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(Parte 1)

Sin dudas la concepción de un partido único en Cuba es algo que genera debate dentro y fuera de la isla. Sin embargo, muchas veces estos debates carecen de una fundamentación adecuada, lo cual produce y reproduce una visión de Cuba como una república totalitarista, monopartidista y antidemocrática.

La existencia de un partido único en Cuba, como se ha dicho en numerosas ocasiones, no es fruto de caprichos personales, ni nada parecido. Este responde a factores histórico concretos que desde lo dialéctico se manifiestan en una continuidad de aspiraciones, sentimientos, sueños y objetivos comunes, como legado cultural vivo que ha transitado de generación a generación, de Martí a Fidel.

Para entender mejor este proceso es necesario desplazarnos en el tiempo a las luchas por la independencia de Cuba en contra del imperio español.

Después del fracaso de la Guerra de los Diez años, José Martí realiza un análisis de las causas que impidieron el éxito de los cubanos en la contienda bélica. Lo anterior, llevó al Apóstol a comprender la necesidad de la unidad como factor decisivo para el triunfo sobre el colonialismo español.

Claro está que la falta de unidad no era el único mal detrás del fracaso del ejercito libertador ante el colonialismo español, a este se suman sentimientos y actitudes contrarias al proceso como el autonomismo, el anexionismo y el racismo.

Tomando en consideración los elementos antes mencionados, era necesario un mecanismo que ayudara a canalizar los elementos que nos unían como pueblo para con ello liderar a los cubanos hacia la victoria.

En tal contexto, el 10 de abril de 1892, después de más de una década de lucha y abogando por la unidad como factor primario para hacer realidad el sueño de un pueblo, José Martí funda el Partido Revolucionario Cubano (PRC), un instrumento político necesario para guiar el proceso libertador hacia la instauración de «una república justa» «con todos y para el bien de todos»

El 14 de marzo de 1892, un mes antes de la fundación del (PRC) había comenzado a editarse el periódico patria, donde Martí haría referencia a la fundación del partido: «(… ) el Partido Revolucionario Cubano, nacido con responsabilidades sumas en los instantes de descomposición del país, no surgió de la vehemencia pasajera, ni del deseo vociferador e incapaz, ni de la ambición temible, sino del empuje de un pueblo aleccionado, que por el mismo Partido proclama, antes de la república, su redención de los vicios que afean al nacer la vida republicana. Nació uno, de todas partes a la vez. Y erraría, de afuera o de adentro, quien lo creyese extinguible o deleznable. Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura, lo que un pueblo quiere. El Partido Revolucionario Cubano, es el pueblo cubano».

Es precisamente en estas palabras de Martí donde yace la base del sistema de partido único de Cuba, uno que se expande de afuera hacia dentro, y viceversa. La verdad, que necesidad había de fragmentar una sociedad en cuatro o cinco partidos, y volver la política un juego, una competencia, un show ridículo, una actividad egoísta e inmoral al servicio de los que puedan bailar en la casa del dinero.

Eso no era lo que le hacía falta a Cuba, como bien se aprecia desde lo histórico, desde los hechos, desde la verdad irrefutable. Y, por tanto, lógicamente, no es lo que nos hace falta ahora.

Este sentimiento unitario no solo respondía a la necesidad de derrocar al colonialismo español. En aquel entonces, ya el Apóstol avecinaba la entrada en escena de un enemigo mucho más poderoso, los Estados Unidos.

Si nos detenemos a pensar de manera crítica y hacemos una comparación de aquel contexto y el de ahora, se puede percibir una semejanza. Un pueblo que quiere ser libre e independiente, un solo partido, un hombre que sabe que solo la unidad es garantía de victoria en contra de un enemigo poderoso, y un imperio con ansias de conquistar el mundo, nuestro mal vecino del norte.

Sinceramente, la realidad actual no varía mucho, aunque hay una sola diferencia, que Cuba ya alcanzó su libertad.

Sin embargo, cabe hacer énfasis en el hecho que fue José Martí quien instauró y nos legó la idea de que solamente a través de un partido único podía llevarse a cabo la lucha del pueblo de Cuba por su independencia.

El elemento unidad desde el ideario del Apóstol

Posterior a la proclamación del (PRC), Martí publicaba:

«La unidad de pensamiento, que de ningún modo quiere decir la servidumbre de la opinión, es sin duda condición indispensable del éxito de todo programa político, (…) Abrir al desorden el pensamiento del Partido Revolucionario Cubano sería tan funesto como reducir su pensamiento a una unanimidad imposible en un pueblo compuesto de distintos factores, y en la misma naturaleza humana. Si por su pensamiento, y por su acción basada en él, ha de ser eficaz y gloriosísima la campaña del Partido Revolucionario Cubano, es indispensable que, sean cualesquiera las diferencias de fervor o aspiración social, no se vea contradicción alguna, ni reserva enconosa, ni parcialidades mezquinas, ni arrepentimiento de generosidad, en el pensamiento del Partido Revolucionario.

En estas palabras podemos ver como el Apóstol advierte sobre el peligro de abrir el partido al desorden con tal de someterlo a una unanimidad imposible, teniendo en cuanta la diversidad de factores que confluyen dentro de la sociedad cubana y la propia naturaleza humana.

