Foto: Razones de Cuba

Por: Cor. (r) Tomás Gutiérrez González (*)

Luego de una extensa travesía marítima de tres semanas el contingente internacionalista  arribó a Angola en la primera quincena de octubre de 1975. El primer buque en hacerlo fue el Vietnam Heroico, que llegó el día 5 a un punto cerca de Puerto Amboim, el Coral Island le siguió en el mismo lugar el día 7, ambos en el sur y La Plata lo hizo el día 11 por Punta Negra, en la República Popular del Congo, para de allí trasladarse por tierra al enclave de Cabinda.

La recepción de los buques fue asegurada en los puntos previstos de las costas angolanas  por dirigentes del MPLA y jefes y oficiales de la Misión Militar Cubana en Angola, quienes participaron y controlaron el desembarco de las fuerzas, los medios de instrucción y el material bélico, ardua labor que requirió de varias jornadas de trabajo. 

Una vez concluida exitosamente esta primera etapa, los Centros de Instrucción Revolucionaria (CIR) fueron instalados, uno en Dalatando, a 300 kilómetros al este de Luanda; otro al sur cercano a la ciudad de Benguela y más al este, uno en Saurimo, lejana provincia de Lunda, bajo el mando de los comandantes Romárico Sotomayor, Eustaquio Nodarse y el primer comandante Eulícer Estrada, respectivamente. El cuarto CIR se ubicó en la provincia de Cabinda, enclave separado del extremo norte de Angola por el río Congo y con fronteras con Zaire, razón por la cual fue reforzado con mayor número de personal y armamento. Al frente del mismo fue designado el comandante Ramón Espinosa.  

Creadas las condiciones indispensables y aproximadamente a mediados de octubre, los instructores cubanos iniciaron la preparación de los jóvenes combatientes angolanos. Ese proceso se comenzó a llevar a cabo en medio de una situación político militar compleja.

Estaba vigente el llamado Acuerdo de Alvor firmado el 15 de enero de 1975 en el centro turístico de igual nombre en la costa atlántica portuguesa, por los representantes de las nuevas autoridades de ese país y de los tres movimientos armados angolanos, MPLA, FNLA y UNITA.

Este acuerdo contemplaba establecer un cese al fuego general; el reconocimiento por Portugal del derecho del pueblo angolano a su independencia, la que sería proclamada el 11 de noviembre de ese año; el establecimiento de un gobierno de transición integrado por representantes de los tres movimientos, encabezado por el Alto Comisionado encargado de transferir el poder colonial portugués a las autoridades angolanas y la formación de unas fuerzas armadas conjuntas con cantidades de efectivos a partes iguales de los tres movimientos y de Portugal, hasta que los últimos culminaran su retirada luego de la independencia. 

Los hechos posteriores demostraron que los enemigos del pueblo angolano perseguían el objetivo de instalar en Luanda un gobierno del que estuviera excluido el MPLA, aunque se violaran los acuerdos de Alvor. De esta manera el 25 de marzo las tropas regulares de Zaire cruzaron su frontera y penetraron por el norte al territorio angolano, ocuparon la ciudad de Carmona y proclamaron un gobierno del FNLA presidido por Holden Roberto. Más adelante, entre julio y agosto, este movimiento de conjunto con fuerzas de hasta un batallón zairense, trató de desalojar al MPLA de Luanda, siendo derrotados y obligados a retirarse hacia las provincias  previamente ocupadas en el norte.

Por otra parte la UNITA, encabezada por Jonas Savimbi, sin posibilidades de combatir con éxito contra el MPLA en la capital, se retiró de ésta y aprovechando las condiciones que les eran más propicias en el centro del país y la región costera, se apoderó de la mayoría de las poblaciones de esta región confabulado con militares portugueses, las compañías extranjeras que explotaban los recursos naturales y los racistas sudafricanos.

Por tanto, fuerzas de ambas organizaciones contrarrevolucionarias luego de ocupar numerosas localidades y provincias, se situaron al norte y sur de la capital, en una situación favorable para atacarla en ambas direcciones con el apoyo de sus aliados de Zaire, Sudáfrica y grupos de mercenarios blancos.

