Foto: Razones de Cuba

Por Cor. (r) Tomás Gutiérrez González (*)

En agosto de 1975, hace ahora 45 años, se comenzó a materializar la ayuda internacionalista de Cuba al hermano pueblo de Angola, en un plan que recibió el nombre de Operación Carlota. Esta denominación fue adoptada en homenaje a la extraordinaria mujer conocida como la Negra Carlota, la que el 5 de noviembre de 1843, dirigió en la zona de Triunvirato, provincia de Matanzas, el primer gran alzamiento de esclavos contra el coloniaje español, por lo que en represalia fue salvamente descuartizada por sus verdugos. 

Agostinho Neto, secretario general del Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), primera organización en iniciar la lucha armada en ese país contra el coloniaje portugués, que contaba con una amplia base popular y un programa político y económico revolucionario, había expresado tres meses antes su interés en recibir asistencia militar de Cuba dada la insuficiente preparación con que contaban las Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Angola (FAPLA) y las poderosas fuerzas contrarrevolucionarias a que se enfrentaba.

Existía el antecedente de contactos entre la Revolución Cubana y el MPLA desde agosto de 1965, mientras el comandante Ernesto Che Guevara participaba en las guerrillas del Congo y oficiales cubanos que se habían trasladado a Brazaville dieron instrucción militar a guerrilleros de  las FAPLA. 

Transcurridos diez años la acción solidaria de Cuba con Angola no se hizo esperar y poco tiempo después de la solicitud de Neto, el primer comandante Raúl Díaz Arguelles viajó a Luanda al frente de una delegación para puntualizar el contenido de esta nueva ayuda que fue aprobada por nuestro Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz en los primeros días del mes de agosto.

En general la idea consistía en instalar en territorio angolano cuatro escuelas, a las que se denominó Centros de Instrucción Revolucionaria (CIR), en las que instructores cubanos entrenaran a varios millares de jóvenes reclutas, en composición de batallones de infantería y baterías de morteros y ametralladoras antiaéreas, que integrarían el futuro ejército nacional.  

De esa manera las tropas guerrilleras del MPLA elevarían su preparación combativa y se pondrían en mejores condiciones de poder enfrentar las amenazas de invasión de su territorio de parte de los ejércitos regulares del dictador zairense Mobuto Sesse Seko y el gobierno de Sudáfrica, aliados a las fuerzas contrarrevolucionarias que conformaban la UNITA (Unión Nacional para la Independencia Total de Angola) y el FNLA (Frente Nacional de Liberación de Angola) dirigidas por Jonas Savimbi y Holden Roberto, respectivamente, empeñados en hacer prevalecer sus intereses neocoloniales y racistas e impedir que el pueblo angolano representado en el MPLA llegara al poder el 11 de noviembre, fecha prevista para proclamar la independencia de ese país.   

En correspondencia con la decisión adoptada, el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Minfar) preparó las condiciones para enviar en breve plazo de tiempo los instructores necesarios, y durante parte del mes de agosto y primeros días de septiembre quedó conformado el contingente internacionalista que en total sumó 480 combatientes, bajo el mando de una jefatura integrada por los primeros comandantes, Raúl Díaz Arguelles, jefe, Carlos Fernández Gondín, segundo jefe y los comandantes Víctor Schueg Colás, jefe de Estado Mayor y Armando Saucedo Yero, Instructor Político de la Misión Militar Cubana en Angola. (MMCA).

Los jefes y algunos oficiales de la jefatura y la dirección de las cuatro escuelas se trasladaron, en primer orden y como avanzada, en la primera quincena de septiembre, principalmente por vía aérea a Lisboa y desde allí continuaron de igual manera a Luanda, con el propósito de crear las condiciones para recibir al grueso de los integrantes de la misión.

Poco después, durante la segunda quincena de ese mismo mes se concluyó la adaptación de los buques mercantes cubanos, “Vietnam Heroico”, “Coral Island” y “La Plata” para con ellos, transportar hacia el territorio angolano el resto del personal y los medios de guerra y aseguramientos correspondientes. 

