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Por: Carolina Aguilar Ayerra,  Yolanda Ferrer Gómez, Magalys Arocha, Yamila González Ferrer 

Desde que en octubre pasado se diera a conocer la noticia de que el Consejo de Ministros aprobó el Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres en Cuba, muchos criterios se expusieron, en las redes sociales y en otros espacios, con relación al título de dicho programa. Tanto hombres como mujeres han comentado: «¿Adelanto? ¿Qué es lo que hay que adelantar? Esa palabra suena mal, aquí las mujeres están bastante adelantadas. Parece hasta discriminatorio eso del Adelanto».

A tenor de tales preguntas, se impone la explicación: ¿Qué significa Adelanto? ¿De dónde salió? ¿Cuál fue la razón para escoger el vocablo?

Este término tiene su origen en lo que se denominó La Década de la mujer de las Naciones Unidas (1975-1985). El impulso a la adopción de planes y a la evaluación de sus resultados surge con la Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer (1975), y el Foro Paralelo de Organizaciones No Gubernamentales, eventos simultáneos convocados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), efectuados en México, donde se adoptaron una Declaración y un Plan de acción.

En 1980, la ONU convocó a la Conferencia de la Mitad del Decenio en Copenhague, Dinamarca, que valoró los avances en el quinquenio transcurrido, y convocó a la iii Conferencia Mundial de la Mujer en 1985, en la República africana de Kenya, para el examen del Decenio de las Naciones Unidas sobre la Mujer.

El mayor logro de todo este periodo fue la adopción de las Estrategias de Nairobi, orientadas hacia el Futuro para el Adelanto de la Mujer, documento en el que se consignaron 372 acciones necesarias para poner fin a las políticas discriminatorias y a la desfavorable situación jurídica, económica, cultural y social de las mujeres. Uno de los aspectos más discutidos para dar nombre a las Estrategias, fue el término «adelanto», que finalmente quedó consignado, por ser una palabra incluyente que abarca y define todas las situaciones de las mujeres, desde las que sufren las peores manifestaciones de discriminación, hasta las que, en diferentes sociedades avanzadas, han conquistado una parte de la justicia y de los derechos, pero que todavía afrontan diversas circunstancias para ejercer la plena igualdad. En Nairobi se decidió convocar, diez años después, una nueva Conferencia.

En septiembre de 1995 se efectuó en Beijing, República Popular China, la IV Conferencia Mundial de la Mujer. Allí, como en Nairobi, acudieron miles de mujeres de todo el mundo, que sesionaron paralelamente a la reunión de gobiernos.

La Conferencia aprobó la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing, dirigidas a acrecentar las medidas, instituciones, programas y metas para seguir apoyando el humano y justo propósito de alcanzar el ejercicio de la plena igualdad de derechos, oportunidades y posibilidades.

En la Plataforma de Acción se subraya la importancia de crear los Mecanismos Nacionales Para el Adelanto de la Mujer, que cada país decidiría de acuerdo con sus condiciones concretas, y que tendrían como objetivo dirigir, coordinar y monitorear las políticas de igualdad de género.

Cuba suscribió, con toda responsabilidad, los documentos y compromisos, y ya para 1996, del 3 al 5 de julio, fue efectuado en La Habana el Seminario Nacional Las Cubanas de Beijing a 2000, convocado por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y el Gobierno del archipiélago, con el objetivo de estudiar, analizar y evaluar los acuerdos de Beijing y, como centro de la agenda, decidir su implementación, acorde con la realidad de la nación. Sólidos conceptos ideológicos, renovadores y científicos, junto a la invaluable experiencia práctica ganada por cuatro décadas de Revolución socialista, se plasmaron y concretaron en los documentos y recomendaciones aprobadas.

En 1997, el Consejo de Estado de la República de Cuba promulgó el Plan de Acción Nacional de seguimiento a Beijing, firmado por su Presidente, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, el primero aprobado en nuestro continente, y el cual estaba transversalizado, en sus 90 artículos, por el enfoque de género. La FMC quedó reconocida como mecanismo nacional para el adelanto de las cubanas, dando continuidad a su papel en nuestra historia.

