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Si como reza el dicho, el pasado es prólogo, entonces sirve para el propósito de precisar la verdadera naturaleza del Trumpismo – por ello es conveniente dar un repaso a la trayectoria fascista del vicepresidente Mike Pence, y de la entidad de donde se dice proviene, ¡nada menos que del Ku Klux Klan!

Se afirma que un hijo de Donald Trump dijo antes de las elecciones que el segundo al mando de su padre sería “el vicepresidente más poderoso de la historia”, a cargo de la política interna y externa, mientras que Trump se concentraría en “hacer que América volviese a tener grandeza”.

No creo que Trump haya alcanzado su utópico propósito, más bien todo lo contrario, pues sus únicos logros tangibles entre otras fechorías han sido incrementar el descrédito internacional de los EE.UU, multiplicar sus críticos y enemigos, dividir la nación, arrastrar el país a una crisis de salud espantosa que ya ha costado decenas de miles de vidas, poner al borde de la bancarrota a la economía norteamericana y pisotear los derechos humanos de los estadounidenses como nadie antes en la historia. 

Otros de sus “logros” negativos indiscutibles ha sido atizar el odio racista y la xenofobia en su país, así como dar alas a cuanto grupo supremacista y neonazi existe en Norteamérica

Trump es un “Caballo de Troya” de la ultraderecha fascista.

Sin embargo, para muchos analistas Trump no es más que un grotesco bufón, puesto en la silla presidencial por la gran oligarquía yanqui para desviar la atención de los “verdaderos directores de escena”. En este sentido, no se puede ignorar que Pence ejerce gran influencia sobre el corrupto inquilino de la Casa Blanca como si fuese la “Eminencia Gris” del Imperio.

Trump es en realidad un caballo de Troya para una cábala de fanáticos crueles que ha

anhelado durante mucho tiempo una teocracia extremista, y Pence es uno de sus guerreros más preciados. Pence dio a Trump una credibilidad muy necesaria entre los votantes evangélicos y el establishment del gobierno.

El ascenso de Pence a la segunda posición más poderosa en el gobierno de Estados Unidos fue sin duda un logro tremendo para la ultraderecha radical en los EE.UU. Pence —y sus compañeros de lucha de la supremacía fascista norteamericana— no habrían sido capaces de ganar la Casa Blanca por sí mismos. Para ellos, Donald Trump fue un regalo del cielo. ›

¿Pence la “Eminencia gris” fascista del Imperio?

Pence es parte de un movimiento fascista que quiere imponer a la sociedad un gobierno, leyes y moralidad dominante basados en interpretaciones reaccionarias y ultraconservadoras de la Biblia.

 Esos fascistas son “los líderes políticos y fuerzas que declaran que la ‘moral tradicional’ del patriarcado y el patriotismo ciego –encarnada en el cristianismo fundamentalista– es la piedra angular que mantendrá la estabilidad y cohesión de la sociedad capitalista y la dominación del imperio yanqui en el mundo.

Estos supremacistas teócratas hablan muy en serio de imponer su voluntad a la sociedad estadounidense. Y ahora, Mike Pence, un líder teócrata está a un latido de corazón de distancia de la presidencia, en un lugar poderoso para impulsar el programa fascista cabal.

En todo caso, el es el hombre que trabaja detrás de Trump para hacer realidad su programa. Él es la persona que no solo gobierna en la sombra, sino que si a Trump le pasara algo como algunos desean, accederá al cargo del presidente de forma directa. Por eso debemos conocerlo mejor.

De hecho, un nuevo libro sobre Pence lo presenta como un «presidente en la sombra», con un rol activo en asuntos de gobierno, su propio comité nacional de acción política, gente de su confianza en la burocracia federal y viajes constantes alrededor del país.

Trayectoria de un supremacista yanqui.

Después de dos derrotas en su intento por convertirse en congresista, estuvo trabajando durante una década como presentador de radio, donde se creó una buena fama entre los oyentes de derechas. Pence consiguió finalmente su puesto en el Congreso en 2001. Siempre tuvo carisma entre el público y determinación para ascender en el organigrama del partido, pero desde dentro le criticaban y animaban a corregir su falta de mayor compromiso con las ideas conservadoras.

