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Por OLGA FERNÁNDEZ RÍOS*

La Revolución Cubana se ha desarrollado a partir de un sólido pensamiento fundacional y estratégico sobre la base de las concepciones y la obra de Fidel Castro, uno de cuyos méritos ha sido aportar los fundamentos conceptuales e ideológicos que han definido la naturaleza socialista del proceso revolucionario junto con la defensa de la independencia y soberanía nacional. En sus concepciones y en su obra están los referentes insoslayables, no solo para explicarnos el origen o el pasado de la Revolución Cubana, sino para profundizar en su presente y en los retos que deben enfrentarse como garantía de su futuro.

Analizar cualquier faceta del pensamiento de Fidel requiere enfocarlo desde una perspectiva sistémica e integral. Sus concepciones forman parte de un cuerpo sociopolítico, ético y cultural que tiene como centro la Revolución social vista como proceso de construcción del socialismo. En varias ocasiones él reconoció que se nutrió de dos de las más avanzadas corrientes revolucionarias del siglo XIX: el ideario independentista y antimperialista de José Martí y el legado anticapitalista y de estrategia de desarrollo socialista fundado por Carlos Marx y Federico Engels, con los ulteriores aportes de Lenin y otras figuras, incluyendo varias de nuestro continente y país.

No es fácil determinar qué campo de las concepciones de Fidel tuvo más fuerza y proyección, pero sin lugar a dudas el de la educación ocupa un sobresaliente lugar, vista en su fusión con la cultura artístico-literaria y la ciencia. Son armas que esgrimió para hacer avanzar la Revolución y el cambio civilizatorio que ella entraña. En ese triángulo indivisible está expresada su genuina pasión revolucionaria y el humanismo más integral, porque siempre reconoció el importante rol que tienen la subjetividad y la acción consciente de los seres humanos en el avance de la sociedad, en la elaboración de estrategias y tácticas del desarrollo revolucionario, que tiene que ser resultado del trabajo colectivo.

Las concepciones de Fidel sobre la educación se vinculan con la necesaria toma del poder político, pero sobre todo con la construcción del nuevo poder popular. Desde esa perspectiva se convenció acerca de la importancia de la preparación del pueblo para las tareas políticas a emprender en un proceso revolucionario a 90 millas del imperio más injerencista desde el siglo XIX.

Un eje fundamental en su proyección política

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Su concepto de justicia social se asocia con concepciones opuestas a desigualdades y discriminaciones. (Foto: JUVENTUD REBELDE)

Desde muy temprano Fidel fue consciente de la importancia de la educación en la Revolución. No solo fue de su interés, sino también su pasión, por su lazo con el despliegue del poder político de naturaleza popular, vinculado con una proyección de la democracia de nuevo tipo que asegure altos niveles de involucramiento, participación y movilización popular junto con la creación de un sistema de emancipación múltiple del ser humano, cuyo eje es la justicia social.

Desde esas perspectivas en su obra sobresale su atención a lo relacionado con el poder político, Estado y democracia, que no pueden separarse del rol que concedió a la organización partidista y al conjunto de organizaciones populares. Supo desde muy temprano que si bien el poder político hay que conquistarlo, el gran reto es consolidarlo. En sus intervenciones, pero sobre todo en su liderazgo, están las evidencias de su comprensión de que si el control del Estado era el punto de partida, no bastaba para llevar a cabo la Revolución social, también se requería transformar toda la superestructura política, incluyendo el sistema partidista imperante y fortalecer los canales que garantizaran la organización y participación popular.

Es en este plano donde insertamos el trascendental papel que debe jugar la educación en un proceso revolucionario genuino para que el reconocimiento del carácter popular del poder no sea solo declarativo, sino real y palpable. Lograrlo requiere crear las condiciones con el propósito de que el pueblo trabajador sea el sujeto portador de poder; y esas condiciones son materiales y espirituales. Con el propósito de cumplimentarlas se requiere de posibilidades de empleo, seguridad social y salud. Pero también requiere de educación y cultura política. No hay poder popular sin las condiciones para ejercerlo y la educación forma parte de esas condiciones, dadas en un marco amplio de justicia social y dignidad humana.

Para Fidel, el programa definido en La historia me absolverá no podía desarrollarse sin crear bases educativo-culturales de modo que esa justicia fuera el eje que guie cualquier cambio y crecimiento económico en Cuba, por ello permanentemente la jerarquizó como un importante criterio ético-axiológico y cultural con influencia en la regulación de las transformaciones socialistas.

