Mientras músicos de todas partes del mundo asisten en Cuba a festivales como el de la Salsa y el Jazz Plaza, en Miami no pasan de 20 los artistas comprometidos con el «concierto anticomunista». Foto: Dunia Álvarez Palacios

Si no fuera por los turbios intereses que se mueven detrás del proyecto –una mezcla de politiquería y farandulerismo–, la convocatoria en Miami al primer «concierto anticomunista» para el próximo mes de abril no merecería siquiera una línea; tan patético y ridículo resulta el llamado de sus organizadores. Ni al mismísimo senador Joseph McCarthy, paladín del anticomunismo y la cacería de brujas hacia la medianía del siglo pasado, se le ocurrió algo semejante.

Cantar en apoyo a una supuesta «resistencia» contra la Revolución Cubana y afirmar que esta «ha ido creciendo» califica como una típica fake news (noticia falsa) destinada a atraer a incautos o a satisfacer las demandas de un círculo que medra desde hace más de medio siglo en el sur de la Florida, con el estímulo y la anuencia de un sector político en Estados Unidos.

Las evidencias saltan a la vista. El alcalde de Miami, Francis Suárez, cedió gustoso el local a una organización llamada Directorio Democrático Cubano (DDC), que cobrará la entrada al centro James L. Knight a no menos de 54 dólares, fondos de los que se apropiará el grupúsculo para cubrir gastos operativos, sostener al Directorio y financiar a un aparato denominado Justicia Cuba, cuyos fines legales no están muy claros que digamos.

Suárez, el cabecilla del DDC, Orlando Gutiérrez y los directivos de Justicia Cuba se han puesto de acuerdo en lo que parece a todas luces una maquinación fraudulenta para llenar sus arcas y, a la vez, insuflar en la opinión pública de allá la idea de que la sociedad cubana se halla en estado crítico terminal y justificar el recrudecimiento de las medidas adoptadas por la actual administración estadounidense contra quienes habitamos en el archipiélago.

Gutiérrez es un personaje asociado al terrorismo. Hace tres años intentó alentar sabotajes contra el transporte público y el orden institucional. Sembrar el caos social ha sido siempre uno de sus objetivos, obviamente fallidos. El año pasado llamó abiertamente a boicotear el referendo constitucional. Ante los reiterados fracasos de sus gestiones anticubanas –por las que no ha dejado de cobrar– en fecha no muy lejana aspiró a internacionalizar su escalada y se hizo recibir por Jair Bolsonaro, poco antes de que este asumiera la presidencia de Brasil y diera un giro de 180 grados en las relaciones entre el país sudamericano y la nación antillana. En octubre de 2019 escenificó un ataque de nervios para repudiar la visita del Rey de España a La Habana.

Detrás de Justicia Cuba se halla el abogado mexicano René Bolio, íntimo de Luis Almagro en la Organización de Estados Americanos. El sujeto se ha convertido en un experto en procurar fondos bajo el pretexto de contratar colegas que lo ayuden en abrir causas internacionales a personalidades cubanas. Entre reuniones de duración bizantina, redacción de abultados sumarios e inútiles cabildeos se han gastado la plata que reciben y recaudan. Con el concierto esperan engrosar caudales.

No pasan de 20 los artistas comprometidos con el concierto donde Cuba no es el único blanco; también la movida apunta a Nicaragua y Venezuela. Pero la cuestión no está en los números. Pocos de los confabulados exhiben una ejecutoria artística respetable. Apenas dos o tres son conocidos fuera del ámbito miamense. Ninguno puede blasonar de poseer siquiera una mediana estatura moral.

Unos y otros han declarado el deseo de hacer historia. La harán, no caben dudas, porque históricos serán la desafinación y el descalabro.

Tomado del Diario Granma

Dejar respuesta

¡Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí