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La convocatoria a la marcha provocativa de la contrarrevolución interna, es parte del nuevo plan de Estados Unidos para tener el pretexto de incrementar las sanciones a Cuba, el cual cuenta con el apoyo del Parlamento Europeo, bajo las supuestas violaciones de los derechos humanos.

A solo pocos meses de la contundente victoria cubana en la Asamblea General de las Naciones Unidas contra el criminal Bloqueo económico, comercial y financiero que mantiene Estados Unidos contra el pueblo cubano, los yanquis pretenden desviar la atención del mundo sobre su genocidio y sembrar la matriz de opinión mundial de que Cuba es “una dictadura que reprime” a sus ciudadanos, y por eso organizan la marcha que busca un cambio de sistema, algo que Washington no permite en su propio país.

Organizaciones contrarrevolucionarias en Miami, aupadas y financiadas por el régimen de Estados Unidos para su accionar contra Cuba, estimularon desde un inicio la citada marcha, incluso el propio Departamento de Estado se pronunció dándole todo el apoyo, lo que demuestra quienes están tras la supuesta iniciativa de sus organizadores en la Isla.

Los yanquis están convencidos que el pueblo cubano no apoyará tal provocación y muchos de los participantes serán detenidos por violar las leyes vigentes, por eso preparan nuevas sanciones, algo que Joe Biden aprobará presionado por la mafia anticubana, en vez de cumplir sus promesas electorales de eliminar las sanciones impuestas por Donald Trump, que van dirigidas contra el pueblo, como son los viajes de cubanos residentes en Estados Unidos para visitar a su familia, la prohibición de la remesas y las licencias que permitían el intercambio cultural, educacional y religioso entre los dos países.

Esas sanciones afectaron al sector privado cubano que dejó de tener clientes norteamericanos en sus restaurantes, cafeterías, hostales y el transporte.

La Fiscalía de la República de Cuba citó a los organizadores de la marcha, para alertarlos de la violación de las leyes si ejecutan la misma, como seguramente harán para darle argumentos a los yanquis y europeos para sus nuevas sanciones, tal y como está contemplado en el plan elaborado desde hace semanas por los especialistas de la CIA y el Departamento de Estado que conforman la división encargada del trabajo contra Cuba.

En días pasados varios Eurodiputados controlados por la embajada yanqui en Bruselas, le exigieron a la Unión Europea romper sus relaciones con el gobierno cubano, petición a la que se sumó Rosa María Payá, estrecha colaboradora del senador Marco Rubio, la cual declaró públicamente que Josep Borrell, Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, debe condenar de forma contundente las “violaciones de derechos humanos en Cuba”.

Para mayor presión y propaganda mediática, firmó una declaración conjunta con los eurodiputados Hermann Tertsch, Leopoldo López Gil y José Ramón Bauza, donde condenan las “fechorías” y “abusos” practicados por La Habana.

Todo está listo para las sanciones, que en el caso de la Unión Europea pretende suspender el Acuerdo Diálogo Político y de Cooperación entre la Unión Europea y Cuba, incluida la ayuda financiera, todo para reforzar la guerra económica y financiera yanqui, algo ambicionado por Washington desde que fue eliminada la Posición Común, aprobada en 1996 a propuesta del entonces presidente de España, José María Aznar.

Estados Unidos también enseñó su línea de acción, apoyados en el espurio informe elaborado, “casualmente” en días pasados, por la organización financiada por ellos, Human Rights Watch, condenando al gobierno de Cuba por “los ataques al pueblo cubano por protestar pacíficamente, como las detenciones arbitrarias, juicios abusivos, malos tratos, golpizas y abuso psicológico”.

Sobre los pasos que dará la Casa Blanca para arreciar sus sanciones al pueblo cubano, el Subsecretario Brian A. Nichols, expresó que ese informe de detalla el “ataque del régimen cubano al pueblo cubano”, y agregó:

“Estados Unidos condena en forma enérgica la decisión del régimen cubano de no autorizar que se realicen protestas pacíficas. Negar el derecho de reunión pacífica a los cubanos el próximo 15 de noviembre, demuestra el desprecio del régimen cubano por los derechos humanos y las libertades de su pueblo. Este y otros intentos flagrantes de intimidar a sus ciudadanos, son una clara señal de que el régimen no escuchará lo que los cubanos tienen que decir.

Y con el cinismo yanqui acostumbrado añadió:

“Estados Unidos mantiene su firme compromiso con el pueblo cubano, su derecho a reunirse en forma pacífica y a expresarse, y su esfuerzo por elegir libremente a sus líderes y decidir su futuro”.

Quienes pretenden matar por hambre y enfermedades a los cubanos, impiden la compra de medicinas y equipos médicos para enfrentar la pandemia de la Covid-19, persiguen la adquisición de alimentos y combustible, niegan visas de reunificación familiar y la llegada de remesas, se declaran “comprometidos con ayudar a los cubanos”.

El plan yanqui para incrementar las sanciones, está aprobado desde que diseñaron la marcha y prepararon a sus organizadores en Cuba. Solo esperan la actuación de las autoridades para iniciar su ejecución, porque como dijo en enero de 1962 Robert Kennedy, Fiscal General de Estados Unidos, durante una reunión del Grupo Especial Ampliado del Consejo de Seguridad, para Cuba:

“Una solución del problema cubano constituye en estos momentos una alta prioridad del gobierno de Estados Unidos, todo lo demás es secundario. No se escatimará tiempo, dinero, esfuerzos o recursos humanos. No debe haber error acerca del comprometimiento de nuestras agencias involucradas, ni en la responsabilidad que sobre éstas pesan en este trabajo. Estas agencias están conscientes que darán el máximo en todo lo necesario”.

“El último capítulo sobre Cuba no se ha escrito todavía, hay que hacerlo y así se hará”.

Cuba es una espina trabada en la garante de los yanquis y por eso, a pesar de tantos fracasos, insisten en escribir ese último capítulo, apoyados en novatos mercenarios que aspiran a ganarse un efímero espacio en el escenario político y una visa para residir en Estados Unidos, pero como sentenció José Martí:

“La pobreza pasa, lo que no pasa es la deshonra”.

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