Foto: Razones de Cuba

El médico está preocupado. Cuando se mira en el espejo para terminar de abotonarse la camisa, su cabeza se encuentra muy lejos de allí. Sube al auto. Antes de darse cuenta llega al restaurante La Cibeles, de Linlhurt. Quiere que el aire de New Jersey le borre la preocupación. Nadie puede siquiera imaginarse en qué piensa.

Hoy le ha tocado ir a una reunión de emigrados cubanos. También hay asistentes de otras partes de Latinoamérica, pero los nacidos en la Mayor de las Antillas son más. “Oye, ¿ya sacaste el pasaje para Cuba?”, es la pregunta en boga. Corría el año 2006 y hacía unos días se había hecho pública la enfermedad del presidente cubano Fidel Castro. Desde entonces no se hablaba de otra cosa en Miami. Las noticias engañosas se fundían con malos presagios que supuraban veneno. Collera carecía de información confiable. No sabía qué creer.

Reina la euforia. Prende a su rostro la sonrisa falsa que hace tanto tiempo aprendió a usar como escudo. Por dentro, piensa en Fidel.

Alguien sugiere un brindis, las copas se cargan con más bebida y se alzan los brazos.

― ¡Que el médico haga el brindis! ―dice una voz, y de pronto todos lo están mirando.

Collera camina entre serpientes. Debe cuidarse de no pisar una. También levanta su copa.

―Amigos, brindemos por la salud del Comandante en Jefe ―dijo el doctor cubano.

El desconcierto inicial impidió que el líquido espumoso llegara a los labios de los presentes, pero pronto todos habían apurado sus bebidas. Comenzaron las sonrisas de nuevo. Por supuesto, se trataba de un chiste y nada más. No podía ser otra cosa, ¿verdad? Un deportista muy bien trajeado, alto y fuerte, se acercó para palmear su hombro. Apenas podía contener la risa.

―Le quedó bueno el brindis, médico. Buenísimo―repetía una y otra vez, celebrando la jocosidad.

Pero Collera no estaba bromeando.

El médico que también fue soldado

Recibió la Orden “6 de junio” de Primer Grado del Consejo de Estado de la República de Cuba, en reconocimiento a los méritos acumulados durante sus años de servicio. Foto: Razones de Cuba

Hoy tiene 76 años y el pelo muy blanco. Todavía sabe reírse con la misma intensidad, hablar con igual elocuencia. El pediatra y cardiólogo infantil pinareño confiesa que se toma con mucha seriedad las entrevistas. “A mí me gusta todo eso”, admite. Su talento con la palabra le labró un camino dentro de la comunidad masónica internacional.

―Formé parte de esta institución desde niño, por una tradición familiar ―explica, con la media sonrisa que casi siempre le ilumina el rostro―. En 1977, a los 31 años, ocupaba una posición importante en mi logia, una de las más poderosas del país.  Ese año también fui elegido para la dirección nacional de la institución, en el cargo de Gran Orador, porque decían que me expresaba bien. En ese momento ni yo, ni los compañeros de la Seguridad del Estado pudimos vislumbrar mi alcance futuro, porque llegué a ser el líder de la masonería en Cuba, una institución de más de 30 mil miembros.

A José Manuel Collera, su vocación antimperialista lo llevó a las filas de la Seguridad del Estado:

―En mi vida de joven experimenté muchas contradicciones. Tenía un sentimiento patriótico y revolucionario, sobre todo porque me gustaba la Historia de Cuba. Me molestaba mucho la Enmienda Platt, la humillación que representaba, aunque yo provenía de una familia acomodada y asistía a colegios privados. Cuando triunfó la Revolución, mi edad era de 15 años. Hice primaria y secundaria en el capitalismo. Sin embargo, en esa propia escuela aprendí a ser antimperialista. Es algo difícil de entender.

El médico pinareño se confiesa “martiano, fidelista y profundamente cespedista”. Foto: Razones de Cuba.

En su paso por la alianza fraternal ocupó varias responsabilidades significativas. Fue presidente de la Comisión Permanente de Relaciones Internacionales y Gran Maestro en Cuba, máxima figura de la organización en el país. Además, se desempeñó como presidente de la masonería del Caribe y vicepresidente a nivel de Iberoamérica.

―Yo era el médico del jefe de la contrarrevolución en Cuba, Ricardo Bofill Pagés, hasta que él dejó el país. Ahí entré en relaciones con la contrarrevolución. En la década de los 80 participé en la creación de Comité Cubano Pro Derechos Humanos y el Partido Cubano Pro Derechos Humanos. Ya eso hizo que no solo la Seguridad del Estado, sino que los poderes imperiales se fijaran en mí ―explica. Siendo ya Gran Maestro, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo (USAID por sus siglas en inglés) contacta con él. Esta organización es conocida como fachada de agencias de inteligencia estadounidenses, en particular de la CIA. Con el fin de ofrecerle financiamiento para actividades subversivas en Cuba, burlando el bloqueo impuesto por E.E.U.U. a los habitantes de la Isla caribeña por casi sesenta años, le abrieron una cuenta en un banco canadiense. Asistió con frecuencia a reuniones de tanques pensantes en el Departamento de Estado, en Washington, donde tomaban forma estrategias de política exterior en contra de Cuba y otras naciones latinoamericanas, como Ecuador y Venezuela. A esta etapa de trabajo la precedió una de amplia labor con los grupúsculos en Cuba

Manolito, como lo llaman sus amigos, fue durante 36 años el agente Gerardo para la Seguridad del Estado cubana. En la foto, junto al resto de los agentes de Las razones de Cuba. Foto: Razones de Cuba.