ADELANTAR, ¿CON RESPECTO A QUÉ?

«Adelanto» no es un término cubano, como se ha explicado, se inserta desde la práctica internacional, y no debemos verlo con ningún prejuicio, pues el objetivo de avanzar, de adelantar, es aplicable a todo cuanto hacemos.

Sin embargo, no cabe duda de que puede confundir si no entendemos su contenido. ¿Avanzar, adelantar con respecto a qué? Son dos las aristas: el avance con respecto a las condiciones y posición entre las propias mujeres, y el que se produce en relación con los hombres.

En la primera noción, vinculada al avance entre las propias mujeres, el elemento de análisis es el de la interseccionalidad o la valoración de la diferencia, que apunta al «…fenómeno por el cual cada individuo sufre opresión u ostenta privilegio en base a su pertenencia a múltiples categorías sociales», como pueden ser el color de la piel, la edad, la orientación sexual y la situación de discapacidad, entre otras.

Con respecto a la segunda noción, vinculada a la relación con los hombres, responde a la necesidad de eliminar todas las brechas que existen como consecuencia de la construcción histórica y social de las relaciones de poder entre los seres humanos, mujeres y hombres, mediatizadas por sus cuerpos, en tanto producen relaciones desiguales que evidencian la subsistencia de una sociedad patriarcal basada en la supremacía masculina, aunque sea de manera simbólica.

De lo anterior se deriva que se trata de «adelantar» con respecto a la condición de las propias mujeres, y también «adelantar» para llegar al objetivo estratégico que es la igualdad real entre mujeres y hombres. Es decir, pone su foco en la equidad, que no es otra cosa que el impulso necesario para asegurar condiciones y ampliar las oportunidades, para alcanzar la realización práctica del principio de igualdad, en toda su dimensión y alcance.

Ese es el objetivo de las políticas para alcanzar la igualdad de género, y que se expresan en programas o planes con indicadores específicos.

Esto conlleva a que el trato diferente debe tener una finalidad objetiva y razonable, para que no implique discriminación. Un trato diferente no es discriminatorio si no hay igualdad en los supuestos de hecho. No puede vulnerarse el principio de igualdad entre quienes se hallan en situaciones diferentes.

La equidad, vista con el enfoque de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (Cedaw, por su sigla en inglés), de la ONU, como herramienta para enfrentar la discriminación y para la consecución del principio de igualdad, se expresa a través de las medidas especiales de carácter temporal, previstas en su Artículo 4, conocidas, también, como medidas de acción positiva o afirmativas, o discriminación positiva o de trato preferente.

La equidad es lo táctico, son los modos específicos de transitar el camino hacia la meta. Las medidas equitativas varían con frecuencia, siempre en respuesta a un momento y un lugar determinado, en dependencia de las condiciones, según lo alcanzado, y pueden indicar la necesidad de dar por satisfecha una medida y plantear otra superior, según los sujetos involucrados. Por eso, demanda de la voluntad política mucha creatividad para avanzar, de modo concreto, hacia el objetivo de la igualdad, que apunta a los derechos irrenunciables, a las posibilidades de que mujeres y hombres se consideren como seres humanos plenos, y a las oportunidades para que esas posibilidades se conviertan en realidades.

Ese es el espíritu del Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres en Cuba, aprobado, definitivamente, por el Decreto Presidencial 198, publicado el 8 de marzo de 2021, con el objetivo general de promover el avance de las mujeres y la igualdad de derechos, oportunidades y posibilidades, refrendados en la Constitución de la República de Cuba, así como profundizar en los factores objetivos y subjetivos que, como expresiones de discriminación, persisten en la sociedad cubana, y obstaculizan un mayor resultado en lo económico, político, social y familiar, con el fin de eliminarlos.

Tomado de Granma

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