Los mecanismos imperialistas para apoderarse de una nación son diversos. Entre ellos:

-la vía violenta a través de la invasión armada

-la acción cruenta del derrocamiento

-el camino agresivo del debilitamiento ejecutivo-legislativo-judicial, junto a una táctica económica soterrada aunque efectiva.

Esta estrategia se da en todo el mundo, especialmente aplicada por las potencias imperiales que no vacilan en utilizar la combinación de todas las formas de lucha.

En la actualidad, los golpes de Estado casi no se realizan mediante cuartelazos y conjuras militares. Lo de Honduras fue una excepción. Ahora los golpistas dirigidos por Washington recurren a procedimientos sofisticados como, por ejemplo, usar los mecanismos de la democracia para destruir el sistema democrático desde dentro y desde arriba.

Desde que el pueblo bolivariano encabezado por Hugo Chávez tomó el poder en Venezuela por medio de una elección popular, lo que ha estado ocurriendo en América Latina es que los golpes de Estado no se realizan contra el poder, sino desde el poder.

Se usan los instrumentos democráticos para destruir la democracia, desvirtuando y retorciendo las leyes, sometiendo y corrompiendo al Poder Judicial y demás instituciones del Estado, reprimiendo a medio gas pero con efectividad a las fuerzas populares, usando la justicia y los mecanismos económicos institucionales como instrumentos de represión y chantaje.

Hoy, producto de esta criminal estrategia, Latinoamérica sufre un embate especial, pues está en la necesidad de pacificar el continente y respetar la soberanía de sus integrantes, aunque los gobiernos de ultraderecha continúan en una actitud genuflexa y vasalla ante el imperialismo norteamericano.

Lo anterior ha traído un nivel alto de politización en varios países, en los que se desea elaborar caminos autónomos para recuperar sus riquezas básicas, construir proyectos comunitarios e invertir socialmente, criterios que están en contravía del sistema neoliberal y las élites que lo respaldan. 

Esto indica que, actualmente y dada la fortaleza que adquiere una cosmovisión más ligada a las prácticas libertarias, la Corporatocracia ha debido emplearse a fondo analizando la realidad nacional de cada uno de los integrantes de este continente para saber cómo aplicar todas las formas fascistas de lucha existentes: en particular se destaca la táctica parlamentaria comunicacional.

Este nuevo concepto imbrica dos factores que usualmente no se ligan directamente y a los cuales hay que poner una atención privilegiada, pues sin uno de ellos es imposible que se produzca el otro.

Son el aspecto político legislativo y la propaganda comunicacional.

En esta dirección, la estrategia del golpe de Estado moderno consta de 6 elementos fundamentales:

1-Debilitar al gobierno vigente

Se establece una estructura intensiva para destruir su credibilidad y, a su vez, la economía. Para ello se inyectan miles de millones de dólares, dinero que poseen las grandes empresas corporativas, con el fin de debilitar la moneda nacional, aumentar la inflación, disminuir el abastecimiento, provocar las colas como un símbolo de la crisis imparable y reflejo de la imagen de un gobierno desastroso. O en su defecto, insistir en que es una administración al servicio de los marginados y en contra de las clases medias.

2-Acciones de financiamiento

El capital se entrega a manos llenas para incrementar la propaganda opositora, financiar a los empresarios que manejan la producción o comercio de productos alimenticios de primera necesidad, incluidos los tecnológicos, financiando la actividad de partidos, organizaciones, desarrollo de la protesta, junto a una vinculación directa a la banca multinacional.

3-Medios de comunicación.

Se asume que el impacto propagandístico afecta la conciencia, aprovechando que la empresa particular posee como mínimo en espacio y propiedad más del 82% en América Latina, lo que le permite un espectro que garantiza su mensaje persuasivo, de oscurecimiento y propaganda.

En Chile, por ejemplo, con un gobierno neoliberal-social con propuestas tímidas en lo ciudadano, la potencialidad comunicativa es impresionante con medios en  un porcentaje que sube al 99%, pues la oposición de izquierda sólo tiene una mínima audiencia y no posee acceso a la prensa, radio ni televisión, excepto en tanto posibilidad fugaz.

