Operación Carlota: a 45 años del inicio de una misión Internacionalista heroica. (IV parte)
Operación Carlota: a 45 años del inicio de una misión Internacionalista heroica. (IV parte)

Por Cor. (r) Tomás Gutiérrez González (*)

La situación militar al norte de Luanda a comienzos del mes de noviembre de 1975, en particular en las inmediaciones de las alturas de Quifangondo, estaba caracterizada por la concentración de fuerzas del FNLA, unidades regulares del ejército de Zaire y artillería sudafricana, acompañadas de mercenarios de varias nacionalidades. Esta fuerte agrupación de tropas se disponía a iniciar la ofensiva final sobre la capital angolana para desplazar al MPLA con anterioridad a proclamarse la independencia de Angola.

Las fuerzas concentradas por el enemigo en este sector, a menos de 30 kilómetros de la ciudad, estaban dirigidas por un estado mayor, con cuatro batallones de infantería más una compañía independiente, un escuadrón con 16 carros blindados, dos baterías de cañones sin retroceso de 75mm y 106mm, dos pelotones de cañones, uno sudafricano de 140mm y otro zairense de 130mm y otras pequeñas unidades las que en total reunía a unos 3,000 efectivos

Las FAPLA disponía del Batallón 2 del CIR de Dalatando con una batería de morteros 120mm, otra de artillería antiaérea 14,5mm. Además contaba con tres compañías de infantería angolanas y dos de katangueses, una batería de GRAD-1P y varios cañones de 76mm y sin retroceso, que hacían un total de 1,094 combatientes dirigidos conjuntamente por la Jefatura de la 9ª Brigada angolana y de la Misión Militar Cubana en Angola, integrada por los primeros comandante Raúl Díaz Arguelles y Carlos Fernández Gondín y otros jefes y oficiales, entre ellos los comandantes Romárico Sotomayor y Armando Saucedo y el mayor Félix M. Delgado..

La correlación de fuerzas resultaba claramente favorable a favor de los adversarios de los patriotas agrupados en las FAPLA, tanto en cantidad de tropas de infantería y de otros medios de combate, y en su preparación combativa. No obstante, los combatientes revolucionarios estaban resueltos a defender tenazmente cada palmo de la patria angolana, luchaban por una causa justa y disponían de una alta moral combativa.  

A solo seis días de ese importante acontecimiento, a las siete de la mañana del 5 de noviembre, comenzó la preparación artillera enemiga con el empleo fundamentalmente del fuego de morteros. Las tropas angolano cubanas que se mantenían en permanente estado de alerta y habían acondicionado el terreno para protegerse, no fueron sorprendidas ni recibieron daños en el personal y la técnica de combate. 

Luego de unas dos horas, finalizó la preparación artillera y se inició el avance con tropas de infantería precedidas de una media docena de carros blindados, sobre las cuales las FAPLA abrieron fuego con lanzacohetes del tipo GRAD 1-P, morteros de 120mm y 82mm y piezas de artillería antiaérea de 14,5mm emplazadas para el tiro terrestre.

Aproximadamente a las dos de la tarde, al no poder avanzar en el terreno y recibir considerables bajas, el enemigo se retiró a sus posiciones originales. Así concluyó el tercer combate en las proximidades de Quifangondo en el que las fuerzas patrióticas no sufrieron baja alguna y sobresalió la destacada actuación de las unidades de morteros y artillería antiaérea. No obstante el éxito obtenido, se avizoraba otro ataque desde el norte, mientras la columna blindada sudafricana por el sur se esforzaba en converger con estas sobre  la ciudad capital lo que representaba un extraordinario peligro.

En La Habana el mismo día 5, nuestro Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz de conjunto con los principales dirigentes del Partido Comunista de Cuba, analizó la situación existente y se adoptó la decisión de enviar tropas regulares para enfrentar a los invasores sudafricanos y zairotas. La independencia de Angola, por la que su pueblo tanto había peleado, sería conquistada.

Fidel decidió que la primera unidad que partiera con esa misión fuera el Batallón de Tropas Especiales del Ministerio de Interior y en breve tiempo, se reunió con todo su personal en la Escuela de Instrucción Revolucionaria, Ñico López, al oeste de la capital habanera.