Para cambiar esta idea presidió el grupo del ala dura de la derecha del Comité de Estudios Republicanos. También criticó la política garantista de Bush hijo de cubrir el gasto medicinal a través de Medicare. Fue un azote de los conservadores contra las políticas sociales de Obama, y se vio favorecido por la ascensión del Tea Party. Para este tiempo, las ideas de Pence estaban consolidadas y son las mismas que defiende a día de hoy.

Así, Pence nunca ha vacilado en su compromiso con el militarismo estadounidense, la penalización del aborto y el odio absoluto por los homosexuales (a menos que vayan a la terapia de conversión “para cambiar su comportamiento sexual”, por la que ha sugerido, debería pagar el gobierno).

En 2012, en una sesión privada del Congreso, equiparó la sentencia de la Suprema Corte a favor de las reformas de salud promovidas por Obama a los ataques terroristas del once de septiembre de 2001. Ya como gobernador de su estado impulsó una ley de ‘Restauración de la Libertad Religiosa’ (pantalla legislativa, según muchos críticos, que fue creada para discriminar a la comunidad LGBT).

En el Congreso, Pence votó para sancionar penalmente a los médicos que realicen abortos tardíos, excepto en los casos en que la vida de la mujer estuviera en peligro. Un médico que “mata a un feto humano” se enfrenta a dos años de prisión, de acuerdo a la ley.

Como The Intercept ha informado ampliamente, como gobernador de Indiana, Pence firmó una ley que requiere que el tejido fetal de los abortos sea enterrado o cremado, por lo que su estado es uno de los más medievales en su enfoque de los derechos reproductivos. La ley de Enterramiento de Fetos, que Pence afirmó “garantiza un tratamiento final digno para los no nacidos”, fue finalmente suspendido por un juez federal, quien dijo que probablemente resultaba inconstitucional.

Pence ha estado en la vanguardia del movimiento para recortar los fondos de Planned Parenthood [Planificación de la Familia]. “Veremos a Roe v. Wade [un caso que llegó a la Suprema Corte y el que avaló el aborto a nivel federal] consignado al basurero de la historia, donde pertenece”, prometió Pence.

Pence dio inmunidad retroactiva a las empresas de telecomunicaciones implicadas en el espionaje sin orden judicial. A él no le gusta la supervisión del Congreso a los interrogatorios de la CIA, en los que, dicho sea de paso, Trump cree que debería incluirse el submarino y otras torturas que sean “un infierno peor que el submarino”. Pence se ha pronunciado por la ilegalidad de la tortura, pero dijo que los “interrogatorios mejorados” han salvado vidas. Él ha definido las estrategias de interrogatorio no coercitivas basadas en la construcción de relaciones como “métodos Oprah Winfrey”. Pence está en contra de la protección de informantes que prohibirían las represalias por la denuncia de delitos o faltas.

En 2002, la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU por sus siglas en inglés) le dio una calificación de 7% en derechos civiles.

Él quiere que EU reanude la práctica de recibir nuevos presos en la cárcel de Guantánamo o, como Trump lo expresó, “llenarla”. Pence también comulga con la idea del uso ampliado del sistema de tribunales militares.

Pence ha afirmado que quiere “aislar económicamente” a Irán en lugar de participar en un ataque militar. Pero si Israel decidiera llevar a cabo ataques preventivos contra las instalaciones nucleares de Irán, dijo en 2010, “si el mundo debe saber algo, debe saber esto: que Estados Unidos continuará apoyando a Israel”. Él ha apoyado un fallido esfuerzo legislativo para que la política de Estados Unidos “use todos los medios necesarios para hacer frente y eliminar las amenazas nucleares planteadas por la República Islámica de Irán, incluyendo el uso de la fuerza militar”.

Tanto en la retórica como en la política, Pence ha comparado al “islam radical” con el “imperio del mal de la Unión Soviética”, y dijo que él y Trump “nombrarán al enemigo” y “organizarán los recursos de nuestra nación y de nuestros aliados para darles caza y destruirlos antes de que nos amenacen”.

Pence apoya el muro que Trump quiere construir en la frontera con México , cree en la auto-deportación y ha mostrado una de las posiciones más virulentas en contra de que EU acoja a refugiados procedentes de Siria. Durante su defensa de una propuesta de prohibición para que los refugiados sirios entraran en Indiana, Pence dijo que era necesaria para “garantizar la seguridad de todos los residentes de Indiana”.