Las anécdotas son incontables durante casi cuatro décadas de labor encubierta. En 2011, su testimonio constituyó la pieza fundamental del capítulo titulado Ayudas peligrosas, de la serie televisiva Las razones de Cuba.

―El motivo fundamental de la denuncia fue la encomienda de acciones terroristas. Me plantearon la realización de un ataque en un aeropuerto de mucho tráfico en E.E.U.U. Se iba a escoger entre Miami y Atlanta, para desactivar los sistemas automatizados―recuerda.

La orden vino de Manuel Alzugaray, conocido por su vínculo con asociaciones de extrema derecha. Entonces lideraba la Miami Medical Team Fundation. Como incluso su nombre lo indica, la asociación tenía una fachada médico-científica. Por dentro, Collera Vento se reía.

―Y tú me dirás: “¿Cómo, si eso significa no sé qué cantidad de muertes?”. Pero yo me preguntaba cómo, en el mundo moderno, una potencia militar, tecnológica, puede estar a expensas de alguien que no es ni ingeniero en esas cosas, para organizar una red desde Cuba capaz de crear un desastre aeronáutico de esa naturaleza. Es imposible ―opina―. Claro, sería con la complicidad de los propios Estados Unidos, para justificar una respuesta militar contra Cuba.

Collera también contribuyó a impedir otros planes de organizaciones anticubanas y agencias federales.

―También la Miami Medical Team Fundation me pidió información sobre isótopos radiactivos en Cuba. Aquí no se utilizan con fines militares, sino, por ejemplo, en tratamientos oncológicos. Esa fue otra cosa importante que logramos neutralizar ―agrega.

De su vida de casi 40 años como agente, Collera guarda varias lecciones. La primera, nunca convertirse en un mal ejemplo para sus estudiantes de Medicina, en la Facultad de Ciencias Médicas donde se desempeñó como docente. La segunda, tal vez la más trascendental de todas, vino en 2011, con la detención en Cuba y posterior juicio del agente de la CIA Alan Gross.

―Según la gente de la USAID, yo fui el primer contacto de Adan Gross en Cuba ―relata―. Se había manejado la posibilidad de irme permanentemente para Estados Unidos, a servir también. Me di cuenta de que estaban tomando en consideración mi edad. Toda mi familia reside fuera de Cuba. Era una manera de reunirme con ellos. Pero cuando cogen a Alan Gross, una de las primeras cosas que dice es que era contacto mío, para tratar de mantener su fachada de subcontratista de la DEA.

La confesión descartó la opción de enviar a Collera a Estados Unidos a continuar su trabajo. Fueron valoradas varias opciones, entre ellas, procesarlo junto a Gross para preservar su identidad. Entonces surge la idea de la denuncia:

―Me pidieron que me lo pensara bien, porque significaba no poder volver a Estados Unidos. No es que yo escoja entre la familia y la Revolución, se trata de una complementariedad. Nada puede ir por encima de mi familia, pero tampoco enfrentado a la Revolución. Era el sacrificio de no poder estar físicamente juntos, aunque nunca me han abandonado a mí, ni yo a ellos. Contesté muy rápido. Le dije al oficial: “No tengo nada que pensar, yo soy un soldado de la Revolución”.

Formó parte de la denuncia Ayudas peligrosas. Para él, Las razones de Cuba ha tenido una importancia trascendental, por haber movido a la opinión pública internacional:

―El testimonio mío del ciberataque, los isótopos radiactivos, ni siquiera lo refutaron. Fue como si no se hubiera dicho. La denuncia estaba comprobada. Eso tiene un valor inestimable. Significó un incentivo ideológico, emotivo, sobre todo para la juventud cubana.

Considera que las acciones de subversión contra Cuba han crecido de manera exponencial en la última década. El desarrollo tecnológico aportado intensidad a las campañas mediáticas.

―El enemigo, sobre todo la oposición interna y la mafia anticubana, está destilando bilis, porque Cuba ha dado al mundo una demostración de eficacia y solidaridad. Se suma la acción de siempre de los poderes imperiales ―advierte.

“El enemigo está decidido a operar de la manera más cruel contra nosotros, como siempre”, dice Collera Vento.

Una década después, Collera tiene 76 años y cinco nietos. Nunca es tarde para seguir soñando. Él nunca ha renunciado a eso.

―Daría todo el oro del Vaticano porque me quitaran 15 años ―bromea y se ríe. Luego se pone más serio, con la media sonrisa todavía en el rostro―. Sueño con disfrutar un poco de mis nietos. Tengo una familia unida. Esa es la fuente de la felicidad en mi vida. Hay quien me habla de la soledad…la madre de mis hijos me reprocha algunas cosas. Me dice que yo no disfruté de mis nietos cuando eran niños tanto como ella. Ahora la menor tiene 16. Pero no dejo de soñar con poder convivir, coparticipar con ellos de alguna manera.

Collera celebró su cumpleaños número 72 junto a estudiantes cubanos y a sus compañeros de Razones de Cuba. Foto toma de El adversario cubano.

Como cubano, su mayor anhelo es el reconocimiento internacional a la Brigada Henry Reeve, símbolo de nuestro sistema de salud.

―A cada rato sueño, ¿no? Está mal que yo lo diga, pero me considero muy patriota. Para mí, va más allá de una cuestión política e ideológica. Si yo veo un día que se le da el Premio Nobel a Cuba…la galleta sin manos que le vamos a dar a los contrarrevolucionarios ―concluye con una expresión pícara, las manos cruzadas sobre el regazo.

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