Por Alejandra Brito Blanco

“Nos ha pasado que los suplementos van en un medio de transporte y nos los bajan cuando se enteran de que vienen para Cuba”, decía más temprano una doctora en un spot televisivo. Hablaba del desarrollo de los candidatos vacunales para inmunizar a la población de la Isla ante estados graves de la Covid 19. Mientras tanto, en el mundo mueren millones de personas cada día por causa de la pandemia. Surgen nuevas cepas del virus, la crisis financiera se agudiza…y ellos deciden bajar las medicinas de los aviones, de los barcos. Entonces, ¿El bloqueo existe o no?

Ayer la comunidad internacional volvió a votar en contra de esta política genocida, igual que lo han hecho durante casi tres décadas. Probablemente el próximo año volveremos a ganar, porque en cada rincón del mundo existen personas capaces de manifestarse en contra de la injusticia. Sin embargo, al gobierno estadounidense poco parece importarle la voluntad de 184 naciones alrededor del globo. Solo manifestaron su oposición ellos, quienes empuñan el látigo e Israel, perro obediente que sigue a su amo. Se abstuvieron 3 gobiernos que prefieren para sí mismos políticas neoliberales, fórmulas incompatibles con la retórica del gobierno cubano.

Uno por uno, lo representantes de las diferentes naciones del mundo alzaron sus voces para señalar la naturaleza injusta, inhumana y extraterritorial de la medida coercitiva. Con total cinismo, el vocero de la mayor potencia mundial se apegó a la misma retórica que hace más de tres décadas enarbola su gobierno. Según afirman, se trata de una política dirigida a favorecer la lucha del pueblo cubano por su “verdadera libertad e independencia”. Según su enfoque retorcido y contradictorio, restringir las transacciones financieras de la Mayor de las Antillas ayudaría a promover los derechos humanos y la “transición a la democracia” en suelo cubano.

Nadie parece querer advertir que la asfixia económica afecta, por defecto, a la sociedad y, por supuesto, al sector privado que aclaman promover. Cierran los ojos ante las 243 medidas de bloqueo promulgadas en el gobierno de Donald Trump, inamovibles todavía durante la administración de Biden.

El discurso estático e imperialista ignora los deseos del pueblo cubano, de la comunidad internacional y las numerosas voces de estadounidenses apuntan la necesidad de poner fin a estas acciones obsoletas y unilaterales. Burla al sentido común, por hipócrita, cuando enfatiza en los “millones” que entran a Cuba en concepto de comida y medicinas provenientes del Norte.

Las cifras son claras. En el contexto de la Covid 19, el bloqueo impuesto por Estados Unidos provocó pérdidas a Cuba por 5000 millones de dólares. “El gobierno de Estados Unidos asumió el virus como un aliado en su estrategia de guerra no convencional”, dijo el canciller cubano en su intervención ante la ONU. Aplicación de medidas de tiempo de guerra, como la persecución a los suministros de combustible, la campaña contra la cooperación médica cubana a nivel internacional, la aplicación del Título 3 de la Ley Helms Burton…y la lista sigue. ¿De qué manera incidiría esto en la sociedad de la Isla, si no sumiéndola en privaciones?

Estados Unidos no puede hablarle a Cuba de derechos humanos, cuando laceran la libertad de su propio pueblo, asesinan y discriminan a quienes consideran diferentes. Y Cuba, sin dudas, es un país distinto, único. Ningún otro pueblo del mundo habría resistido y se habría desarrollado en circunstancias tan adversas, con la mayor potencia del mundo pisándole los talones. “El reclamo de Cuba es que nos dejen en paz, que cese el bloqueo, que cese la persecución de nuestros lazos financieros con el resto del mundo”, manifestaba Rodríguez Parilla. Y ese es el clamor de todo un pueblo.

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