Él ha abogado por una mayor militarización de la llamada guerra contra las drogas, incluidas las patrullas militares. Pence ha denunciado a activistas y otras personas que han protestado por los recientes homicidios de la policía de afroamericanos desarmados, acusándolos de “apoderarse de la tragedia como consecuencia de disparos de acción de la policía”. Él dice que le resulta ofensivo “utilizar una brocha gorda para acusar a las fuerzas del orden de sesgo implícito o de racismo institucional y que eso realmente tiene que parar”. Él ha dicho que “los agentes de policía son los mejores de nosotros”.

› Pence se opuso a la ayuda del gobierno de Estados Unidos a los trabajadores que perdieron su empleo debido a los acuerdos de libre comercio y ha apoyado todos los programas neoliberales de comercio desde su primer cargo público. Pence fue un defensor vocal del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) hasta que se unió a Trump en esa boleta, y ahora afirma estar valorando la “sabiduría” del acuerdo.

Ha votado en contra del salario igualitario

Entre algunas de las medidas progresistas llevada a cabo por la administración Obama encontramos la Lilly Ledbetter Fair Pay Act. Una ley aprobada en 2009 que toma el nombre de una mujer que luchó durante años para que le pagaran lo mismo que a sus compañeros de trabajo y que consiguió que el gobierno garantizara que todo el mundo que realiza las mismas tareas reciba el mismo salario independientemente de su sexo, raza, religión u orientación sexual. Una ley de lo más lógica, ¿verdad? Para Mike Pence no. Es más, durante el proceso de aprobación, el futuro vicepresidente votó varias veces en contra y, de paso, también de subir el salario mínimo

El vicepresidente apuesta por las políticas tradicionales de su partido. Recortes de impuestos, aumento del gasto militar, apoyo a las intervenciones militares y escepticismo ante el cambio climático. Es conocido por ejemplo un texto suyo de 2001 en el que rechazaba la idea de que el tabaco tuviese las tasas de mortandad que dicen los científicos. Según Pence, no se podía hacer una correlación lo suficientemente grave entre cigarrillos y muertes por cáncer de pulmón u otras enfermedades. Y más importante aún, no se ha retractado de sus comentarios, con lo que, para la vida pública estadounidense, es una forma de comunicar que sigue de acuerdo con esa idea.

Quizá Pence y Trump se parezcan a un maridaje poco común, o sea, entre un fundamentalista religioso y un burdo, reaccionario y descarado sinvergüenza. Lo que los une es su programa fascista, el que según su perspectiva es lo que se necesita para mantener las cosas en marcha para los capitalistas-imperialistas y “hacer que Estados Unidos vuelva a tener grandeza”.

Importantes sectores poderosos de entre los gobernantes de la sociedad estadounidense, durante décadas, han forjado o habilitado a las fuerzas fascistas que Trump y Pence representan. Y hoy, estas fuerzas fascistas están tomando el mando del estado en los Estados Unidos de América.

Mike Pence: abanderado del Ku Klux Klan.

Si lo expuesto pareciera poco, es necesario que el lector conozca que el fanático religioso y homófobo Pence es un hijo predilecto de Columbus, Indiana; nacido en 1959), quien, en caso de falta grave, Impeachment o traición trumpiana a la patria llegaría a ocupar el lugar del magnate (escenario que por cierto no chocaría con las pretensiones del Tea Party).

Un dato poco conocido, incluso en la Unión Americana, es que el Ku Klux Klan prosperó, como en casi ningún otro lugar, en tierra de Mike Pence, afirma un influyente medio de ese Estado.

Esto se debió a un personaje siniestro de la historia norteamericana de la infamia. David Curtis (D.C.) Stephenson (1891-1988) llegó a la cúspide del escalafón de la Triple K. Eso le permitió convertirse en Hombre Indispensable de la administración estatal de Indiana, hace noveintaitantos años. Fue, también, un sádico asesino: el de la joven llamada Madge Oberholtzer (1896-1925).

A pesar de tan repudiable historial, según afirman algunos analistas de la trayectoria del actual Vicepresidente norteamericano, desde muy joven Mike Pence se convirtió en un acérrimo defensor y abanderado de las sanguinarias causas del maléfico klan. Incluso algunos consideran que en sus filas llegó a alcanzar los grados,primero de “Mago”, y luego de “Halcón Vigilante”, por sus grandes méritos como racista y furibundo anticomunista

El Klan, ‘club social’ [sic] en sus orígenes, fue y es un avatar terrorista autóctono -símbolo vergonzoso de la supremacía blanca, con su complemento de rituales, disfraces, ceremonias y jerarquías- y lleva por nombre oficial una triple K mayúscula.