En esa ocasión Fidel le habló ampliamente a los miembros del batallón sobre la situación político-militar que se iban a encontrar al llegar a ese país, la existencia de una fuerte concentración de fuerzas enemigas muy próximas a su capital, el avance amenazante desde el sur de la poderosa columna del ejército de Sudáfrica y la necesidad de detenerla con sus esfuerzos en interés de la independencia de Angola.

De momento ocurrió algo, que a pesar del tiempo transcurrido pienso recordar con bastante exactitud. Fidel detuvo su intervención unos segundos y preguntó a los combatientes, casi en tono paternal: ¿Ustedes podrán detener esa columna sudafricana? Y en medio del hermético silencio que había prevalecido, se escuchó un atronador y prolongado ¡SI! que estremeció todo el anfiteatro.

Al día siguiente, 7 de noviembre, partió el primer avión con personal de la primera compañía. Marchaban con tal decisión y convicción en la victoria que no cabía lugar a dudas que el batallón cumpliría su misión.

Mientras tanto, en la geográficamente aislada provincia de Cabinda, más al norte del río Congo, los instructores cubanos destacados en el Centro de Instrucción Revolucionaria, continuaban trabajando arduamente en la formación y preparación combativa de dos batallones de infantería y varias baterías de morteros y antiaéreas de las FAPLA. El jefe del CIR, comandante Ramón Espinosa Martín, auxiliado por los comandantes Vázquez, Reyes y otros oficiales concentraba sus esfuerzos en realizar un detallado estudio del terreno y apreciaba al posible adversario y las posibilidades de las fuerzas propias, para tomar una acertada decisión.

Era de esperar que paralelamente con las acciones que se desarrollaban en Luanda, el dictador Mobuto lanzara unidades regulares del ejército de Zaire para,  de conjunto con fuerzas del Frente de Liberación del Enclave de Cabinda (FLEC), tratar de apoderarse de esta rica provincia angolana, aprovechando la cercanía a su territorio y las particulares circunstancias político-militares del momento. 

En correspondencia con esos pronósticos, a las once de la mañana del 8 de noviembre, el enemigo procedente de Zaire, cruzó la frontera este e inició el ataque por las regiones boscosas de Chingundo y Chimbuande, en dirección a Subantando, ubicado en las cercanías de la ciudad de Cabinda.

De inmediato se ordenó la alarma de combate y todas las unidades se pusieron en condiciones de enfrentar la agresión. El Centro de Instrucción fue enviado a la frontera con Zaire a defender la dirección principal junto a otras unidades de las FAPLA.

La fuerza atacante avanzaba por la dirección Chingundo con un batallón de infantería del FLEC, una batería de obuses 105mm y un pelotón de morteros 81mm. Y por Chimbuande lo hacía otro batallón de infantería también del FLEC, acompañado de una compañía de carros blindados AML-30, una batería de morteros 106,7mm y un pelotón de morteros 81mm.

A partir de ese mismo día se comenzaron a producir los encuentros entre las tropas invasoras numéricamente superiores y las unidades angolano-cubanas que trataban de contener el avance del adversario.

Para el amanecer del día 10 de noviembre, luego de casi 48 horas de intensos combates, las fuerzas enemigas habían avanzado hasta unos 5 kilómetros de Subantando, lugar donde se vieron obligados a detener su ofensiva al encontrar fuertes posiciones defensivas de las FAPLA en esa dirección. Su idea inicial de obtener una rápida victoria en Cabinda fue frustrada ante el coraje y la decisión de los combatientes angolanos y cubanos.

En lo adelante la iniciativa pasó a manos de las tropas revolucionarias que tuvieron la posibilidad de desplegar una poderosa ofensiva en todas las direcciones. No obstante, se requería realizar un extraordinario esfuerzo combativo para expulsar definitivamente al adversario de cada una de las porciones del territorio que había logrado ocupar. Las próximas horas serían decisivas para el futuro de la Patria angolana.

(*) Organización de base UNHIC, General de División, Manuel Fernández Crespo, Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado.

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