Para los Estados Unidos no valen 62 años de fracasos en sus intentos por destruir a la Revolución cubana, pues no soportan que a solo 90 millas exista una pequeña nación que resiste unida los embates imperiales y desafíe cientos de acciones terroristas y subversivas, incluidos planes de asesinato a sus principales líderes; por eso insisten en sus propósitos y malgastan millones de dólares, sin darle una explicación al pueblo norteamericano. 

En los últimos tiempos han tenido que recurrir a personas de baja catadura moral para que realicen el trabajo sucio, porque ya no encuentran otros lacayos que lo hagan, debido a que los cubanos saben lo que se juegan en una Cuba nuevamente anexada a los yanquis. Ahí están los casos de José Daniel Ferrer y José Manuel Otero Alcántara, que con solo verlos en las redes sociales se sacan conclusiones de las razones por las cuales no tienen seguidores.

A esa verdad llegó rápidamente Jonathan Farrar, cuando tuvo la oportunidad de tocar directamente con sus manos, a la llamada “oposición cubana”, mientras dirigía la misión diplomática de su país en La Habana. Por eso alertó a la CIA y al Departamento de Estado, pero nadie lo escuchó porque ese negocio deja demasiado dinero para abandonarlo.

Ferrar, en sus informes secretos del 2009 decía:

Vemos poca evidencia de que las organizaciones disidentes principales tengan mucho impacto en los cubanos de a pie”. “Pese a sus afirmaciones de que representan a miles de cubanos, nosotros vemos muy pocas evidencias de ese apoyo”. “Más bien dirigen sus mayores esfuerzos a obtener recursos suficientes para solventar sus necesidades”.

Nada ha cambiado, todo sigue igual transcurridos más de 10 años.

Ahora, los oficiales de la CIA y especialistas del Departamento de Estado, desempolvan viejos planes de hace 30 años para ver si logran algún resultado, al suponer que hoy los jóvenes cubanos tienen menos compromiso con el proceso revolucionario, como si no supieran la situación que vivieron sus abuelos antes de 1959, cuando el analfabetismo, el desempleo, enfermedades, desigualdad social y la represión de la tiranía, imperaban en la Isla.

Entre los viejos planes que pretenden revivir está el manipulado tema migratorio y de ahí que sueñen con provocar una crisis parecida al llamado “maleconazo” de 1994, protagonizada por elementos con actitudes delincuenciales, muy similares a la composición social actual del grupúsculo San Isidro y por eso el cierre del consulado yanqui en La Habana, bajo el pretexto diseñado por la CIA de los falsos ruidos.

En el acuerdo migratorio alcanzado en 1995, posterior a la crisis del “maleconazo” y las salidas ilegales masivas, Estados Unidos se comprometió a otorgar no menos de 20 mil visas anuales para los cubanos y de esa forma se reguló el flujo migratorio legal, pero desde que asumió la presidencia Donald Trump, influenciado por la mafia terrorista anticubana de Miami, ese acuerdo no se cumple.

Una simple lectura de los datos indica que los yanquis, al parecer, quieren provocar otra oleada ilegal, que les posibilite una respuesta militar contra Cuba como contemplan sus planes, pues según cifras oficiales durante la primera mitad del año fiscal 2021, iniciado el pasado 1ro de octubre 2020, Estados Unidos solo otorgó un total de mil 249 visas de inmigrantes y 438 visitas temporales. El anterior año también incumplió dicho acuerdo.

Las solicitudes de reunificación familiar pendientes de concluir, suman miles y las visas de visita temporal no se tramitan a causa del cierre del consulado en La Habana y el de Guyana, país al que tenían que viajar los cubanos para realizar todos sus trámites, lo cual aumenta la presión interna en la isla, pero los cubanos saben que el único responsable es el gobierno yanqui.

Desde hace años Cuba aprobó una nueva política migratoria, suspendió la exigencia del permiso de salida impuesto por la tiranía de Batista (el 10 de junio de 1954, según disposiciones de la Ley-Decreto No. 1563), la carta de invitación y aumentó a 24 meses la posibilidad de permanecer en el exterior.

Hoy son los Estados Unidos y otras naciones, quienes ponen trabajas a las visas para los cubanos, con requisitos que no exigen en otros países.

Las salidas ilegales de Cuba se incrementan, a pesar de que la política de pies secos-pies mojados, fue derogada por Barack Obama, pero aún está vigente la Ley de Ajuste Cubano que permite ser acogido en Estados Unido, privilegio solo para los cubanos. 

La situación se hace compleja para quienes desean reunificarse con sus familiares residentes en Estados Unidos, como el reciente caso de una cubana que salió ilegalmente de la Isla en una moto acuática, interceptada por el servicio de Guardacostas y deportada a Cuba, según establece el acuerdo vigente. La campaña de prensa en Miami, trató de crear la opinión de que había “huido del comunismo”, según los principios de la Ley de Ajuste Cubano, pero fue devuelta sin reparos, junto a otros 20 balseros detenidos por las autoridades yanquis.

Solo la mafia anticubana se beneficia con el incumplimiento del acuerdo migratorio porque, al mantener su hostilidad, continúa recibiendo los millones de dólares aprobados anualmente por el Congreso, para las acciones contra Cuba. Por eso el senador Marco Rubio y otros 15 senadores con posiciones anticubanas, presentaron en días pasados, un proyecto de ley encaminado a indemnizar a funcionarios estadounidenses que han padecido el inventado “Síndrome de La Habana”, con el fin de impedir la reapertura del consulado y el funcionamiento habitual de la embajada.

El tema de marras, que no han podido demostrar por ser un plan fabricado por la CIA, persigue el propósito de no dejar morir el tema para continuar el congelamiento de las relaciones diplomáticas y mantener las 243 sanciones impuestas por Trump para contentar a la mafia anticubana.

Sin dar tregua a su odio, los senadores Marco Rubio y el corrupto Bob Menéndez, acaban de presentar otro proyecto de ley bipartidista para impedir que las cortes estadounidenses reconozcan marcas comerciales cubanas, confiscadas legalmente por el gobierno revolucionario a la burguesía, en su afán por reforzar la guerra económica y comercial que pretende matar de hambre al pueblo de Cuba.

Pero nada podrá cambiar el curso de la Revolución, porque como aseguró José Martí:

“Las verdades reales son los hechos”

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