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Por: Tania Causse

Siempre me ha conmovido lo sucedido con los niños víctimas de la llamada operación Peter Pan, orquestada por la mano siniestra de la cia. A pesar de lo que se ha escrito y plasmado en valiosos documentales, tenemos que seguir repasando, desmenuzando, desnudando, evidenciando este triste capítulo de la historia cubana.

Tuve la oportunidad de conocer, al menos, a uno de esos niños a los que les robaron tantas ilusiones y certezas. Lo acompañé durante su primer regreso, lo vi llorar cuando comió la icónica «ropa vieja» hecha en Cuba… no la de la calle 8 (no sabe igual, no es posible). Caminamos por barrios que podía describir con sorprendente nivel de detalle, y hasta me llegó a molestar que no veía nada malo, en sus ojos todo era maravilloso y le encontraba justificación hasta a las cosas que nosotros criticamos a diario.

Mi reproche se disipaba cada vez que volvía a ubicarme y a entender que esta era su tierra, la suya de verdad, la jamás olvidada, la siempre soñada. ¡¿Cómo encontrarle defectos a algo tan sublime como la Patria que le habían intentado borrar?! No, tampoco es posible eso.

Las mentiras que sirvieron de anzuelo para esta operación de la cia, siguen tomando otras formas a diario. Al fin y al cabo, es la misma cia, el mismo fondo federal, los mismos gusanos y, lamentablemente, aún tenemos algunos de aquellos mismos ingenuos que les creyeron que les iban a quitar los hijos, para mandarlos a Rusia y devolverlos como carne en lata.

En versiones de semejante manipulación están hoy los que dicen que Soberana 02 estaba dañando a niños cubanos, que en nuestro país nos estamos muriendo de hambre o que Daniel Ferrer realmente está en huelga. Son los mismos mentirosos que siguen emitiendo declaraciones y documentos «secretos» y cuando los denunciamos, salen a decir que no, que qué va… o que ese no es su logo. Los mismos que ven series sobre drogas que son recogidas y vendidas por oficiales cubanos, o que dan crédito a la lista de la revista Forbes colocando a nuestro Fidel entre los más ricos del mundo sin aportar ni una sola prueba… y tantas y tantas mentiras y globos.

Me quedo con la mayoría de aquellos niños que volvieron a Cuba y lloraron de felicidad, con el deseo de muchos de volver para quedarse, de traer a sus descendientes a respirar sus orígenes; me quedo con sus ansias de recuperar el tiempo perdido, el que les robaron.

Tomado de Granma

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