Su concepto de justicia social implica oportunidades y posibilidades para el conjunto de la sociedad; se asocia con concepciones opuestas a desigualdades y discriminación por motivos de sexo, raza, edad o creencias religiosas. Significa amparar los intereses inherentes a la condición humana, lo que implica trascender la defensa estrecha de los derechos humanos, concebidos como constitutivos del quehacer socioeconómico y político.

En esos planos, que abarcan poder político, democracia y justicia social también encontramos las mayores motivaciones en su pasión por la educación. No olvidar que en un contexto de aguda lucha de clases y de injerencia estadounidense, el nuevo Estado bajo su dirección propició transformaciones en todo el sistema político, mas para hacerlo creó las condiciones educativo-culturales necesarias. Aunque sea una verdad de Perogrullo, hay que reconocer que en la proyección política y social de Fidel Castro la educación ha sido uno de los ejes fundamentales. Ya en La historia me absolverá abordó el tema como uno de los motivadores de su lucha por una sociedad mejor; años después, en su intervención del 15 de enero de 1960 en el Paraninfo de la Academia de Ciencias, además de avizorar el lugar destacado de la ciencia en la naciente Revolución, dejó muy claro que el desarrollo científico solo podía lograrse a partir de un arduo trabajo para rescatar inteligencias a través del despliegue de políticas educacionales de largo alcance, consciente de que la educación está directamente imbricada en la preparación del pueblo como sujeto plural y protagonista de la Revolución Cubana.

Los hechos cuentan

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En 1953, cuando se produjo el asalto al Cuartel Moncada, solo el 55.6 % de los niños entre 6 y 14 años estaban matriculados en escuelas. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Es imposible analizar la pasión fidelista por la educación y su conversión en derecho inalienable del pueblo, sin olvidar datos y hechos históricos. No es por gusto que los enemigos de la Revolución Cubana tratan de estimular el olvido de nuestra historia. Se sabe que en la guerra de pensamiento que hoy se nos hace, la historia de este país no es solo pasado, es lección y experiencia para el presente y acicate para el futuro. Esa historia tiene que ver con Fidel y mucho nos dice acerca de los logros que no solo debemos preservar, sino por los que debemos continuar perfeccionando nuestro sistema educativo. Vale recordar que en 1953, cuando se producía el asalto al Cuartel Moncada, el 23.6 % de la población cubana era analfabeta o semianalfabeta y solo el 55.6 % de los niños entre 6 y 14 años estaban matriculados en entidades escolares. Únicamente el 17 % de los jóvenes entre 15 y 19 años recibía algún tipo de educación.

Son deplorables las cifras totales sobre el estado de la educación en Cuba cuando triunfó la Revolución: 600 000 niños sin escuelas, 10 000 maestros sin trabajo; un solo centro especializado en enseñanza técnica-profesional y seis escuelas para la educación agropecuaria. En la educación superior solo existían cuatro universidades, una de ellas privada y con patrones de carreras muy limitadas. Esa era la herencia que muy pronto la naciente Revolución subvirtió cuando en 1959 fueron creadas 10 000 nuevas aulas y a los pocos meses del triunfo revolucionario había dos veces más maestros rurales que en toda la historia de Cuba bajo el capitalismo.

No es posible reseñar todos los logros que Cuba ha acumulado en el campo de la educación, pero sí recordar algunos de los pilares en que se han sustentado desde que la vocación de la Revolución Cubana por la paz comenzó a manifestarse en 1959, cuando 69 cuarteles fueron convertidos en escuelas y se puso en marcha la primera reforma integral de la enseñanza, a la vez que más de 3 000 maestros emergentes y voluntarios marcharon a las montañas y más tarde se organizaron en la Brigada de Maestros de Vanguardia Frank País. Con los mismos objetivos, a principios de 1961 comenzó el plan de educación para campesinas Ana Betancourt del que egresaron más de 150 000 muchachas para quienes hasta entonces acceder a un recinto escolar era solo un sueño.

Uno de los hitos más sobresalientes fue la masiva Campaña de Alfabetización en 1961 que daría el tiro de gracia a la incultura y abrió las puertas al rescate de inteligencias enunciado por Fidel un año antes, el 15 de enero de 1960. Fue la muestra más fehaciente de la nueva democracia que la Revolución generaba al crear condiciones para el empoderamiento y la participación popular en el país. En solo un año fueron alfabetizados más de 700 000 iletrados creándose de esa forma uno de los subsistemas educativos que hasta hoy rinde frutos: la educación de adultos. No es casual que el fuego enemigo tratara de destruir la potente arma que la naciente Revolución estaba construyendo y trató de frenar la Campaña apelando al asesinato.