Estas características permiten trabajar con el silencio y la desinformación, lo que amplía internacionalmente una matriz de opinión contraria casi absoluta hacia gobiernos soberanistas, especialmente al desconocerse la realidad internacional.

4. Infiltración en las Fuerzas Armadas

Se construye un vínculo armado que defienda el golpe parlamentario, ya que es posible una movilización social de envergadura para defender conquistas sociales. Este convenio incluye eliminar sin contemplación a toda persona o líder considerado revoltoso, frustrado, de izquierda, librepensador o comunista, incluidos niños, ancianos, mujeres, u otros.

Este es un tema recurrente que no ha sido analizado en profundidad actualmente y que parecía secundario aunque nuevamente adquiere la dimensión que posee en cuanto poder de disuasión y control.

5. Intervención política interna y externa.

Implica la intromisión en asuntos internos de otros estados a partir de potencias o naciones que sirven de pivote a éstas, para crear la matriz comunicacional que no provoque reacciones si una autoridad legítima es derrocada o destituida.

6. Uso del parlamento

El objetivo es “modificar” el modelo o fomentar desprecio a éste. Se intenta aprovechar mayorías legislativas para derrocar presidentes, como ocurrió en Honduras, Paraguay y Brasil, claras formas ya experimentadas.

En términos analíticos no existen “golpes suaves”, ya que la desestabilización, la violencia, el asesinato producto del sicariato, la generación de caos, el impulso a una imagen de crisis imposible de resolver por el gobierno, son contribuyentes del mismo objetivo golpista formalizado.

La guerra económica basada en el acaparamiento, el mercado negro y los precios prohibitivos a raíz de éste, la especulación y el contrabando, son excelentes creadores de anarquía.

Privatizar la vivienda, salud, educación, transporte, riquezas naturales es la ambición del proyecto propuesto como parte del “cambio de modelo” hacia el sistema neoliberal.

El acoso propagandístico se soporta en la supuesta irresponsabilidad de la oposición de dejar que un presidente “autoritario” termine su mandato, discurso propiciado por dictadores como Pinochet o Videla, postulando cambios del presidente a partir del Parlamento o referendo revocatorio a través de movilización, todo lo cual muestra altos grados de frustración y deseo de venganza para detener los períodos legítimos de mandato.

Cabe mencionar un concepto interesante como lo es la guerra civil de baja intensidad, expuesto por Juan Carlos Romero, quien establece la existencia de una confrontación en un territorio a partir de las esferas mediáticas y virtuales donde una plutocracia tiene además el poder económico-tecnológico despreciando el parlamento.

El objetivo es destruir un sistema organizado de conquistas sociales y soberanía popular.

Sus ideas coinciden con la metodología de los golpes parlamentario-comunicacional en tanto comparte la existencia de un laboratorio de logística conformado por investigadores especializados en el comportamiento social, segmentando a grupos determinados para indagar sus ideales, gustos, preferencias, pulsiones, defensas y rechazos, con el fin de estimular la superficialidad que conviene al sistema funcional y construir las nuevas preferencias por medio de la manipulación de los medios.

De igual modo, para conocer el ideario y conducta de los sectores populares con el fin de enervarlos hasta tal punto que su respuesta conduzca a la represión, detención de ciudadanos, y el uso de la violencia extrema por la fuerza pública. En este sentido no deben olvidarse los intentos realizados en Venezuela como el golpe militar del 2002 y el golpe petrolero del 2003, la agresiva Orden Ejecutiva de los Estados Unidos que califica a Venezuela como “una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y a la política exterior” de la superpotencia, las medidas coercitivas unilaterales, el llamado a un golpe militar contra el Gobierno constitucional de Venezuela, la advertencia del Presidente de los Estados Unidos de utilizar “una posible opción militar”, el intento de magnicidio contra el Presidente constitucional Maduro y la desvergonzada maniobra de entronizar un autoproclamado fantoche como presidente usurpador para justificar una intervención militar.

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