Autor: Elson Concepción Pérez

La última fanfarronada del absurdo miamense y su nulo conocimiento de lo que es Cuba, tiene la autoría de un tal Sergio Pino, presidente de la constructora Century Homebuilders Group, quien ha querido sobresalir entre quienes se aferran en usar el terrorismo contra la Isla. El animado constructor dice haber enviado una carta a los militares cubanos, en la cual los incita a dar la espalda a su pueblo.

Les propone, incluso, comprarlos ofreciéndoles viviendas a cambio de la traición.

En qué mente, por muy desequilibrada –o embotada de tanta palabrería contrarrevolucionaria y terrorista– cabe la idea trasnochada de que semejante oferta corrompe a un cuerpo armado de fusiles y de principios.

Este señor sostiene en su mensaje que, a los militares del archipiélago, «el exilio no los ve como enemigos, y que pueden tener un papel importante, tanto en la liberación como en la reconstrucción de Cuba».

Estos ilusos me recuerdan tanto a aquellos mercenarios, pagados y preparados por Estados Unidos, que el 17 de abril de 1961 desembarcaron por Playa Girón, y a quienes los combatientes de la Revolución, junto al pueblo, y dirigidos por el Comandante en Jefe, derrotaron en solo 72 horas. Menos de una decena de ellos aún hace bulla mediática en Miami, y viven de la engañosa nostalgia de haber formado parte de una brigada de asalto que no es sino símbolo y celebridad del más rotundo fracaso.

En años más recientes, pretensiones similares se conocieron cuando se enviaban cartas a los militares venezolanos para que abandonaran el ejército chavista y traicionaran al pueblo vilmente, con el apoyo de Washington y Bogotá.

Por supuesto, todas estas «carticas» forman parte de un entramado mediático mayor, concebido por los servicios de inteligencia estadounidenses y por algunas agencias gubernamentales del propio país, que fomentan las revueltas, el odio, la fractura entre las fuerzas revolucionarias, el incremento de las sanciones y el bloqueo contra Cuba, con el fin de propiciar una situación que, de acuerdo con sus planes, facilite una intervención humanitaria o, mejor dicho, una intervención militar.

Porque es cuestión de experiencia histórica, los inspirados remitentes conocen bien cuán caro sería el precio que habrían de pagar si se atrevieran a una aventura de guerra contra nuestro país.

Aquellos no son tan ignorantes; saben que los hombres y mujeres de nuestras Fuerzas Armadas tienen, además de una altísima preparación militar, política e ideológica, un poderoso calibre moral y de respeto y fidelidad al pueblo del que forman parte.

Un choque frontal con ellos sería estrellarse contra una fuerza monolítica que, como en su consigna, solo admite dos finales: Patria o muerte.

Dejar respuesta

¡Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí