Valdría la pena que alguna de las prestigiosas universidades americanas investigara psicológicamente, las preocupaciones selectivas, sus causas y el tratamiento a seguir con aquellos que así lo manifiesten, principalmente entre los altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos, porque es muy frecuente que sientan ciertas “preocupaciones” por casos insignificantes y otros, con una alta connotación, sean pasados por alto.

Existen muchos y variados ejemplos, pero en estos días llama poderosamente la atención que la Casa Blanca no se preocupe por las masacres cometidas por el estado de Israel contra el pueblo palestino, a pesar que el mundo las observa con pavor, al comprobar como morían, por los misiles israelitas, centenares de niños, mujeres, ancianos y personas inocentes, algo que alarma por el vacío sentimental que revelan los funcionarios yanquis.

Otro caso de silencio absoluto de Estados Unidos se refleja ante las 76 masacres con 292 asesinados en 2020, unidas a las casi 40 masacres en lo que va del año 2021, cometidas por el gobierno colombiano de Iván Duque, donde a diario son asesinados líderes sociales que trabajan por los derechos humanos. Ante tales crímenes los yanquis no emiten una sola palabra de condena, o al menos de profunda preocupación.

Mutismo total por los cientos de detenciones arbitrarias, el trato inhumano a los detenidos, incluidas violaciones y ultraje sexual, más el asesinato de 26 personas a manos del ejército, durante los 23 días de protestas populares en Colombia, unido a las 979 lesionadas.

Para esos crímenes y reiteradas violaciones a los derechos humanos, no hay una sola preocupación del Departamento de Estado o declaración del Senado yanqui. Ese silencio permite suponer que no les importan los muertos y heridos en ese país, porque su gobernante es un fiel aliado de Washington. 

Ni preocupación ni conmoción causó en los altos funcionarios del gobierno yanqui, el secuestro y asesinato de los 43 estudiantes mexicanos en la ciudad de Ayotzinapa, ocurrida el 26 de septiembre de 2014, fecha en que se reportaron además otras seis personas asesinadas.

Tampoco hay una sola manifestación de preocupación por la sangrienta represión en Chile, ordenada por el presidente Sebastián Piñera, contra los jóvenes y trabajadores que exigen mejoras de vida, donde son cientos las personas que han perdido un ojo o murieron, por las balas de goma lanzadas por los carabineros.

Durante la inhumana represión contra el pueblo boliviano a manos del ejército golpista, las detenciones injustas, los maltratos y humillaciones públicas a mujeres y hombres seguidores del presidente Evo Morales, unido a las violaciones al derecho diplomático, al ser rodeadas por la policía varias embajadas que dieron asilo a seguidores del gobierno, no hubo un solo pronunciamiento de preocupación de Estados Unidos, posición que realmente llama a la reflexión de que algo anda mal en la psicología de esos funcionarios.

La escalofriante información conocida en estos días, respecto a la decapitación de varios presos durante en un motín en la cárcel Granja Modelo de Rehabilitación Cantel, en el departamento guatemalteco de Quetzaltenango, no provocó una sola preocupación en las altas esferas del gobierno de Estados Unidos. No se conocen declaraciones o denuncias del Congreso, que indique preocupación ante esos hechos dantescos.

Sin embargo, el Buró de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo del Departamento de Estado yanqui, acaba de declarar que:

“Estamos profundamente preocupados por el acoso en Cuba contra Iván Hernández Carrillo, quien trabaja en defensa de los derechos laborales”.

¿Quién es ese hombre que nadie conoce en la isla?  Seguramente ese “trabajador destacado”, aparece en la nómina de los que reciben cientos de dólares del gobierno de yanqui, para ejecutar actos provocativos contra la Revolución.

¿Alguien en este mundo, con un coeficiente de inteligencia medio y dignidad, puede entender esa “profunda preocupación”?

El mismo patrón de “preocupación” lo asumen el Departamento de Estados y Amnistía Internacional, con el tema del asalariado Luis Manuel Otero Alcántara, quien recibe permanentemente orientaciones y mucho dinero para sus actos provocativos, a pesar de que en Cuba no ha sido golpeado, torturado, ni siquiera sancionado por sus tantas violaciones del código penal.

Si hubiese realizado esas provocaciones en Colombia, Chile o en Estados Unidos, la paliza que recibiría no le dejaría deseos de desnudarse más en plena vía pública, ni ultrajar la bandera nacional, como hace en La Habana, buscando ser detenido para darle pretexto al gobierno yanqui de ejecutar sus campañas mentirosas contra Cuba.

Asquerosamente hipócrita es la posición de “preocupación” del gobierno de Estados Unidos, que malgasta millones de dólares para destruir a la Revolución, en vez de tomar medidas en su territorio para detener la ola de muertes inocentes causadas por disparos de armas de fuego y aprobar una ley que prohíba su venta.

No se equivocó José Martí al sentenciar:

“Los perjuicios, la vanidad, la ambición, todos los venenos del alma, borra o manchan la naturaleza americana”.

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