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Por José Ignacio De Smedt

“(…) la verdad es mucho más aterradora: nadie tiene el control. El mundo no tiene timón”

Alan Moore (The mindscape, 2003)

La pandemia de la Covid-19 nos ha tenido encerrados en casa y como vía de alivio navegamos a diario horas y horas por Internet, en donde hallamos todo tipo de información. Cada ciudadano, sin cuestionar la veracidad del hecho, elige la credibilidad de la noticia según su propia creencia u corriente política.

En muy poco tiempo, desinformación ha pasado de ser un término casi académico a convertirse en una tendencia real.

Hoy en día es muy común el tema de las Fake News (noticias falsas). Aunque el fenómeno no es para nada algo nuevo, los aires de la modernidad y las tecnologías parecen haberle proporcionado un segundo aire a las bolas como se les conoce en algunos países de Latinoamérica.

Como bola de nieve que va creciendo con el tiempo, titulares llamativos con contenido desconcertante, o una simple fotografía manipulada, inundan las redes y ganan cientos de adeptos, llamando la atención del público y logrando una avalancha mediática de proporciones incalculables.

Debido al alto consumo de las redes sociales, en muchas ocasiones las personas confían más en la información proporcionada por usuarios de dudosa apariencia que en la recibida por los medios estatales. Por eso, en la conmemoración como cada 8 de septiembre del Día Internacional del Periodista, los profesionales de la prensa encaramos el reto de esta nueva batalla con gran responsabilidad.

No es secreto a voces que, en el nuevo escenario del siglo XXI, altamente influenciado por los monopolios de Internet, una noticia falsa puede obtener una rápida viralización, en ocasiones incluso, la velocidad con que circula una de estas Fakes supera ampliamente la difusión de una noticia real.

Todo esto apoyado por la grave estabilidad política y económica de algunos países, sobre todo de América. Situación observada por los consorcios informativos que, como buitres volando en rededor de la víctima, aprovechan la ocasión para insertar su veneno informativo.

La desinformación no es novedosa en el mundo comunicacional, la existencia de medios de poca monta o financiados por un interés político como Cibercuba o ADN Cuba son algunos ejemplos. Lo más preocupante del asunto es ver algunos medios tradicionales como CNN incurran en esta falta.

No hay que ir muy lejos, ejemplos sobran. Campañas presidenciales beneficiadas con las falsas noticias, como la del mandatario brasileño Jair Bolsonaro, quien era atribuido como con el Mesías brasileño, o las insinuaciones en cuanto a la manipulación de los medios norteamericanos sobre los atentados del 11 de septiembre, ponen en evidencia el fenómeno.

No se debe pasar por alto la Agenda Cuba. Imágenes de una protesta en Egipto, o de las celebraciones de Argentina tras el triunfo de la Copa América fueron usadas contra la Mayor de las Antillas tras los sucesos del 11 de julio pasado, para dar magnitud de una supuesta gran manifestación.

También otros medios llamados independientes son encargados de dar eco a sucesos completamente opuestos a la realidad cubana. Titulares como una manifestación violenta en cualquier lugar de la ínsula o el asesinato de algún ciudadano a manos de fuerzas oficiales son muestras de los constantes ataques mediáticos a los que se puede someter un país para su desestabilización.

Hacerle frente a un enemigo tan poderoso como la ignorancia no es batalla fácil, en especial en un campo tan complicado como son las redes sociales en donde cuentas o perfiles que no den al traste con su ideología son bloqueadas y censuradas, tal como ha pasado con las cuentas de distintos órganos oficiales de Cuba que en los últimos tiempos se han visto cerradas o inutilizables sin explicación alguna.

Además, una parte de la población mundial se ve golpeada por el fenómeno del fanatismo y la ignominia, y, sin contrastar o chequear la veracidad del suceso, dan crédito a todo tipo de engaños informativos y lo replican sin chistar.

Haciendo historia

Aunque cada país dedique una fecha nacional para celebrar el trabajo de los profesionales de la prensa, cada 8 de septiembre, se celebra el Día Internacional del Periodista, jornada en la que es reconocida su labor mediante a través de premios, foros y reconocimientos.

La fecha rinde honores a Julius Fucik, escritor y periodista checo ejecutado por los nazis en 1943. La celebración se instauró en 1958 en el marco del IV congreso de la Organización Mundial de Periodistas(OIP) en Bucarest, capital de Rumania.

Julius Fucik plasmó sus escritos en diarios como Rude Pravo y la revista Tvorba, ambos de corriente comunista. Precisamente su militancia comunista antifascista le provocó ser encarcelado por la Gestapo en la prisión de Pankrác, Praga, donde fue torturado y asesinado.

Fucik es el autor del conocido trabajo periodístico llamado Reportaje al pie de la horca, redactado durante los últimos días de su vida antes de ser decapitado.

Este caso, hace 78 años atrás, es comparable con los miles de periodistas que han perdido la vida a lo largo de estos años por ejercer su profesión, pues aún son anzuelo de la persecución cuando alzan su voz en defensa de la verdad.

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