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Tras concluidas las elecciones presidenciales en Estados Unidos se evidencias las profundas heridas que la sociedad norteamericana ha llevado consigo hasta la fecha, las cuales suponen reformas a un sistema que padece de una crisis multifactorial.

Cuando parece que todo el caos por fin se torna en un nuevo comienzo para los norteamericanos, el presidente Donald Trump que aún habita en la casa blanca persiste en su idea de que el fraude en las urnas lo privó de ser electo por segunda vez para seguir promoviendo el odio, el racismo y la desunión.

El vilipendiado Trump amenaza, sin prueba alguna, de llevar varios casos a las cortes pese a que sus propios socios del partido republicano le piden ceder en su empeño.

Este es un momento especial para los que desde el inicio del gobierno del presidente Trump se pusieron como tarea sacar a semejante impresentable de la Casa Blanca, algo que todavía no se ha concretado pero que pusiera acontecer en los próximos días.

Pese a la alegría y las celebraciones de la mayoría que se pronunció contra un segundo mandato de Trump, destacan una vez más los contornos de una nación profundamente dividida y polarizada.

Ciertamente, los intentos del presidente de desacreditar la integridad de los resultados electorales son prueba faciente de como el concepto democracia es mancillado por el imperio sin que nadie le parezca nada raro. El temor está hasta que punto el concepto de democracia se mancillará si Trump se negase a abandonar el poder por las buenas.

En tal sentido, algunos expertos advirtieron que Trump podría trabajar con vistas a frustrar la cooperación con el equipo de Biden para asegurar una rotación sin problemas de la gestión del gobierno federal el día de la inauguración, el 20 de enero.

En esa línea de acción, el mandatario tweeteó el sábado ‘GANÉ ESTA ELECCIÓN, ¡POR MUCHO!’, poco antes de que las grandes organizaciones de noticias dieran la carrera a favor de Joe Biden.

Por otro lado, el historiador presidencial Douglas Brinkley dijo en medios de prensa ‘Donald Trump se está comportando como un dictador de hojalata que acaba de perder el poder y se niega a aceptar los resultados’

Este comportamiento de Trump, ya se estaba modelando desde hace un tiempo atrás, y se de manera previsible se podía afirmar con certeza que, si el resultado de estas elecciones no le era favorable al mismo, el presidente desencadenaría un vendaval de quejas y reclamos, incluso se llegó a especular, que ese escenario convulso traería consigo una guerra civil.

Siguiendo el ‘modus operandi’ que lo ha caracterizado durante estos cuatro años en las primeras horas después de la elección del martes, citando falsamente los recuentos en curso en Pensilvania y Arizona – que Biden dio vuelta después de que Trump los ganara en 2016 – y Georgia, dijo que le habían robado los resultados.

Según The Washington Post, los partidarios de Trump de reunieron frente a la Casa del Estado de Maryland para apoyar las afirmaciones y falacias del perdedor sobre el fraude electoral tras la victoria de Biden el sábado.

No obstante, hasta las cadenas de televisión cortaron su cobertura en directo mientras él aún estaba hablando el sábado.

El portavoz de la Casa Blanca Judd Deere, dijo que el gobernante ‘aceptará los resultados de una elección libre y justa’, lo que pone en duda si habrá una transición pacífica de estos divisivos comicios, pues la Ley de Transición Presidencial de 1963, obliga a los perdedores a facilitar el proceso, lo que hasta ahora no ha ocurrido.

En el año 2000, durante la disputada elección entre George W. Bush y el entonces vicepresidente Al Gore, la transición se retrasó 36 días, iniciándose a mediados de diciembre después de que Bush ganara una batalla legal en la Corte Suprema y se adjudicara la victoria.

Por otra parte, los demócratas expresaron su preocupación de que Trump, incluso si finalmente deja el cargo pacíficamente, tiene la intención de hacer todo lo posible para retrasar la presidencia de Biden y hacer más difícil para él la gestión del gobierno durante una crisis en curso.

Según un análisis de David Brooks, columnista del diario The New York Times y de la Jornada, de México, hoy la noticia es que Trump fue derrotado en una elección que fue, sobre todo, un referendo de su presidencia.

Pero aun con gran parte de Washington, Wall Street y el mundo reconociendo el resultado, el mandatario se rehúsa a ingresar al campo de los perdedores y procederá a disputar la legitimidad de esta elección, tanto ante tribunales como con sus bases ultraderechistas en las calles, sostiene Brooks.

(Adaptación) Tomado de Prensa Latina

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