Por Tomás Gutiérrez González *

“Y no solo que sabremos resistir cualquier agresión, sino que sabremos vencer cualquier agresión, y que nuevamente no tendríamos otra disyuntiva que aquella con que iniciamos la lucha revolucionaria: la de la libertad o la muerte.  Solo que ahora libertad quiere decir algo más todavía: libertad quiere decir patria. Y la disyuntiva nuestra sería Patria o Muerte”.

Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz

Discurso pronunciado el 5 de marzo de 1960 en el acto de homenaje a las víctimas de la explosión de La Coubre.

El 5 de marzo de 1960, desde una improvisada tribuna instalada en las afueras de la Necrópolis de Colón, durante las honras fúnebres en homenaje a las víctimas fatales ocasionadas por la explosión del vapor francés La Coubre, nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz pronunció por vez primera la histórica frase de ¡Patria o Muerte!, que emerge hoy día con mayor fuerza que nunca antes, frente a las actuales campañas enemigas. 

El atroz sabotaje se producía en un entorno histórico plagado de amenazas y agresiones contra la joven Revolución Cubana, solo trece días antes de la aprobación en secreto por el Gobierno norteamericano de un programa subversivo dirigido a derrocar por la fuerza a una nación libre y soberana.

En efecto, el 17 de marzo de 1960, apenas dos semanas después de este hecho, el presidente Dwight D. Eisenhower aprobó el “Programa de Acciones Encubiertas contra Cuba” que en sus direcciones principales establecía la organización de una oposición interna, la creación de campamentos de entrenamiento, la conformación de una red organizaciones clandestinas capaces de asesinar a los principales dirigentes, la realización de sabotajes contra proyectos de desarrollo económico y social, el despliegue de campañas de propaganda subversiva, el fomento de bandas terroristas de alzados que desataran la guerra irregular en zonas rurales y sembraran el pánico entre la población campesina.

Todo un andamiaje subversivo para obligar al Gobierno Revolucionario a dedicar enormes recursos materiales y financieros en la defensa del país, con el objetivo de afectar el nivel de vida de la población, restarle base de apoyo social a la Revolución y difundir en el exterior una falsa imagen de caos e ingobernabilidad, para tratar de justificar una intervención militar en Cuba.

Aquel día 5 de marzo de 1960, una multitud estimada en medio millón de habaneros se había trasladado hasta el Cementerio de Colón cubriendo una distancia de más de cinco kilómetros desde la sede de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), acompañando el sepelio de más de dos docenas de obreros y soldados identificados entre los fallecidos hasta ese momento, que solo unas horas antes trabajaban tranquilamente en la descarga del mercante francés. 

El saldo de víctimas mortales alcanzó posteriormente la cifra de un centenar de personas. La mayoría estibadores, braceros y obreros portuarios, jóvenes combatientes del Ejército Rebelde, inspectores de aduanas, trabajadores del transporte y vecinos de los alrededores. Unas 400 personas resultaron heridas o recibieron lesiones con graves secuelas a lo largo de sus vidas y decenas de niños quedaron huérfanos.  

Junto a mercancías de carácter general, el mercante trasladaba con destino al Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias un cargamento de 75 toneladas que contenía un millón y medio de municiones y 25 mil granadas antitanques y antipersonales para el fusil belga FAL. Este envío respondía al cumplimiento de los acuerdos firmados a finales de marzo y principios de abril de 1959, por representantes del Gobierno Revolucionario cubano y de la Fábrica de Armas de Guerra de Herstal, Bélgica, que incluía la compra de fusiles y municiones.

En sus palabras de despedida de duelo, Fidel analizó detalladamente las circunstancias en que estalló el buque, expuso los antecedentes de este trágico suceso y explicó las conclusiones a que se había arribado como resultado de las investigaciones iniciales practicadas.

La explosión de la nave no obedecía a un accidente, sino a una acción criminal dirigida a hacerla estallar intencionalmente, o sea, se trataba de un sabotaje criminal. Las cajas de granadas que se manipulaban contaban con excelentes condiciones de seguridad. Durante las investigaciones practicadas por especialistas cubanos, como medida de comprobación fueron lanzadas desde un avión dos cajas de granadas que no estallaron. El sabotaje fue preparado en el exterior de nuestro país y los mecanismos detonantes fueron introducidos en la bodega No.6 donde se almacenaba el cargamento militar.

Como conclusión, en clara alusión a la conducta mantenida desde mucho antes por funcionarios del gobierno estadounidense, Fidel exhortó a buscar los culpables de este horrendo crimen entre los interesados en que Cuba no recibiera las armas necesarias para su defensa.

Los contratos concertados se venían cumpliendo rigurosamente según lo acordado por ambas partes, a pesar de los obstáculos interpuestos por el Gobierno de Estados Unidos a través de su cónsul en Amberes y su agregado militar en Bruselas, quienes de manera insistente intercedían ante los directivos de la fábrica y los funcionarios del gobierno belgas con la finalidad de que fueran cancelados los embarques y suprimidas las correspondientes licencias de exportación de armamento.

Con iguales propósitos, el gobierno norteamericano influyó ante el de Inglaterra y logró, a finales de 1959, que este país suspendiera la entrega de aviones a reacción ya contratados por Cuba. Similares gestiones encaminadas a impedir que se adquirieran armas para fortalecer nuestras defensas las realizó también con otros países de Europa occidental.  Se hacía evidente la intención de mantener a nuestro país desarmado mientras llevaban a cabo una permanente política de hostilidad y agresiones.

En momentos en que se producía este sabotaje, el Gobierno estadounidense preparaba a los primeros integrantes de las fuerzas paramilitares que emplearían en una agresión armada contra Cuba. En el tiempo transcurrido desde entonces, no ha desclasificado documento alguno sobre el resultado de las investigaciones que debió realizar en aquel momento, ni sobre la participación de sus servicios de inteligencia y subversión en este hecho.

Tampoco ha cesado su hostilidad ni las continuas agresiones contra nuestro país. Por el contrario, ha incrementado el feroz bloqueo económico, comercial y financiero que ya tiene seis décadas de existencia, y para colmo de su hipocresía y oportunismo, en los últimos días del gobierno de Donald Trump, incluyó a Cuba en la espuria lista de países promotores del terrorismo y al mismo tiempo financió a nuevos mercenarios para mancillar la imagen de nuestro Héroe Nacional José Martí y ofender los símbolos sagrados de nuestra Patria.

Los enemigos de nuestro pueblo hacen hoy todo lo posible por resquebrajar los cimientos que sostienen el vigor y la resistencia de la Revolución, que se hallan esencialmente en la firme unidad de los cubanos junto al Partido Comunista de Cuba y sus principales dirigentes, en la alta moral combativa de nuestras fuerzas armadas revolucionarias y nuestras organizaciones de masas, en la defensa inquebrantable de nuestros principios. 

Son conceptos que laten y se resumen en la histórica frase de ¡Patria o Muerte! pronunciada por Fidel hace ahora 61 años, en honor a los mártires de La Coubre. Desde entonces esa frase constituye algo más que una consigna, es un grito de combate que simboliza la firme decisión de nuestro pueblo de defender su soberanía, su libertad y su independencia ante cualquier desafío.

* Investigador del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado.

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