Semanas después de la declaración del carácter socialista de la Revolución (16 de abril de 1961), el 6 de junio se dictó la Ley de nacionalización de la enseñanza, la cual pasó a ser gratuita desde la primaria hasta la superior, a la vez que se abrió un sistema de becas sin precedentes, que favoreció a más de 40 000 jóvenes humildes, y se desarrollaron cursos de seguimiento y superación obrera y de técnicos. Otro importante hito fue la reforma universitaria en 1962, que no solo democratizó el acceso a las universidades, sino también al desarrollo de la investigación científica y la cultura. Basta recordar que todos los niveles de enseñanza habían multiplicado sensiblemente sus capacidades de matrícula en 1975. De cuatro universidades existentes en 1959, hay en la actualidad más de 50 centros de educación superior.

Integralidad de la obra educacional impulsada por Fidel

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La masiva Campaña de Alfabetización, en 1961, dio el tiro de gracia a la incultura. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

El papel de Fidel en relación con la educación y el peso que tiene en su pensamiento político, en su humanismo y en su obra, requiere identificar dos planos muy interrelacionados. Primero: su rol personal como educador, capaz de influir directamente en la toma de conciencia, en la educación para la lucha y el desarrollo de una cultura política en el pueblo. Segundo: su impronta en la creación y despliegue de un sistema educativo sin precedentes en este continente y en gran parte del mundo.

Fidel democratizó la educación al convertida en un derecho inalienable de todo el pueblo, por hacerla absolutamente gratuita en todos los niveles, gratuidad que incluye la educación posgraduada, lo que es sin duda una conquista prácticamente inédita o excepcional si echamos un vistazo a otras latitudes. Él no olvidó un solo detalle de la integralidad que debía alcanzar el sistema educativo cubano, forjado desde diferentes dimensiones que van desde aportar las armas de la escritura y la lectura a todos los cubanos, proyectar una educación con bases científicas o como vía capaz de cultivar los goces más plenos de la espiritualidad humana a través del arte y la literatura, o el deporte, hasta su empeño para que los que tienen limitaciones físicas o mentales, antes excluidos del pan de la enseñanza, pudieran insertarse en la sociedad, sin exclusiones ni discriminaciones ni marginaciones.

De igual forma, no es posible analizar la pasión fidelista por la educación al margen de su vocación internacionalista que se expresa en su solidaridad con otros pueblos y naciones. Cómo olvidar entonces la ayuda brindada por él a la eliminación del analfabetismo en varios países.

No debe olvidarse que bajo su guía Cuba exhibe importantes logros internacionales en materia de educación como son los programas Yo sí puedo y el de formación gratuita de médicos en la Escuela Latinoamericana de Medicina, que ha graduado a miles de jóvenes humildes provenientes de diversas latitudes, quienes, en sus países, bajo la égida del neoliberalismo, nunca hubieran tenido posibilidades de convertirse en profesionales de alto nivel.

Son logros de la Revolución Cubana impulsados por la proyección de largo alcance de su líder, de un estadista que hizo de la sensibilidad, el humanismo, la motivación y la ética, ineludibles medios para poder avanzar hacia un mundo más justo.

Hoy, cuando millones de seres humanos se plantean luchar por un universo y una sociedad más equitativos, cuando en varios países los movimientos populares retoman la crítica al capitalismo con renovados bríos, las concepciones de Fidel contribuyen al análisis y a la transformación del injusto orden social imperante. De igual forma ocurre en Cuba, donde se ha ratificado el socialismo como opción de desarrollo, con la decisión de no extraviar la ruta, la cual incluye ciclos de rectificaciones y ajustes acordes a los diversos contextos que influyen en la realidad nacional.

En ese empeño no puede faltar el análisis de la obra de Fidel, hoy más necesaria que nunca, cuando en ella se defiende la Revolución como movimiento de masas. De ahí el peso que se ha concedido a la labor educativa y a promover el diálogo directo con el pueblo, lleno de hombres y mujeres, educados y cultos, capaces de perfeccionar el  poder político que se despliega desde 1959, y de llevar adelante la Revolución como proceso continuo de liberación nacional de carácter antimperialista y socialista.

Hoy, al igual que en otros contextos, cuando Cuba es atacada con burdos actos de injerencia y agresiones orquestados desde Estados Unidos, el legado de Fidel en el campo de la educación deviene importante arma para enfrentar la guerra de pensamiento y las distorsiones mediáticas sobre la realidad cubana.

*Doctora en ciencias Filosóficas. Investigadora Titular del Instituto de Filosofía. Vicepresidenta de la Academia de Ciencias de Cuba

(Este artículo pertenece a la Edición Especial de Bohemia (impresa) en homenaje al 95 aniversario del nacimiento de Fidel)

Tomado de Bohemia

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