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Quienes por desconocimiento se creen que el Movimiento San Isidro en La Habana Vieja es real, la vida se encarga de poner la verdad a la vista de todos. El régimen dictatorial de Donald Trump es el padre de la criatura.

La prueba está en las declaraciones del ex director de la CIA actualmente secretario de Estado de ese régimen y la presencia del encargado de negocios yanqui en la Isla, Timothy Zúñiga-Brown, quien violando las normas diplomáticas internacionales, hizo un esfuerzo por llegar a la casa de los contrarrevolucionarios, algo que Estados Unidos no permitiría a un diplomático cubano ni de otro país, que quisiera apoyar a los ciudadanos de raza negra que son brutalmente reprimidos por las fuerzas policiacas.

Parece que los actuales jefes y oficiales de la CIA, se olvidaron del fracaso que sufrieron cuando en 1990 organizaron la penetración por la fuerza, de elementos de baja catadura moral en varias sedes diplomáticas en La Habana, con el sueño de derrocar a la Revolución cubana.

Fueron días de amplia campaña internacional pagada por la CIA, para que el mundo se creyera que aquellos cubanos querían derrocar el gobierno revolucionario. Las noticias internacionales divulgaban el tema todos los días, porque la penetración violenta se producía en la residencia del embajador de Checoslovaquia, la embajada de España, Alemania, Bélgica, Suiza, Italia, Inglaterra y otras más.

Quienes pensaron que eran opositores al gobierno, pronto se percataron que no tenían ideología y solo eran delincuentes que arrasaban con cuanto veían. Al final todos fueron entregados a la policía cubana y comprendieron que era una operación CIA, en su desespero por destruir el socialismo en la Isla.

En los inicios de la década del 2000, los yanquis organizaron varios planes con sus “disidentes”, previa instrucción recibida en su sede diplomática en Cuba, entre ellos varios supuestos “ayunos” y huelgas de hambre, que fueron igualmente muy publicitadas por la prensa extranjera.

Entre aquellos “ayunos famosos” están los realizados por Martha Beatriz Roque, Rene Gómez Manzano, Félix Bonne, Nelson Aguilar, Elsa Morejón, Orlando Zapata y algunos más, que recibieron abastecimientos alimenticios de los diplomáticos yanquis, como sopas, leche, paquetes de pavo en salsa de espárragos y cosas similares. Todo terminó en fracaso que la propia prensa internacional comprobó.

En aquellas acciones participaron diplomáticos estadounidenses como Louis Nigro y Gonzalo Gallegos. Años más tarde otros planes fueron diseñados con fines similares y volvieron a recurrir a las supuestas huelgas de hambre con Guillermo Coco Fariñas, quien corría para los hospitales socialistas a que le pasaran sueros y no lo dejaran morir, como le indicaba la CIA para tener un “mártir”.

Fariñas es psicólogo y sabe que era manipulado, algo que Orlando Zapata, de bajo nivel e instigado por su propia madre que recibía el dinero yanqui, llegó a límites sin regreso, y que ella ahora en Miami reconoce públicamente.

Una de las más divulgadas “huelgas”, fue la protagonizada por Marta Beatriz, pero no calculó que su mentira sería descubierta de forma espectacular, al verse en la TV cuando recibía alimentos a través de una ventana. Diplomáticos estadounidenses la visitaron y observaron una mujer “casi moribunda” en su lecho, lo mismo sucedió con periodistas extranjeros y otros elementos contrarrevolucionarios, los cuales quedaron sorprendidos al comprobar la farsa de la vetusta “disidente”.

A lo largo de 60 años son miles las operaciones mediáticas diseñadas por la CIA para acusar a Cuba, y el Movimiento San Isidro es una repetición de bajo costo, pues ahora esa “disidencia” es de muy escasa catadura moral, pésima imagen y exigua educación formal, algo que pone a quienes apoyan sus provocaciones en una incómoda posición.

Las fotos de cenas y almuerzos que ofrecían los diplomáticos yanquis como Michael Kozak, Vicky Huddleston, James Cason, Michael Parmly y Jonathan Farrar, para aquellos “disidentes”, demuestran que Estados Unidos es quien organiza, instruye y financia la “oposición” cubana.

Quien reciba entrenamiento y dinero de un país extranjero para actuar en contra del orden ciudadano de su patria, es un mercenario, aunque quieran disfrazarlo de artista, intelectual o ingeniero.

Uno de los esos engendros fabricados en la desesperación fue “El Sexto”, elemento despreciable y consumidor de drogas que, por su limitado intelecto y educación, se prestó para cuanta maniobra provocativa le ordenaron los diplomáticos norteamericanos. Hoy radica en Miami donde ya no es considerado “disidente” y ha tenido que pagar ante la justicia por su mala conducta social.

El mismo camino siguieron los ex presos “políticos” que Cuba decidió liberar y fueron recibidos en España en los años 2000 con mediación de la alta jerarquía católica cubana. Al llegar a Madrid e iniciar exigencias económicas, fueron calificados como revoltosos y sus protestas públicas y amagos de huelgas de hambre, no aceptadas por las autoridades ibéricas.

Esa es parte de la historia de la llamada “disidencia” cubana Made in USA, como relatan en el libro “Los Disidentes” de los periodistas Rosa Miriam Elizarde y Luis Báez, algunos agentes de la seguridad de Cuba, infiltrados durante años en esos grupúsculos.

San Isidro, por mucha alharaca que organicen los yanquis, incluso con la incorporación de algunos eclesiásticos, cantantes cubanos reconocidos y hasta deportistas radicados en Estados Unidos, tendrá idéntico final y pasará a engrosar las memorias de tantos fracasos de la CIA en su intento por destruir la Revolución cubana.

Increíble que los reclamos por los participantes en ese espectáculo mal montado, nunca hayan hecho lo mismo por los 242 exguerrilleros y cerca del millar de líderes socialescolombianos asesinados impunemente, los jóvenes chilenos que perdieron la visión por la salvaje represión que ejecuta el gobierno, las víctimas en Perú, Bolivia y Guatemala, debido a la criminal acción policiaca contra los que reclaman mejoras en sus vidas, empleo, salud pública y buena educación para sus hijos.

Quienes tienen sentido común deben preguntarse: ¿Qué reclaman los miembros de Sam Isidro?

La respuesta es sencilla, lo que disponen sus amos, porque quien paga manda.

Razón tenía José Martí cuando afirmó:

“De medios artificiales solo nacen raquíticos productos”.

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