Caricatura que denuncia el cruel bloqueo impuesto a Cuba por el gobierno de los Estados Unidos de América y recrudecido por el actual presidente Donald Trump. 1 de noviembre de 2017. ACN CARICATURA/ Osvaldo GUTIÉRREZ GÓMEZ/ogm

Recientemente el Gobierno de Estados Unidos ha vuelto a incluir a Cuba en una denominada “lista de países que no colaboran con la lucha contra el terrorismo”, situación que ha ocurrido anteriormente, como si fuera una condición que se “gana” o se “pierde” de acuerdo con el comportamiento de las naciones que el imperio decida calificar.

Ahora, después que el Gobierno cubano protestara con todo el derecho que le asiste como representante de una nación libre, independiente y soberana, por el ataque armado contra su embajada en Washington el pasado 30 de abril, Cuba vuelve a ser incluida en esta lista en la que nunca aparecen el Gobierno estadounidense ni su aliado Israel, ni se hace mención a sus agencias de subversión y espionaje, principalmente a la Agencia Central de Inteligencia tan vinculada a los principales grupos terroristas anticubanos existentes en la Florida.

Ante esta situación cabe preguntarse, quién otorgó al Gobierno estadounidense la prerrogativa de concebir este tipo de listados, cuando ha mantenido durante años campamentos de entrenamiento de terroristas en diversos rincones del mundo, es responsable de centros clandestinos de la CIA en su propio país, dispone de cárceles secretas en naciones de Asia, África, Europa y Medio Oriente, ha bombardeado indiscriminadamente ciudades en países como Irak, Libia, Afganistán y Siria, y todavía no ha decidido qué hacer con los prisioneros que mantiene hace más de quince años, en un centro de detención existente dentro de la ilegal Base Naval en Guantánamo.

Cuba ha sido objeto de agresiones procedentes de bases de entrenamiento de la CIA en la Florida y Centroamérica.  Recordar los campamentos que funcionaron para entrenar mercenarios y terroristas de origen cubano en la Isla Ussepa y en los Everglades, de la Florida, y en la finca Retalhuleu, de Guatemala. No olvidar que desde la Estación JM/WAVE de la CIA en Miami y desde su Base Naval en Guantánamo, grupos armados llevaron a cabo numerosas operaciones clandestinas contra objetivos en territorio cubano con el fin de fomentar y abastecer organizaciones contrarrevolucionarias, ejecutar planes de asesinato contra los principales dirigentes de la Revolución cubana, conformar redes clandestinas para realizar espionaje, ejecutar sabotajes contra objetivos económicos y sociales, y fomentar bandas terroristas de alzados, que entre 1960 y 1965, cometieron 196 crímenes en llanos y montañas (incluyendo maestros voluntarios, brigadistas alfabetizadores, campesinos, trabajadores agrícolas, ancianos, mujeres y niños), quemaron escuelas rurales, viviendas campesinas y tiendas del pueblo, y causaron innumerables daños materiales en diferentes objetivos de la economía agropecuaria.

A pesar de estas agresiones, desde 1963 hasta nuestros días Cuba ha mantenido decenas de miles de médicos, enfermeros, técnicos, profesores y maestros llevando instrucción y salud a naciones de Europa, Asia, África, América Latina y el Caribe, lo cual ha sido reconocido por la comunidad internacional en reiteradas ocasiones. El ejemplo más fehaciente es nuestra Brigada Henry Reeve, integrada por médicos y enfermeras —hombres y mujeres de nuestro pueblo— que en años anteriores a riesgo de sus vidas libraron una exitosa campaña contra el ébola en África, y ahora en el 2020 protagonizan otra contienda similar contra la covid-19 en varios continentes.

Cuba, una nación pequeña, subdesarrollada, que no posee grandes recursos naturales y que además ha vivido durante seis décadas agredida y bloqueada económica, comercial y financieramente por la potencia industrial más desarrollada del planeta, ha sido capaz de garantizar atención médica y educación gratuitas a su pueblo, pero al mismo tiempo ha ofrecido innumerables consultas médicas, cientos de miles de intervenciones quirúrgicas para salvar vidas o devolver la visión a ciudadanos de pocos ingresos, y ha enseñado a leer y escribir a millones de personas en varios continentes.

Incluir a Cuba en la “lista de países que no colaboran con la lucha contra el terrorismo” es otro acto de injusticia del Gobierno estadounidense contra nuestro pueblo, y una ofensa contra los pueblos que agradecen nuestra colaboración, contra aquellos países que en la ONU votan cada año en aplastante mayoría contra el bloqueo a Cuba, y contra los que consideran que Cuba es una nación que practica la verdadera solidaridad.

Memoria invencible

En la actual coyuntura internacional se impone una vez más la necesidad de recordar las agresiones terroristas fraguadas, financiadas y dirigidas desde el territorio estadounidense por organizaciones anticubanas bajo la dirección y el control de la CIA, contra objetivos económicos y sociales en nuestro país y contra nuestras representaciones en el exterior.

