo invento de «ataques sónicos» contra su personal en la embajada de Washington en La Habana, retiró a sus funcionarios y cerró las oficinas encargadas de los procesos migratorios, entre otras cosas.

Como si eso no fuera suficiente, se encargó de hacer más caótica la posibilidad de obtener visados, trasladando dichas funciones a terceros países, hacia donde los cubanos irían, con visa mediante, para hacer trámites inseguros y costosos.

Así transcurre hasta nuestros días, aún con la presencia de un nuevo gobierno en la Casa Blanca.

Pero de repente, dos personajes, de los más comprometidos con las sanciones a Cuba y el daño humano a sus habitantes, los congresistas republicanos de Miami, Mario Díaz-Balart y María Elvira Salazar, acaban de presentar un proyecto de ley ante el Congreso estadounidense, para que los trámites de visas para viajar a Estados Unidos se hagan en la ilegal base que ese país tiene instalada en Guantánamo.

La alta carga de odio hacia la Isla y de cinismo propio de quienes han hecho de la política anticubana y la contrarrevolución un negocio millonario, parecen ignorar que Cuba es como nuestra vacuna: Soberana.
Está claro que ni en los propios Estados Unidos, proyectos como el de Mario Díaz-Balart y María Elvira Salazar podrían ser avalados como una «solución» a los problemas que, bien saben ellos, fueron creados por los gobiernos estadounidenses.

Solo hay una salida razonable: acabar con el bloqueo a la Isla digna, devolver a su embajada en La Habana las funciones de procesar visas, cumplir con las cuotas establecidas por los acuerdos migratorios suscritos por ambos países, y abandonar la política de injerencia, sanciones, agresiones y otras, verdaderas violaciones de los derechos humanos.

Desde enero de 2002, Estados Unidos ubicó en el Sector Este de la Base Naval, el centro de detención para alojar a los prisioneros de la llamada Guerra Global contra el Terrorismo.  Foto: BBC

Es de tan mal gusto la propuesta de estos dos personajes, que –según medios de prensa estadounidenses– hasta el abogado de inmigración Wilfredo Allen acaba de asegurar que el «proyecto es una burla a las familias cubanas separadas».

«Ellos, María Elvira y Mario, saben que es risible pretender pasar esa ley, saben que nadie les va a tomar en serio. ¿Por qué lo hacen? Porque les resulta muy útil y rentable jugar con la desesperación de las familias cubanas, así de simple», afirmó el jurista miamense.

En mi opinión, más creíble sería, que tanto estos congresistas, que lucran con la política anticubana, como quienes hacen comparsa junto a ellos, dirigieran sus campañas a exigir al gobierno de Estados Unidos que cierre el centro de torturas que crearon en la ilegal base, y pongan fin a la usurpación de este pedazo de Cuba.

La dignidad es nuestro patrimonio, no deben olvidarlo.

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