Surge a partir de la derrota sureña en la Guerra de Secesión. Su origen parece combinar vocablos griegos, con delirios seudo celtas adaptados al terruño del resentimiento anglosajón ante la derrota provisional del esclavismo. O puede este título (según Arthur Conan Doyle, en uno de sus cuentos), ser algo tan prosaico como la transcripción onomatopéyica del sonido que hace un arma al momento de ser recargada.

La proyección -a partir de 1915- de Nacimiento de una Nación, filme racista de DW Griffith, aunado a la recomendación entusiasta del presidente Woodrow Wilson, ocasionó que mucha gente se uniera al KKK.

Por ello el diario destaca que no es de extrañar que Mike Pence también lo hiciera años más tardes.

La historia del Klan en Indiana durante la época del hampón (emanado de la Klaverna de Evansville) DC Stephenson conlleva una descripción de su mandato que bien podría trasladarse al perfil del actual Duce gringo que, para desgracia del mundo, hoy ocupa -con su círculo familiar, y la banda de delincuentes de cuello blanco que lo sigue y emula- la Casa Blanca, el centro de operaciones de Trump Tower y la guarida alterna de Mar-a-Lago.

Los antecedentes políticos de Indiana en ese retazo del siglo veinte no son halagüeños. Como fue el caso en varias entidades del sur, los jefes del Ejecutivo rindieron pleitesía a la triple K: sus linchamientos de afroamericanos. Las cruces en llamas. El aplastamiento de los derechos civiles de minorías ‘incómodas’, y la imposibilidad de tener acceso a bienes y servicios fundamentales.

Otra valiosa fuente aclara la importancia de la Triple K en el entorno social, económico y político de Indiana en la década de los años veinte.

No era el mismo Klan en abierta oposición a la Reconstrucción (programa de los Republicanos que buscaba dar oportunidades y protección igualitaria ante la ley a los esclavos recién liberados), y que tuvo sus orígenes al terminar la Guerra Civil. Esa organización desapareció en los años setenta del siglo XIX, cuando el presidente Ulysses S. Grant convenció al Congreso para que éste aprobara leyes aboliéndolo, por ser una organización terrorista (…)

Su segunda encarnación tuvo sus inicios en el Sur a principios del siglo XX. Muy pronto pudo extenderse a la región central de los Estados Unidos, y proclamaba el imperio del patrioterismo, la Prohibición de bebidas alcohólicas y los valores cristianos. También pregonaba la exclusión de migrantes, negros, judíos y católicos (…)

El Ku Klux Klan resucita con la administración Trump.

Después de su descrédito nacional por varios repugnantes crímenes, el KKK tuvo una desbandada que duró varios años.

Sin embargo, bajo Trump volvió por sus fueros. Si bien es cierto que sus filas están menguadas, el Kukluxklanismo pervive en aspectos preocupantes, y se amolda hoy a los cambios en los corredores del poder.

Sus seguidores no sólo acosan en la actualidad a los afronorteamericanos, sino también a cuanto latino les parezca sospechoso de discrepar con las reaccionarias ideas de Trump o Pence.

Ahora, el torcido espíritu de la triple K, el Mal radical que representa ocupa con Mike Pence (quizá como nunca antes en su historia) sitios centrales en la discusión y política públicas que eran inconcebibles hace apenas unos meses; si acaso, dos años.

El siniestro Vicepresidente es un furibundo racista. No es casuales por ello que Pence sea un firme defensor de los programas Stop-and-Frisk (detención y registro), que en Nueva York fueron usados de forma abrumadora en contra de la gente de color. “Tienen una base constitucional sólida”, dijo Pence, quien añadió que quería que la práctica se extendiera a todo el país, ¡pues a los afros hay que tenerlos en un puño de hierro!, subray´ó.

Recapitulando: hoy los sótanos ideológicos del fenómeno Trump y su ‘nacionalismo económico’ (o lo que ello signifique) intentan reivindicar las cruces en llamas y los linchamientos, los sectores de la población invisibles, y permanente amedrentados, el nulo o limitado acceso a servicios, y derechos humanos cercenados por cortesía de aquellos compañeros de viaje o simpatizantes Klanescos de Mike Pence.

