Una representación del pueblo cubano acudió el 17 de julio a la Tribuna Antimperialista de La Habana en apoyo a la Revolución. Foto: El Mundo

Corría septiembre de 1973, día, 11. El presidente Salvador Allende caía muerto por su propia arma y por intención ajena en el suelo del Palacio de la Moneda, en Chile. Mucho se ha hablado de la ofensiva de la CIA en ese país, para eliminar el bastión de izquierda del gobierno suramericano.

Era 11 de septiembre, esta vez del año 2001. Dos aviones se estrellaban contra los edificios del World Trade Center, en Nueva York. Los controversiales atentados terroristas cobraban la vida de más de 2000 personas y dejaban a un país perplejo, conmocionado por el dolor.

¿Qué tiene el número 11, tan propenso a arrastrar fechas tristes y verdades incómodas? ¿Hubo alguna alegría también en un día como este? Seguramente. Es bien sabido cómo puede variar la realidad de un rincón a otro del mundo, aún con una pandemia brutal desandando el planeta.

También era 11, pero de julio, cuando la realidad cubana sufrió una sacudida dramática. Miles de cubanos salieron a las calles, no solo para expresar su descontento por la situación del país en un contexto de pandemia y recrudecimiento del bloqueo. También fueron víctimas de confusiones, manipulaciones, por parte de quienes pretenden lograr un cambio de sistema en Cuba pagado con sangre de otro.

Mucho se ha escrito sobre ese día, de las preocupaciones de quienes manifestaron sus opiniones de forma legítima y de aquellos que vandalizaron o ejercieron violencia sobre sus compatriotas por un puñado de dólares. Todavía queda bastante por investigar acerca del suceso, que no se puede reducir a simplificaciones vanas o visiones apocalípticas extranjeras. Pero una verdad es cierta: Estados Unidos sufrió un portazo en sus propias narices cuando pidió a los cubanos que dieran la espalda a su propia Revolución.

Los cubanos, una vez más, mostraron su respaldo a la construcción del socialismo. Foto tomada de www.diariocorreo.pe

No alcanzan las manos para contar a todos lo que cayeron en la infamia, es cierto. Pero las imágenes hablan por sí solas, y la inmensa mayoría del pueblo insular respalda a su presidente, al sistema social por el cual votó el 24 de febrero de 2019.

“Cuba es un Estado socialista de derecho y justicia social, democrático, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos”, reza el primer artículo de la Carta Magna, aprobada por más del 80 por ciento de los habitantes de la Isla que acudieron a las urnas. Ya para el día siguiente, el 12 de julio, el pueblo cubano, las fuerzas del orden y su gobierno, habían sofocado la tentativa de promover el pánico y la violencia en las calles. La paz habitual había regresado a cada una de las esquinas, por más que la prensa internacional y las plataformas “independientes” insistieran en afirmar lo contrario. Si existía alguna duda de su total irrespeto por la verdad, esta es otra evidencia

Raúl y Díaz-Canel encabezaron el acto patriótico del 17 de julio. Foto: www.radiocubana.icrt.cu

Que ha nadie le quepa dudas, hace dos meses el pueblo cubano vivió otro Girón, venció al imperialismo, mezclado en sus propias filas, en menos de 48 horas. Quedará como experiencia, sobre las virtudes y los errores que sepamos reparar. La calle es de los revolucionarios, dijo Díaz-Canel, y se hizo eco en millones de voces.

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