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Marco Rubio, o el «balserito», como le llamara despectivamente Donald Trump durante la batalla por la candidatura presidencial republicana para las elecciones de 2016, es el clásico «golden boy» que hace una carrera meteórica desde un cargo menor como legislador, hasta las «alturas» del Partido Republicano.

Más allá de las burlas, chascarrillos y traspiés que le propinó Trump durante la campaña, y los «golpes» que el joven aspirante le devolvió –Rubio hizo comentarios acerca del magnate, tan soeces como la ética que los caracteriza–, el protegido del lobby anticubano en Miami se ha convertido en un tipo muy cercano al Presidente.

Juntos han recorrido un largo trecho, en una complicidad que, al inicio, resultó extraña para mucha gente. La amistad, marcada por profundos intereses del poder real, no asombra ya a nadie. El showman del caos utiliza a Marquitos y Marquitos se vale de él.

Marco Rubio se construyó una leyenda de familia que escapó del «infierno castrista»; sin embargo, él nació en 1971 en Estados Unidos y es hijo de inmigrantes cubanos que se marcharon del país antes del triunfo de la Revolución.

El canal Univisión sacó a la luz, en 2011, aspectos que Rubio habría querido mantener en secreto. Un cuñado de Rubio, Orlando Cicilia, fue acusado de «conspiración para distribuir cocaína y marihuana», y condenado a 25 años.

La hermana y el cuñado de Rubio trabajaban para el narcotraficante cubanoamericano Mario Tabraue, acusado de matar y desmembrar el cuerpo de un informante de la policía.

Estrechamente conectado con la Asociación Nacional del Rifle, el senador mantiene, además, íntimos vínculos con el mundo del mercenariato corporativo, a través de Betsy DeVos, empresaria y política estadounidense, actual Secretaria de Educación de Estados Unidos, hermana de Erick Prince, el ex Navy Seal fundador de la contratista Blackwater.

Conocido como «el mercenario más famoso del mundo», Prince estuvo vinculado a un plan para derrocar a Maduro en diciembre de 2019. Era una operación relámpago, un grupo entraría al Palacio de Miraflores para acabar con el mandatario y con su círculo más cercano. Toda la operación costaría 40 millones de dólares. Cualquier parecido con la operación Gedeón, no es simple coincidencia.

Amigo estrechísimo de Álvaro Uribe y miembro del círculo de contactos del narcoparamilitarismo colombiano, el senador Marco Rubio, flamante presidente interino del Comité Selecto de Inteligencia del Senado, es un tipo bien conectado; con relaciones peligrosas que retratan su verdadera calaña.

Granma

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