Juan Almeida Bosque

Por Eduardo Palomares Calderón

«Almeida vive hoy más que nunca», tituló Fidel la Reflexión con la que, tras la desaparición física del Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque hace 11 años, confesó el privilegio que, en la lucha y durante estos años de resistencia heroica y victoriosa, significó el acompañamiento del extraordinario revolucionario.

Desde el color de su piel, la procedencia humilde, el apego a la barriada habanera de Poey, la rebeldía ante la injusticia, el valor, su sencillez, la proverbial modestia, su inteligencia, la fidelidad a prueba, sus vibrantes canciones y la criollísima sonrisa, sintetizan en él las mayores virtudes del pueblo que supo convertirlo en ídolo y acogerlo con orgullo.

Hombre que por corazón llevaba la Patria, fue con las ideas del Apóstol al Moncada; abrazó aún más la causa junto a Fidel, Raúl, Ramiro y demás asaltantes, en los meses del Presidio Modelo; desembarcó fiel al sentimiento de «vencer o morir» como uno de los tres capitanes del Granma, y estuvo también entre los tres primeros comandantes de la Sierra Maestra.

La fuerza de su ejemplo perdura así, ahora, multiplicado frente a cada  agresión del imperio, en el obrero al pie del surco, en el científico y los guardianes de las far y del Minint.

El entrañable hermano de lucha, General de Ejército Raúl Castro Ruz, lo definió como el combatiente que más se parecía al Titán de Bronce Antonio Maceo, y en esas palabras que lejos de despedirlo lo inmortalizan, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz acuñó su legado permanente: «Almeida vive hoy más que nunca».

Tomado de Granma

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