Nuestro servicio exterior cuenta con una decena de funcionarios que han perdido la vida a causa de actos terroristas.[1] De acuerdo a nuestras investigaciones podemos asegurar que se han realizado unos 95 ataques contra embajadas y alrededor de 30 contra consulados cubanos, en muchas ocasiones utilizando explosivos y armas de fuego. Se han producido alrededor de 17 agresiones contra la misión de Cuba en la ONU, y unos 43 diplomáticos cubanos en diferentes latitudes han sido agredidos. También han sido agredidas unas 28 delegaciones de instituciones culturales cubanas en el exterior, unas 24 oficinas de agencias de viajes vinculadas a Cuba, 27 delegaciones deportivas cubanas, 18 delegaciones artísticas, alrededor de 9 agresiones contra oficinas de Cubana de Aviación, 7 agresiones contra delegaciones cubanas en eventos internacionales y otras 7 contra oficinas comerciales. Disponemos de más datos, pero estos son suficientes para demostrar que en realidad Cuba ha sido una de las naciones que más ha sufrido a causa del terrorismo.

¿Quién va a explicar a los hijos y los nietos de Artaigñán Díaz Díaz que el Gobierno de Estados Unidos no ha hecho nada por sancionar a los autores intelectuales y verdaderos responsables de su asesinato? La viuda de Sergio Pérez Castillo espera conocer algún día qué medida se tomó con el que mandó a colocar la bomba en la oficina comercial de Cuba en Montreal que acabó con la vida de su esposo y dejó a su pequeño hijo huérfano de padre. Lo mismo sucede con los familiares de Jesús Cejas Arias y Crescencio Galañena Hernández, víctimas de la Operación Cóndor que cobró tantas vidas en nuestro hemisferio con la anuencia del Secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger.

En 1974 el terrorista Orlando Bosch Ávila admitió haber enviado libros-bombas a las embajadas de Cuba en Perú, España, Canadá y Argentina. ¿Con qué derecho este señor cometía estos hechos? ¿Quién lo protegía? El Gobierno de Estados Unidos debía hacer un inventario de los terroristas anticubanos que han ejercido impunemente el oficio de matar desde su territorio. Tal vez así puedan incluirse a sí mismos en otra lista, la de los países que han fomentado el terrorismo.

Nuestro pueblo recordará eternamente a los 73 pasajeros sacrificados en plenitud de sus vidas, durante la explosión en pleno vuelo del avión de Cubana de Aviación sobre las costas de Barbados el 6 de octubre de 1976 y no olvidará las palabras pronunciadas por nuestro eterno Comandante en Jefe Fidel Castro ante una enorme concentración popular en la Plaza de la Revolución, en la despedida de duelo de las víctimas cuando expresó:

“En los últimos meses el Gobierno de Estados Unidos, resentido por la contribución de Cuba a la derrota sufrida por los imperialistas y los racistas en África, junto a brutales amenazas de agresión, desató una serie de actividades terroristas contra Cuba. Esa campaña se ha venido intensificando por día y se ha dirigido, fundamentalmente, contra nuestras sedes diplomáticas y nuestras líneas aéreas. […] La CIA ha sido autora de procedimientos delictivos que han estado afectando de modo creciente a la comunidad internacional en los últimos años, […] la CIA inventó la desestabilización de gobiernos extranjeros; la CIA reeditó en el mundo moderno la funesta política de planear e intentar el asesinato de dirigentes de otros estados; la CIA inventó ahora el tenebroso recurso de hacer estallar aviones civiles en pleno vuelo. […] Es necesario que la comunidad mundial tome conciencia de la gravedad que tales hechos implican. […][2]

El 29 de diciembre de 1976, apenas dos meses y medio después del sabotaje al avión cubano el terrorista Guillermo Novo Sampol declaró a la publicación soviética Literatura Gaceta: “Cuando mueren pilotos cubanos, diplomáticos o miembros de sus familias a mí no me causa pena. La muerte de estas personas siempre me alegra”.

Después de esta declaración transcurrieron muchos años en los que estos individuos continuaron sembrando el terror con absoluta impunidad. Inesperadamente, durante los días 12 y el 13 de julio de 1998, el diario The New York Times publicó dos artículos basados en una entrevista realizada al terrorista Luis Posada Carriles quien el primer día declaró: “La CIA nos lo enseñó todo, cómo usar explosivos, cómo matar, hacer bombas… nos entrenaron en actos de sabotaje” y al día siguiente reconoció su participación directa en numerosas acciones subversivas contra Cuba, el apoyo recibido de la organización terrorista Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) y “su vieja relación con las agencias norteamericanas de inteligencia y los órganos encargados de hacer cumplir la ley”.

Por encima de las listas que el Gobierno de Estados Unidos quiera “actualizar” y de las campañas mediáticas desatadas con falsas acusaciones, se encuentra la memoria invencible de nuestro pueblo, que no olvida las víctimas del terrorismo contra Cuba y conoce muy bien quiénes son los verdaderos terroristas.


[1] Juan de Dios Mulén Quirós, Enrique Valdés Morgado, Sergio Pérez Castillo, Adriana Corcho Calleja, Efrén Monteagudo Rodríguez, Crescencio Galañena Hernández, Jesús Cejas Arias, Félix García Rodríguez, Mario García Incháustegui y Gladys Delgado Ortiz, entre otros.

[2] Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, el 15 de octubre de 1976, en la Plaza de la Revolución durante el acto de despedida de duelo de las víctimas de la aeronave civil de Cubana de Aviación destruida en pleno vuelo el 6 de octubre anterior.

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