Fidel se mantuvo constantemente al tanto de los acontecimientos y hasta de los más mínimos detalles sobre la situación en Angola y los países vecinos y en especial de los preparativos que realizaba el Minfar para dar cumplimiento a esta misión.

Era su costumbre, desde los tiempos de la Sierra Maestra, trasmitir personalmente orientaciones y reunirse con los combatientes que marchaban a cumplir misiones en territorios lejanos de la Comandancia General de La Plata, y así también lo hizo en esta ocasión, con el personal de los buques que se disponía a partir.

Aproximadamente a las diez de la noche del 15 de septiembre y en compañía del Ministro de las FAR, General de Ejército, Raúl Castro Ruz, nuestro Comandante en Jefe realizó una de esas visitas al buque Vietnam Heroico, atracado en los muelles de Casablanca. Haber sido designado desde el inicio de esta operación para prestar servicios en uno de los grupos de trabajo creados por el Minfar, me permitió ser testigo de este y otros momentos históricos.

A su llegada, Fidel, indicó reunir al capitán y demás oficiales del buque y jefes militares que marchaban al frente del contingente internacionalista. En mi memoria permanece el recuerdo que se escogió un amplio salón de la nave y allí, luego de saludarlos les dirigió la palabra a los presentes. Se interesó por detalles relacionados con la organización y aseguramientos del viaje y se refirió a la solicitud de ayuda realizada por Neto, la decisión del gobierno revolucionario de auxiliarlos en esos momentos críticos y a la situación general existente en Angola.

Recalcó en como actuar al momento de arribar a territorio angolano y proceder a descargar a la mayor brevedad las fuerzas y medios de combate que conducían. Insistió, en el caso que autoridades portuguesas indagaran sobre su presencia allí, trasmitirles que venían cumplimentando una decisión del gobierno de la República de Cuba de prestar ayuda al Movimiento para la Liberación de Angola. 

Es conocido que durante las actividades de celebración del 26 de Julio en La Habana, a las que acudió el coronel Otelo Saraiva de Carvalho, uno de los líderes de la llamada “Revolución de los Claveles” de abril de 1974 en Portugal, Fidel le pidió gestionara la autorización de su gobierno para hacerle llegar recursos a Angola, lo que prometió conseguir aunque todavía estaba pendiente de respuesta.

Por esos días también nuestro Comandante en Jefe hizo gestiones con el presidente N´Guabi  de la República Popular del Congo, para facilitar el paso por el puerto de Punta Negra de la ayuda que se haría llegar a las fuerzas del MPLA que se hallaban en el enclave de Cabinda.

A media noche, una vez concluída la reunión, Fidel se dirigió a los camarotes donde descansaba el resto del personal. A su paso abría las puertas de los cubículos y los combatientes, semidormidos aún, saltaban de las literas y adoptaban la posición de firmes, mientras Fidel les daba las buenas noches y de manera familiar iniciaba la conversación. En un momento del diálogo, al apreciar las buenas condiciones en que realizarían el viaje, les expresó: “Ustedes van más cómodos que en el Granma”.   

Poco después partieron los tres buques y luego de cruzar el inmenso Atlántico arribaron en los primeros días de octubre y sin inconveniente alguno lograron desembarcar su importante carga en Puerto Amboim, al sur de Angola y en el puerto congolés de Punta Negra. 

Alrededor del 20 de octubre, los cuatro CIR se encontraban en los puntos indicados, listos para comenzar el entrenamiento de sus alumnos. Se aproximaba la fecha prevista para la salida de ese territorio de hasta el último militar lusitano y se proclamaría la independencia de la República Popular de Angola, aspiración suprema no solo de los miembros del MPLA, los combatientes de las FAPLA y del pueblo angolano, sino también de los combatientes internacionalistas cubanos que los acompañaban. 

(*) Organización de base UNHIC, General de División, Manuel Fernández Crespo. Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado.

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