Además, este hace referencia a un partido que, a pesar de ser lógicamente una entidad conformada por distintos tipos de personas, diverso en criterios y aspiraciones no debe nunca dar cabida a contradicciones en su esencia, arrepentimientos, parcialidades, y sobre todo ningún otro sentimiento que pueda poner en peligro la unidad y el propósito del partido, que es servir y guiar al pueblo.

Por otro lado, a pesar del exhaustivo esfuerzo del Apóstol en virtud de la unión de sus compatriotas y la búsqueda de una Cuba libre bajo un sistema republicano y unipartidista, la realidad histórica nos conduce nuevamente a el fracaso debido a la desunión y a sentimientos en contra del proceso.

Después de la muerte del Apóstol, el (PRC) entra en declive y pierde parte de la autoridad ganada y aunque es considerado como una entidad revolucionaria para su época y vital para el inicio de la guerra del 95 y la concreción de un sistema político, este fue mancillado por las acciones de cubanos con moral laxa y por el egoísmo viceral de algunos miembros del gobierno de la republica de Cuba en Armas. Para nadie es un secreto que este periodo histórico se caracteriza por la intervención estadounidense, la tan avizorada por el Apóstol, la misma que frustra los intentos de independencia por los cuales se venía luchando durante décadas.

Luego de la intervención estadounidense, Cuba es sumida en un periodo neocolonial, que va a instaurar los modelos de desarrollo económico, político y social que desde el imperio creían convenientes a sus propios intereses. En tal sentido, el pueblo conocerá en carne propia las «bonanzas» del sistema multipartidista bajo las dictaduras de Geraldo Machado y Fulgencio Batista. La emergente Cuba capitalista, con un capitalismo basado en la dependencia total al imperio y a sus intereses, esa Cuba donde la mayoría era analfabeta, pobre, sin derecho a la salud, la cual era el epicentro de la prostitución, el juego, los vicios, las drogas, los asesinatos y torturas, esa era la Cuba de los Estados Unidos, pues no era de los cubanos.

¿Qué veneficios reales trajo el multipartismo a la Cuba de 1902-1959?

Si hubiese traído muchos, la revolución cubana no habría nacido, y quizás todavía estaríamos lidiando con el analfabetismo y la falta de acceso a la salud para la mayoría.

Las cifras siguientes muestran la realidad en el sector de la Educación y la Salud en la Cuba prerrevolucionaria y multipartidista

Educación

  • En 1953 el analfabetismo en la zona urbana registraba el 69,3% y en la rural el 88%
  • 10 000 maestros sin trabajo
  • En Oriente (hoy Guantánamo, Santiago de Cuba, Las Tunas, Holguín y Granma) la asistencia escolar era de un 34%
  • En 1949 el número de niños en edad escolar que no aparecen matriculados en las escuelas del país era de 1018410
  • No se invertían los fondos suficientes en las escuelas públicas
  • Las escuelas eran insuficientes
  • Las escuelas carecían de materiales, libros, muebles y otros recursos necesarios
  • Gran desproporción entre los alumnos que matriculan primer grado y los que terminan sexto
  • En la población escolar se notaba marcada subalimentación y salud precaria lo que determinaba con frecuencia el abandono escolar
  • El 44% de los campesinos no asistió, no pudo asistir jamás, a una escuela

Salud

  • Mortalidad infantil superior a 60 por cada mil nacidos vivos
  • Esperanza de vida de la población era de 60 años a los hombres y 65 a las mujeres
  • La cifra de médicos era de 1 por cada mil cubanos
  • Médicos en la capital antes de 1959: 65% (los servicios médicos no estaban disponibles para los habitantes de las áreas rurales; los servicios médicos y los recursos humanos estaban concentrados en las grandes ciudades)
  • Capacidad hospitalaria antes de 1959: 337
  • Hospitales rurales en Cuba antes de 1959: 1
  • sólo la escuela de Medicina de la Universidad de La Habana
  • En 1958 había 88 hospitales en Cuba con una cama cada 300 personas, pero la distribución era irregular y completamente inadecuada cuando se tomaban en cuenta las tasas de densidad y morbilidad de la población.
  • Las áreas urbanas recibían tratamiento preferencial con el 80% de todas las camas ubicadas en La Habana.
  • Para toda la población rural existían solamente 10 camas en un solo hospital
  • 6 286 médicos (1 por cada 1076 habitantes), 256 estomatólogos, 46 farmacéuticos, 826 enfermeras y 157 técnicos medios y auxiliares
  • El 65 % de los médicos radicaban en la capital, existía un hospital rural y solo 18.2 % de la población recibía atención gratuita

Lo anterior demuestra la necesidad de los cubanos en aquel entonces en retomar la lucha, pues si bien esta no cesó durante la Cuba prerrevolucionaria, no es hasta la el 1 de enero de 1959 que Cuba iba a alcanzar su plena libertad e independencia, cuando Fidel y un grupo de valerosos revolucionarios dan golpe final a más de cincuenta años de una posición neocolonial y dictaduras corruptas al servicio del imperio.

Para los revolucionarios la lucha fue asumida como una sola, una que había sido interrumpida por la intervención estadounidense, pero que ahora había encontrado su clímax en una Revolución del pueblo y para el pueblo, la cual rescataría bajo el liderazgo de Fidel y el ideario martiano, la concepción de un partido único que aglutinara la voluntad de la mayoría triunfante.

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