Una prueba reciente de ello es el brutal asesinato en Georgia por dos racistas blancos, un expolicía y su hijo, de un joven negro que corría en la calle haciendo deportes. Lo peor es que muchos admiradores de Trump y Pence apoyan a los agresores y exigen que no sean juzgados. Para ellos, todo negro que corra en la calle ¡debe ser liquidado!.

Algunos optimistas consideran que los tiempos cambian y lo esencial muta. Pero -en cierto sentido la vida demuestra que en lo que se refiere al racismo en EE.UU las peores tradiciones tienden a permanecer. Hoy el KKK, o una variación similar a la que operó DC Stephenson en contraste con la Casa Matriz, opera en el entorno de la contabilidad anecdótica (de verdadero terror) del Trumpismo.

¡Tales son a grandes rasgos las “cualidades y los méritos” que le facilitaron a Mike Pence ser electo vicepresidente del Imperio!. 

Cuánto poder tiene Pence actualmente es una pregunta que genera diferentes respuestas.

Chad Griffin, presidente de Human Rights Campaign, una organización defensora de los derechos ciudadanos, sostuvo que es «no sólo el más poderoso vicepresidente

de la historia, sino el menos escudriñado».

D’Antonio señala que «quizá sea el más poderoso en asuntos domésticos» y señala que su mano se vio en las nominaciones de dos jueces conservadores que Trump hizo para la Corte Suprema de Justicia, así como en designaciones judiciales de menor nivel.

Mike Pence contra Cuba , Venezuela y Nicaragua.

De las siniestras intenciones hacia Cuba y Venezuela que pueblan la retorcida mente de Mike Pence, ya hemos tenido suficientes pruebas que demuestran su naturaleza fascista.

Entre ellas, propiciar la persecución en los mares de los buques que transportan petróleo venezolano hacia Cuba, así como cuantas operaciones bancarias con nuestropaís pueden impedir, para reforzar el genocida bloqueo que intenta matar de hambre a nuestro pueblo.   

Como al parecer todavía el señor vicepresidente del Imperio yanqui no ha aprendido la lección de que ¡con Cuba no se meta!, arremete constantemente contra nuestro país, Venezuela y Nicaragua, muchas veces desde la sede de la despretigiada OEA en Washington.

Así por ejemplo, en franca injerencia en los asuntos internos de Venezuela, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, aseguró hace poco en el Consejo de Seguridad de la ONU que seguirán adoptando sanciones contra ese país. Hemos implementado fuertes medidas y sanciones contra Venezuela y todavía podemos ser mucho más severos, amenazó.

A través de groseras intervenciones de este tipo, EEUU pretende encontrar una justificación para aplicar viejas recetas con las cuales, durante décadas, limitó el desarrollo de nuestro continente y puso impedimentos para la independencia de las naciones de la región, y se opone a los países y gobiernos que aplican políticas públicas en beneficio de la población y no satisfacen los intereses y ambiciones del imperialismo».

Lo que ha hecho Estados Unidos en la práctica es recordar a los latinoamericanos  «que la Doctrina Monroe está tan vigente hoy, como lo estuvo siempre».

Ahora, el objetivo de Mike Pence al igual que el de Trump, es restablecer la dominación imperialista, destruir las soberanías nacionales con intervenciones no convencionales, derribar a los gobiernos populares, revertir las conquistas sociales y reinstaurar, a escala continental, el neoliberalismo salvaje.

Es sintomático que algunos medios informativos comienzan a vincular directamente a Mike Pence con la organización directa del frustrado ataque mercenario a la hermana República Bolivariana de Venezuela, lo que no es de extrañar, pues es innegable la autoría de la Casa Blanca en esta agresión terrorista. 

En lo que respecta a nuestro país, es conveniente recordarle a este tenebroso abanderado del Ku Klux Klan que Cuba no aceptará amenazas ni chantaje del gobierno de los Estados Unidos. No desea la confrontación, pero no negociará nada de sus asuntos internos, ni cederá un milímetro en sus principios. En defensa de la independencia, la Revolución y el Socialismo, el pueblo cubano ha derramado su sangre, asumido extraordinarios sacrificios y los mayores riesgos”.

Los fascistas de la Casa Blanca, deben tener presente que Cuba dejó de ser una neocolonia yanqui el 1 de enero de 1959, y que en Playa Girón, ¡quedaron enterrados para siempre los sueños norteamericanos de devolvernos a ese triste pasado!.

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