Desde el 5 de agosto tropas regulares del ejército de África del Sur, habían avanzado a través de la Namibia ocupada y cruzando la frontera sur de Angola con el pretexto de dar protección a las represas de Calueque y Ruacaná, se apoderaron militarmente de este importante complejo hidroeléctrico, acompañados por miembros del recién creado Ejército de Liberación Portugués (ELP), conformado por reaccionarios blancos que se oponían a la independencia de Angola.

A pocos días de haberse iniciado la labor de instrucción en los CIR, considerando la especial situación existente, se decidió por la máxima dirección del MPLA y la Misión Militar Cubana, organizar los alumnos y sus profesores cubanos en batallones de combate y tenerlos listos para actuar en interés de las defensa de la patria angolana.

Los batallones, en general, fueron estructurados en composición de una plana mayor, tres compañías de infantería, una batería de morteros 120mm y un pelotón de ametralladoras 12,7mm. La plana mayor contaba además con cuatro pelotones de aseguramientos combativos, una escuadra de reparación y un puesto médico.

Aprovechando las posiciones antes ocupados en Ruacaná y Calueque, tropas regulares de África del Sur iniciaron el 23 de octubre, mediante la llamada operación “Savannah”, la invasión del territorio de Angola con el objetivo impedir el ascenso al poder del MPLA. 

La fuerza sudafricana la integraba una brigada mecanizada apoyada por unidades de artillería y entre 100 y 150 tanques que avanzaba a un promedio de 70 kilómetros por día, junto con los mercenarios del ELP. Mientras tanto por el norte, el FNLA, secundados por mercenarios, fuerzas regulares de infantería, artillería y tanques de Zaire y una batería sudafricana, se encontraban a unos escasos 25 kilómetros de Luanda, listos para iniciar la ofensiva final.

En esas circunstancias los batallones angolano-cubanos marcharon a defender las regiones asignadas. El batallón No. 2 del CIR de Dalatando fue destinado para participar en la defensa de Luanda, y el 23 de octubre mientras avanzaba por las inmediaciones de Cerro de Cal sostuvo un combate de encuentro con integrantes del FNLA con un saldo de dos combatientes heridos. Luego de ello se le asignó la defensa en una posición ventajosa de las importantes alturas de Quifangondo que impedían el paso a la capital. Allí se encontraba la jefatura de la Misión Cubana en Angola, jefes del Estado Mayor de las FAPLA y pequeñas unidades que también defendían esa estratégica dirección.

Con igual disposición actuaron los CIR de Benguela y Saurimo en la dirección sur por la que avanzaba la columna blindada sudafricana. Ambos, pasaron rápidamente a la defensa en diferentes puntos del sur para enfrentar a un enemigo muy superior en fuerzas y medios y más adelante dieron las primeras muestras de resistencia heroica angolano-cubana frente a las huestes racistas.

En Cabinda, la dirección del CIR desde los primeros momentos estableció las relaciones de trabajo con los jefes políticos y militares del enclave, quienes apoyaron decididamente los planes concebidos. Paralelamente, junto a la instrucción de los alumnos se acometió el reconocimiento de todo el territorio y en especial de las zonas costeras y la frontera con Zaire, para establecer las probables direcciones de avance del enemigo y determinar los lugares donde organizar la defensa en las condiciones más favorables para nuestras tropas.  

Era evidente la intención de las fuerzas reaccionarias de lanzar una rápida ofensiva por el norte y el sur para apoderarse de Luanda y atacar simultáneamente a Cabinda desde Zaire, lo que perseguía derrotar a las FAPLA, desarticular el MPLA e impedir su acceso al poder antes del 11 de noviembre de 1975. Una gigantesca amenaza se cernía sobre los destinos de Angola, que pondría a prueba la decisión del MPLA, las FAPLA y de su pueblo por alcanzar la independencia y de los combatientes internacionalistas cubanos en acompañarlos en ese justo empeño.

(*) Organización de base UNHIC, General de División, Manuel Fernández Crespo. Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado.  

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